En un mundo con desafíos globales, oportunidades globales y negocios globales, se presume necesario que las responsabilidades de las empresas también sean globales. Igual que el impacto de una compañía no es solo de tipo económico sino también ambiental y social, y no solo repercute en la sociedad civil sino también en otros grupos de interés, el alcance de su impacto no es solo local sino también global.
Responsabilidad Global Corporativa: futuro-presente

Un ejemplo de ello es que el impacto de las emisiones de dióxido de carbono no se experimenta en el mismo punto en el que se emiten sino globalmente. Además, la mayoría de las empresas, hasta las que solamente tiene actividad en el territorio nacional, están de alguna manera internacionalizadas al contar con proveedores establecidos en otros países, por lo que indirectamente también repercuten en un impacto internacional.

La interdependencia de los países es evidente. Los expertos coinciden en que la globalización perdurará a pesar de que sus principales indicadores -como la inversión extranjera directa- presentan un estancamiento en la actualidad como consecuencia de los aún efectos de la crisis, las políticas proteccionistas estadounidenses, la bajada del precio del petróleo, el Brexit, y el euroescepticismo creciente, entre otros. En el otro lado de la balanza se encuentra la recuperación económica, el nuevo acuerdo de libre comercio entre once países de América, Asia y Oceanía, el reciente acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Japón, las negociaciones abiertas para un acuerdo de inversión entre la Unión Europea y China, la apertura de Cuba, e incluso los acuerdos que están negociando Estados Unidos y Reino Unido, entre otros.

Cabe señalar que la globalización conlleva muchos beneficios como mayores eficiencias o ahorro de costes, pero el aumento de la competitividad también incrementa las desigualdades existentes entre los países desarrollados y aquellos menos desarrollados, como los africanos. Por este motivo, Kofi Annan señaló que “para que la globalización sea positiva tiene que suministrar el mismo grado de justicia y equidad social que de prosperidad económica”.

Bien es cierto que los acuerdos anteriormente citados son más bien internacionales o entre varios países que globales. Por ello, cobran aún si cabe mayor importancia los grandes acuerdos a nivel global, que también los hay. A este respecto, pocas veces hemos presenciado un gran consenso mundial con relación a un mismo asunto que con la necesidad de conseguir un desarrollo sostenible. Dicho consenso se instrumentalizó en 2015 a través de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) impulsados por las Naciones Unidas, también conocidos como los Objetivos Globales, y que marcan la Agenda 2030 de desarrollo sostenible. Los ODS se distinguen respecto a sus predecesores -los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)- principalmente por su aplicación universal, ya que los ODM únicamente estaban dirigidos a los países en desarrollo. Asimismo, destaca el papel crucial otorgado a las empresas.

Ban Ki-moon alentó a las empresas de todo el mundo a que “evalúen su impacto, establezcan metas ambiciosas y comuniquen de forma transparente sus resultados”. Hasta ahora, la mayoría de las compañías están centrando sus esfuerzos en analizar y dar a conocer a qué ODS están contribuyendo. Este es un buen primer paso para averiguar el alineamiento existente, reafirmar la dirección tomada por la compañía y publicarlo de forma transparente. Si bien, sería un gran tropiezo quedarse ahí, pues podría entenderse como meramente greenwashing o un lavado de imagen. Para continuar con buen pie, se hace imprescindible contestar a la siguiente pregunta: ¿Qué estrategia está tomando o tomará mi organización para mejorar su contribución a los ODS?

Más de uno respondería que su estrategia ya estaba alineada con alguna de las 169 metas de estos objetivos y por tanto solamente tiene que limitarse a continuar midiendo sus progresos. Esta sería una buena respuesta para salvar el punto, pero no lo suficiente para ganar el partido, pues estaría ignorando un principio fundamental que persigue cualquier objetivo, como es el impulsar la mejora del desempeño como consecuencia del objetivo marcado. Por tanto, aunque de manera involuntaria, se estaría respondiendo que los ODS carecen de utilidad para su compañía y que su futura contribución a los mismos será puramente fortuita.

Claro está que las empresas deberán adaptar los ODS a su realidad y características propias, y que no por contribuir a un mayor número de metas su contribución estará siendo mayor. Lo verdaderamente importante es que la contribución sea efectiva, se potencie la colaboración entre organizaciones y que la suma de todos permita el logro de estos objetivos.

A mediados de julio, conoceremos los avances de España con relación a la Agenda 2030, que serán presentados por primera vez en el Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible. Tras la publicación de la agenda en septiembre de 2015, ya hemos consumido una sexta parte del tiempo total previsto. Por esta razón, es el momento de dar un paso más allá del mero análisis y publicación de la contribución a los ODS hacía la colaboración y la implementación de estrategias, planes y medidas concretas. Todo esto permitirá el cumplimiento de unos objetivos voluntarios para un desarrollo sostenible necesario.   

 

Álvaro Rico Rodríguez

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