Leo una carta al editor del Financial Times del pasado 20 de octubre (la tenía guardada para hacer un comentario cuando tuviese un rato libre). Breve (aquí), comentando un artículo anterior sobre la importancia de utilizar la tecnología para conducir mientras se utiliza el móvil u otro chisme electrónico.
“Pasemos de la responsabilidad. Que el coche se cuide de sí mismo, como tantas naves espaciales, navegando juntas, una al lado de otra, por las carreteras… (…) ‘las distracciones ofrecidas por los vehículos y los smartphones mientras conducimos implican que los conductores necesitan una función de autopiloto'” (esta última frase es del artículo que el autor de la carta comenta). Y la conclusión: “existimos para servir a la tecnología. Quite sus manos del volante”.
Claro que es bueno que los autos tengan avances tecnológicos que nos den más seguridad. El problema radica en por qué necesitamos esa seguridad: ¿para prevenir errores humanos, que todos tenemos? ¿O para que abdiquemos de nuestra responsabilidad como conductores?
Ya he dicho muchas veces que los seres humanos aprendemos de nuestras conductas. Este puede ser un ejemplo de cómo la tecnología nos puede hacer menos humanos, aunque evita las consecuencias de nuestros errores.