Puede decirse que es la mejor forma de medir la destreza de un gestor y la de su equipo. Representa el peor o mejor comportamiento de un fondo respecto a su índice de referencia. Integrando criterios ESG en nuestro análisis somos capaces de identificar un Alpha que mediante la gestión financiera tradicional no podemos
Análisis extra-financiero, ¿el Alpha del siglo XXI?

La crisis económica y financiera que hemos atravesado esta última década es una crisis de confianza. Es, principalmente, una conjunción de elementos estructurales y coyunturales (globalización de los mercados financieros, financiación de la economía, desequilibrios presupuestarios y comerciales, explosión demográfica, existencia de paraísos fiscales, explosión de la liquidez, innovación financiera, especulación exuberante, crisis del crédito, autorregulación ineficaz y reglamento inadecuado…) ; pero sobre todo se debe a la ausencia de ética en el ámbito de los negocios, es decir, al incumplimiento y no aplicación de buenas prácticas de gobierno en la economía y en particular en las finanzas.

La gestión tradicional de activos se ha basado en prever evoluciones futuras de los valores en función del análisis financiero de sus resultados y balances. Como sabemos, la teoría de mercado eficiente nos indica que el precio de los activos negociados en los mercados financieros refleja toda la información conocida por los miembros del mercado y todas las creencias de los inversores sobre el futuro. Esta hipótesis implica que no es posible lograr de forma consistente superar los resultados del mercado excepto a través de la suerte o de la información privilegiada.

Sin embargo, la experiencia nos muestra que es posible batir consistentemente al mercado si nuestra metodología de inversión es lo suficientemente sólida como para poder identificar patrones que el resto del mercado desconoce, tal y como algunos gestores de reconocido prestigio han logrado a lo largo de los años.

Hasta ahora, únicamente hemos hablado de análisis financiero, pero ¿que ocurriría si pudiéramos incluir a nuestra toma de decisiones un análisis extra-financiero que permitiera tener información complementaria a aquella que nos muestran las cuentas de resultados y los balances? O dicho desde un punto de vista más técnico ¿podemos encontrar una fuente adicional generadora de Alpha más allá del análisis financiero de las compañías?

La gestión ISR (Inversión Socialmente Responsable), lejos de ser una rémora en las rentabilidades, pretende integrar el análisis no financiero dentro del análisis financiero tradicional, a través de tres parámetros: Medio Ambiente, Social y Gobierno Corporativo (ESG por sus siglas en inglés). La ISR es, por excelencia, un instrumento financiero y económico privilegiado, ya que responsabiliza colectivamente al conjunto de los protagonistas de la cadena (inversores, ahorradores, emisores, financieros…). Al generar factores externos positivos (sociales y medioambientales), el planteamiento de la ISR amplía el espectro del análisis de los riesgos y oportunidades de la creación de valor. Si bien a corto plazo no permite apreciar un mejor comportamiento con relación al enfoque tradicional, debido a una diferente medida de los  beneficios a largo plazo (aún por concretar), si que constituye un indicador avanzado en términos de gestión de riesgos y de creación de valor añadido en favor del inversor y de toda la colectividad.

Es decir, integrando criterios ESG en nuestro análisis somos capaces de identificar un Alpha que mediante la gestión financiera tradicional no podemos.

Lo que hemos observado a lo largo del tiempo es una mejora sensible del binomio rentabilidad /riesgo de las inversiones en todo tipo de escenarios, especialmente en entornos de elevada volatilidad.

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