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“Como es bien sabido, quien desee dedicarse al comercio y operar con la debida eficacia, necesita fundamentalmente tres cosas. La principal de ellas es el dinero; la segunda cosa que se precisa para el tráfico mercantil es ser un buen contador y saber hacer las cuentas con gran rapidez, la tercera y última cosa es la de registrar y anotar todos los negocios de manera ordenada. A fin de que se pueda tener noticias de cada uno de ellos con rapidez”.

Luca Paccioli, 1494

A menudo tenemos tendencia a no mirar atrás, cada vez más los ritmos están cambiando y el flujo de información tiene una incidencia directa sobre nuestra memoria histórica. Como toda evolución, la de la información y el conocimiento tiene sus aspectos positivos y sus aspectos negativos, y ser conscientes de ello nos ayuda a corregir los últimos.

En este sentido, hace mucho tiempo que tengo una extraña sensación acerca del trato diferencial que reciben la información financiera y la no financiera, cuando en el fondo, ambas están sujetas a las mismas incertidumbres, sólo que por diversas razones las variables no financieras no fueron incorporadas en los inicios de la contabilidad. Y es aquí cuando surge la pregunta acerca del origen de la contabilidad, su misión y su relación con la sociedad.

La cita que encabeza este escrito, atribuida al considerado como padre de la contabilidad moderna y creador de la partida doble (un mantra básico que de una forma muy lógica constituye el pilar fundamental de la gestión financiera actual), podría hoy actualizarse, conservando la esencia, como “recursos, conocimiento y registro”, reflejando así la evolución del contexto económico que motivó la creación de las bases de la contabilidad actual y por ende la necesidad de que ésta evolucione.

Bajo los principios contables, no incorporar las variables sociales y ambientales en la contabilidad organizacional no permite obtener una imagen fiel del desempeño de una organización, por lo que aunque sea un ejercicio complejo, es necesario desarrollar herramientas que permitan mejorar continuamente la información disponible acerca del desempeño de una organización en su triple cuenta de resultados, de una forma paralela y complementaria a la evolución de métricas de impacto y retorno.

Es en este contexto, que de manera informal ha surgido la necesidad de crear contabilidades complementarias que completen la imagen del desempeño de una organización de la forma más exhaustiva posible, evitando sesgos y reconociendo relaciones sistémicas que afectan al desempeño financiero y no financiero de una organización. Igual que desde el siglo XV, la contabilidad relacionada con información financiera ha ido mejorando y aprendiendo de los errores, parece que la contabilidad de información no financiera no disfruta de la misma condición, sin que existan razones aparentes que desde un punto de vista técnico justificarían dicha diferenciación de trato.

Si bien es cierto que la viñeta que encabeza este escrito es todavía hoy muy vigente, es posible observar un cambio significativo e interesante que merece la pena destacar. Esta viñeta fue creada por Toni Batllori el año 2007 para una publicación de lavola, y quizás la diferencia más grande que podamos observar sea el cambio motivacional relacionado con el desarrollo de memorias de sostenibilidad. No se trata ya de “limpiar la mala conciencia” sino de identificar y medir impactos que la actividad económica genera sobre todas las dimensiones de la sociedad y que inciden sobre la dimensión financiera, razón por la que es necesario cuantificarlos y gestionarlos.

El enfoque bajo el que llevar a cabo este ejercicio resulta clave, y es aquí donde el criterio sobre la credibilidad de los datos varía significativamente cuando se trata de información financiera y no financiera. Es cierto que siempre habrá quién haga un mal uso de los sistemas vigentes, pero no por ello la reacción debe ser la de eliminar o responsabilizar a todo el conjunto tal y como plantea el post “The Boy who cried <Greenwashing>”.

Reconociendo las malas praxis que históricamente se han producido en el ámbito financiero, como la contabilidad creativa, se han desarrollado las herramientas correspondientes para procurar minimizar estos errores del sistema, sin que ello ponga en cuestión la necesidad de realizar unos estados financieros. Cabe pues, reconocer bajo este mismo enfoque, la contabilidad de información no financiera, y trabajar para formalizar un sistema de contabilidad que permita una toma de decisiones enfocada a maximizar los resultados positivos en los ámbitos económico, social y ambiental.

Un vistazo rápido a las principales novedades del último estándar internacional de elaboración de informes de sostenibilidad de GRI (tal y como muestra la infografía de G4) permite rápidamente observar cómo se trata de valorar la gestión de una organización de una forma sistémica y, aunque más compleja también más relevante, lo que permite identificar nuevos riesgos y oportunidades que hasta la fecha habían estado ocultos y mejorar así los modelos de toma de decisiones.

No sería descabellado considerar los avances en el ámbito de Big Data una herramienta clave en el desarrollo de la contabilidad del siglo XXI pasando quizás de la partida doble de Paccioli a la partida triple (ESG), quíntuple (los cinco capitales que propone el estándar de informe integrado del IIRC) o múltiple (en función del resultado del análisis de materialidad e indicadores específicos).  

La evolución de estos últimos diez años ha puesto de manifiesto que a partir de la demanda existente  y la generación de información, se han creado sistemas de depuración que continuamente están mejorando el análisis de información no financiera y su relación con la financiera, como por ejemplo la iniciativa Carbon Disclosure Project en el ámbito corporativo o el portal Goodguide en el ámbito de producto. Pero para ello, es necesario que el sistema disponga de información y datos para poder depurarse a sí mismo y continuar trabajando.

Por esta razón es tan importante promover la recopilación de información no financiera entre todo tipo de organizaciones (y desde la lógica contable cabría valorar la ampliación del propio Plan General Contable), su tratamiento transparente y la comunicación de la misma de una forma objetiva (igual que se comunica la información financiera), sin que la discusión acerca de cómo tratar esta información detenga su recopilación. Igual que ocurre con la RSE en general, el debate sobre el concepto no debería paralizar su implantación, pues ambas se retroalimentan de una forma proactiva.

Generar la mayor cantidad de información de calidad posible permitirá avances en el desarrollo de nuevas métricas que respondan a las necesidades actuales. Sin esta aplicación y depuración, el greenwashing, al igual que la contabilidad creativa en el ámbito financiero, continuará siendo una práctica posible y hasta cierto punto habitual, que mermará la credibilidad de todo el sistema. 

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