Este artículo analiza algunos de los aspectos de carácter doctrinal aparecidos en el “Informe Contribución y transparencia. Informe de transparencia sobre la responsabilidad fiscal de las empresas del Ibex 35” publicado por la Fundación Compromiso y Transparencia, que estudia la información que publican las empresas del Ibex sobre su fiscalidad en las páginas web.
Las grandes corporaciones suelen ser criticadas porque desarrollan políticas de planificación fiscal agresivas aprovechando las lagunas legales existentes en la normativa española y la falta de armonización de la normativa internacional.
Esta situación, adquiere una dimensión y resonancia aun mayor en una situación de crisis económica que está exigiendo a todos los actores sociales un gran esfuerzo para contribuir al sostenimiento de los servicios básicos. Es en este contexto donde la corporación y/o la empresa deben hacer valer su rol de agente social.
La rendición de cuentas de cómo las corporaciones y empresas participan equitativa y lealmente en la asunción de sus obligaciones fiscales adquiere, en este contexto, un especial interés. ¿Se trata, simplemente, de un asunto a incluir en la agenda del departamento de Responsabilidad Social de la empresa o es algo diferente? En cualquier caso, el reto afecta a la credibilidad y sostenibilidad de la organización. No se puede desde una misma corporación o empresa lanzar un mensaje de comportamiento responsable para con la sociedad y, al mismo tiempo, aprovechar los resquicios legales para eludir su contribución tributaria a la misma.
Asumir el concepto de Responsabilidad Social Corporativa y/o Empresarial no debería limitarse a crear en la entidad una sección o un departamento dedicado a este ámbito. Si así lo fuese, desde dicha entidad, se estaría asumiendo un concepto de la RSC/E que atiende a una concepción marcadamente restrictiva. Así, una empresa que cumpla con la ley a “raja tabla” pero aprovechando sus resquicios o lagunas, para así arañar beneficios, podría ser una empresa socialmente responsable, ya que la RSC/E implica que la empresa active acciones “más allá” de la ley.
La RSC/E debe embeberse dentro del núcleo de la misma y formar parte de sus valores y de todas sus actuaciones. En ningún caso puede entenderse como un departamento impermeable. Por ello, lo que estamos analizando, más que un asunto de RSC/E debe tratarse como un asunto de Ética empresarial, esto es, la empresa como agente social, además, debe “participar en el sostenimiento de la sociedad en la que se integra”.
El Informe hace una interesantísima reflexión sobre el papel que juegan las empresas auditoras y despachos de abogados que asesoran a las corporaciones y empresas. Muchas de ellas no hacen otra cosa que utilizar, como carta de presentación, la prestación de servicios para ayudar a dichas organizaciones a acudir a los resquicios legales para rebajar la carga impositiva, en contra de los grupos sociales y de la ética empresarial sin llegar a prácticas ilícitas pero sí rozando delgadas líneas rojas. Este modus operandi de las empresas auditoras hacen que, la mayoría de ellas, gocen de una merecida mala reputación.
El Informe hace mención a las conocidas como “Big Four” o las “Cuatro Grandes”. Este ecosistema auditor formado por Deloitte, PwC, Erns & Young y KPMG tiene como hilo conductor el centrar sus esfuerzos en mostrar que sus organizaciones son modelos a seguir en lo que a Responsabilidad Social se refiere. Por otro lado - de ahí su doble moral - la principal creación de valor de éstas, y otras de corte similar pero distinta magnitud, estriba en gestionar y diseñar fórmulas agresivas para que sus clientes puedan ejecutar mecanismos contrarios a la Responsabilidad Fiscal diseñando productos y estructuras que aligeran las obligaciones tributarias de las organizaciones.
Uno de los principales requerimientos que se les hace a estas empresas auditoras y despachos de abogados asesores es que asuman que la principal creación de valor debería radicar en la incorporación de principios y valores éticos en sus servicios para que sus clientes, las grandes compañías y empresas, cumplieran con su compromiso hacia la sociedad y así, de este modo, sirvieran como modelos y tutores de un ejercicio sano de fiscalidad empresarial.
El objeto del informe se sustenta en determinar como, las corporaciones / empresas han de informar sobre su Responsabilidad Fiscal. Esta labor informativa debe ser “transparente”, yendo más allá de proporcionar simplemente información sobre la cantidad total de dinero que aportan al erario público. De este modo, la Responsabilidad Fiscal de la Corporación/ Empresa debe embeber a toda la organización, no quedándose meramente en el dato, debiendo estar presente tanto en los valores como en la estrategia, los códigos de conducta, etcétera. Todo ello impulsado, internamente, mediante un conjunto de políticas y buenas prácticas.
Una de las pretensiones más importantes y ambiciosas de este Informe es la estandarización de criterios informativos sobre la Responsabilidad Fiscal de la Corporación/Empresa mediante un sistema de indicadores. Se trata de generar competencia y actuar a modo de incentivo para que las organizaciones progresen y sean más transparentes. La transparencia debe ser una disciplina abierta, de forma constante a nuevos desafíos, además, aquellas Corporaciones/Empresas que demuestren un compromiso real con ella, abrirán un camino frente al resto; en todo caso, estará íntimamente ligada con la Responsabilidad Fiscal Empresarial. De este modo, una empresa Socialmente Responsable, será transparente en cuantos aspectos le sea posible, entre ellos en el ámbito fiscal, asumiendo así un comportamiento fiscal responsable. Por otro lado, la aplicación de la transparencia a la fiscalidad empresarial, implica ser una organización Responsable Fiscalmente al no acudir a los resquicios legales en dicha materia comprometiéndose a esforzarse, como agente social, a la contribución del sostenimiento de los servicios básicos.
La Responsabilidad Fiscal es un concepto con el que estamos poco familiarizados en España, si bien ha incrementado su presencia e importancia desde que los escándalos financieros han ocupado día sí, día también, los titulares de todos los rotativos. Este concepto de Responsabilidad Fiscal está conectado, más que con la financiación y las operaciones fiscales, con la reputación organizacional y con el buen gobierno.
En un momento socio - temporal en el que la cifra de los impuestos que pagan las organizaciones al fisco está sometida un severo escrutinio público, ésta, como agente que influye sobre la economía, hace que "los impuestos" se hayan conviertan en una cuestión de patriotismo, una cuestión de reputación prioritaria en la agenda de los líderes de las organizaciones privadas que persiguen un cambio.
Las corporaciones y empresas deben equilibrar dos extremos: por un lado, que sus accionistas obtengan el mayor beneficio posible y, por otro, ser “ciudadanos ejemplares” atendiendo a las demandas sociales. Para ello se debe encontrar un equilibrio entre los distintos ámbitos de la Responsabilidad Fiscal Empresarial:
1.Contribución Equitativa. Referida a qué aportaciones económicas hacen a la sociedad a la que pertenecen a través del pago de impuestos, no buscando los callejones y resquicios legales para así poder pagar menos.
2.Consistencia. Se trata de aplicar los mismos valores, principios y políticas en todas las áreas geográficas en las que operan.
3.Transparencia y Rendición de Cuentas. Aplicada a las cifras, resultados y políticas que, en general, la empresa aplica sobre el cumplimiento de sus obligaciones fiscales, informando del compromiso de la alta dirección de éstas en el impulso y aprobación de políticas concretas y estableciendo líneas de diálogo, públicas, con los grupos de interés.
La Responsabilidad Fiscal, además de integrarse en la Ética empresarial, está íntimamente conectada con la transparencia, la rendición de cuentas y el buen gobierno. A su vez, estos tres conceptos quedan íntimamente ligados al de las Tecnologías de la Información.
La mayoría de las compañías no son conscientes del impacto que han provocado en la rendición de cuentas los entornos digitales, generando cauces de demanda de información por parte de la sociedad, que han dejado obsoletos los formatos tradicionales para estos asuntos tanto en la forma y el ritmo como en la audiencia. Esto hace que la Responsabilidad Fiscal no sea un asunto circunscrito al departamento fiscal de la empresa y a la administración tributaria, sino que es algo que va más allá, debiendo extenderse al conjunto de la sociedad, donde potenciales futuros inversores canalizarán sus estrategias de inversión en virtud de criterios de RSC/E y de ética empresarial.
De este modo, es sencillo entender que en el marco de la Responsabilidad Fiscal lo importante no es lo que se publica, sino cómo se publica y qué no se publica. Las corporaciones y empresas deben hacer un ejercicio de “transparencia voluntaria”, es decir, un esfuerzo por difundir y publicar información relevante de la organización haciéndola visible y accesible a todos los grupos de interés de manera íntegra y actualizada. Esta transparencia implica que la información publicada esté sometida a criterios de visibilidad, accesibilidad, actualidad e integridad.
Sin entrar en la valoración concreta que el Informe de la Fundación CyT realiza sobre las organizaciones del IBEX 35 (para ello nos remitimos a él), a nivel didáctico consideramos estimar cómo se ha estructurado la metodología de trabajo para el análisis de la Responsabilidad Fiscal de éstas.
Por un lado, se han tenido en cuenta lo que entienden como “cuestiones generales”, es decir, compromisos formales de las organizaciones en materia fiscal relacionadas con cuestiones de carácter genérico. Por otro, “información fiscal”, subdividida en dos grupos de información a) los impuestos y subvenciones recibidas en cada país donde la organización opera y b) los principales litigios fiscales y denuncias por evasión fiscal, si las hubiera. Además de un grupo de información dedicada a “paraísos fiscales, blanqueo de capitales y sistemas de denuncia”, es decir, fiscalidad internacional de la organización, cuestión ésta altamente delicada. Finalmente un apartado dedicado a la “auditoría”, siendo éste uno de los aspectos más importantes nutrido de la información proporcionada por la empresa en relación con las obligaciones y riesgos fiscales. Esta información debe ser publicada siguiendo principios de integridad, calidad, objetividad y transparencia. Es en este momento, cuando se requiere de la profesionalidad e independencia del trabajo de la firma auditora y del impacto que sus recomendaciones pueden tener sobre la sociedad, de donde deriva su función pública y su deber de actuar bajo estándares éticos.
Las organizaciones presentan, cada vez más, una mayor sensibilidad e interés por las cuestiones fiscales, entendiendo la información fiscal como algo absolutamente relevante y superadora del concepto de simple información económica. Entienden que han de comunicarse de forma visible, comprensible y completa mediante creación de documentos ad hoc, creación y desarrollo de una sección específica en la web, etcétera.
No obstante todavía queda muchísimo trabajo por hacer para la implantación de una verdadera Responsabilidad Fiscal en nuestro país. Deberán ser las organizaciones más importantes, las que componen el IBEX 35, las que se erijan como “líderes económicos” ya que tienen el deber, por su posición, como agentes sociales privilegiados, en traducir su liderazgo económico en liderazgo ético y responsable.
Para concluir un reflexión ¿la ética aplicada a las corporaciones y empresas engendrará ganancias? Buscar ese proceso es el nudo gordiano de la cuestión.
Por: Rubén Fernández Vela