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Hace poco escribía sobre Empresas “ruínes”. La afirmación es dura si tenemos en cuenta la definición del adjetivo, Ruín: Que es despreciable por cometer o ser capaz de cometer malas acciones, con falsedad, hipocresía, traición o engaño.

Pero si pensamos en casos como el de Lauki y Dulciora nos damos cuenta de que esta afirmación es verdad. Estas dos fábricas de producción de Valladolid cerrarán en los próximos meses debido a una decisión de las multinacionales que las compraron en su día. Por cierto, también aprovecho la ocasión para felicitar a ambas: Lactalis y Mondeléz International porque con estas brillantes operaciones van a ganar “un poquito más”. Esperemos que sea así, porque al menos, esa es la intención.

Lactalis, una multinacional láctea francesa, cierra Lauki porque dice que la fábrica no es competitiva. Los 85 empleados que llevan trabajando allí años por lo visto no se habían dado cuenta de esto. El caso es que parece que se llevan la producción a otros lugares donde los empleados cobran aún menos y así pueden ser más competitivos. La buena noticia es que Lactalis parece ser coherente, no se ha apuntado ninguna medalla de Responsabilidad Social, ni le preocupa el tema. Lo importante es siempre ganar un poco más.

El caso de Mondeléz International es algo más preocupante, van a realizar una “desinversión” (los eufemismos son siempre muy útiles en estos casos). Vamos, que se van a deshacer de la fábrica vallisoletana y sus 220 empleados (220 familias afectadas). La razón apuntada está más que justificada, cito textualmente: es la apuesta de la compañía por las marcas globales y la búsqueda de eficiencia en su cadena de suministro con el “fin de hacer frente a los desafíos del mercado y adaptarse a las necesidades de los consumidores”. 

Si lo que te importa es hacer frente a los desafíos del mercado no puedes poner en tu página web un maravilloso apartado de Sostenibilidad, llamado Well-being. http://www.mondelezinternational.com/well-being En el que además reconocen como uno de sus pilares  fundamentales a la Comunidad. Aunque no creo que tuvieran en cuenta a la comunidad Castellano Leonesa (debía ser una excepción) “four powerful pillars: Sustainability, Mindful Snacking, Communities, and Safety”.

También afirman escuchar la voz de todas y cada una de las personas que forman la empresa, que dicen ser importantes para ellos. Será que los empleados de la fábrica de Dulciora hablaban muy bajito… “From the top to the bottom, each voice in our business carries great meaning for us”…

Además, tienen muy claro que colaborando con las comunidades generan un impacto muy positivo en la sociedad, en el mundo: “We believe that the path to having a positive impact in the world begins by collaborating with communities”.  El impacto que van a generar despidiendo a 220 personas sin duda será de todo menos positivo. Por eso, cuando leo que tienen una Fundación y apoyan a comunidades en Brasil y en Rusia, me parece absolutamente incoherente. Lo primero señores es ponerse el traje de la coherencia. Crear valor y beneficio compartido en la sociedad no es hacer fundaciones, ni donaciones, si no hacer las cosas bien. Pensar en las personas de verdad. Los empleados de la fábrica propiedad de Mondeléz en Valladolid van a sufrir las consecuencias de una acción que firmaría el mismo Milton Friedman: “la única Responsabilidad social de una empresa es aumentar su beneficio económico”. Pero entonces por favor, no lo disfracen de otra cosa.

Tanto Lactalis como Mondeléz podían haber convertido estas situaciones en una oportunidad, una oportunidad de crear valor para su empresa y sus personas, pensando en el largo plazo, haciendo una apuesta por las personas, innovando, invirtiendo, buscando soluciones que beneficiaran a todos. Pero han optado por el camino de los resultados a corto plazo.

El presidente de otra empresa Castellano Leonesa pretendía solidarizarse con los empleados de estas fábricas diciendo que hay que “Asumir la realidad y no hacer pesimismo social”. Disculpe que no esté de acuerdo con su discurso, creo que el verdadero problema es que sigamos asumiendo esta realidad y contemplando este tipo de hechos como normales, y que otras empresas como la suya, tampoco se escandalicen.

Todos tenemos que actuar para cambiar esta situación y exigir a las empresas un comportamiento digno y responsable desde nuestro papel en la sociedad: como empresarios, como clientes, como inversores y como consumidores. Estas empresas ruínes deberían dejar de existir.

 

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OpiniónEmpresasBuen Gobierno

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