Este asturiano -residente en Madrid - es Doctor en Filosofía y Director de la Cátedra de Ética Económica y Empresarial de ICADE. También es el responsable de la organización del XXI Congreso anual Eben-España que se está celebrando esta semana en la Universidad Comillas de Madrid
José Luís, ¿cuáles son las claves de este congreso?
José Luis Fernández.- Pueden resumirse en una secuencia sencilla de enunciar: Salir de la crisis exige, ante todo, voluntad de hacerlo y lucidez en los diagnósticos. Si se aspira a remontar la penosa situación económica que venimos padeciendo en los últimos años; y si se busca hacerlo en serio, para salir más reforzados, habría que ir a la raíz, al fondo del problema. Y éste es de índole ética… Sin confianza, no hay creencia de los unos en los otros. Y esta circunstancia, cuando se declina en el ámbito de lo económico, significa que, si no creemos, no fluye el crédito y que sin ello, no se financiarán proyectos, ni se pueden mantener operativas las empresas. El corolario es lamentable: Se destruye empleo y se mina la autoestima de muchos que, queriendo trabajar, no encuentran dónde.
dario_responsable.- ¿Tal y cómo estamos en España, es posible construir confianza?
JLF.- Es posible. Pero sobre todo, es imperiosamente necesario. Estamos en un contexto muy poco halagüeño… Y ello no tanto –ni sólo- por la coyuntura económica, sino sobre todo porque no creo que tengamos confianza en nosotros mismos como pueblo. Causas profundas de índole política, que a la base encuentran alimento en valores penúltimos y distorsionados, necesitan remedios de calado… Pero no nos queda otra, insisto, si de lo que se trata es de salir reforzados de veras de esta crisis. Crisis económica de la que, sin duda, saldremos a no tardar mucho… ¿Podremos hacer lo mismo de la crisis moral y política? Yo creo que hay que esforzarse por ello.
d_r .- ¿Se perdió la ética empresarial?, ¿se puede recuperar?
JLF.- Hubo muchos –demasiados, tal vez- que apostaron por el mantra del hacerse ricos a costa de lo que fuera y de cualquier modo… a ser posible sin trabajar… y en el plazo más inmediato posible. Lo hicieron sin embargo, desde la soberbia y la prepotencia, pero también desde la ingenuidad de creerse más listos que los demás y demasiado altos como para resultar intocables…
Desde un escenario como ése, la Ética no sólo no es relevante, sino que deviene un serio estorbo, que hay que remover. Sin embargo, los frutos resultan palmarios y las consecuencias desastrosas para todos en conjunto. La Ética es condición de posibilidad del crecimiento económico y del progreso social…
d_r .- ¿Qué ética?...
JLF.- Que cada quien se responda; pero, hágalo como lo haga, que responda aplicando un contraste formal mínimo: ¿Es sostenible en el plazo largo el modo de proceder que pretendo llevar a cabo?
Si sí, adelante; si no, óbviese.
d_r .- “Los Mercados” no entienden de ética, sólo de beneficios. ¿Cómo se pueden conjugar ética y beneficios en el contexto de globalización económica en el que nos encontramos?
JLF.- Creo que desde la apelación al sentido común…
Estoy convencido de que el problema de fondo no es ni siquiera ético en primera instancia: Es de lógica… ¿Qué significan, de veras, los beneficios y cómo se consiguen? ¿Qué habría que hacer para seguir obteniéndolos en el futuro?
Si se respondieran estas cuestiones con seriedad, otro gallo cantaría.
Ahora bien, el hecho de que los “mercados” pretendan ser inmunes a las consideraciones éticas, no es sino una de las resultantes de –otra vez- un mal enfoque epistemológico. En este caso, de la ciencia económica…
Separar lo normativo de lo positivo en aras a la ciencitificidad de los análisis significa, por una parte, no haber superado el sarampión decimonónico; y por otro, optar por lo meta económico –modelos limpios, ecuaciones estructuradas complejísimas y elegantes- y no por la voluntad de coadyuvar a la mejora de lo que demanda la dimensión económica de la vida en sociedad.
Una vez más, las cosas se iluminan cuando las vemos desde la perspectiva de la preocupación por la sostenibilidad y el largo plazo; desde la opción por la cosas bien hechas y desde la voluntad firme y perseverante de empeñarse por el bien común. Que eso –y no otra cosa- es lo que significa el tan traído y llevado valor de la solidaridad.
d_r.- Asistimos a un clamor por parte de la ciudadanía reclamando transparencia y ética en las empresas y la política, ¿algo está cambiando?
JLF.- El clamor pide cambio… pero a menudo tengo la impresión de que el cambio que se pide es el que deben llevar a efecto, exclusivamente, los demás… los políticos, los banqueros, los corruptos de toda laya… pero siempre los otros.
¿Es que no debo cambiar yo también? Aunque mi culpa sea menor, ¿no tengo parte alguna? Pienso que debiéramos empezar la casa por los cimientos y recetar lucidez y autoanálisis…
Y en paralelo, también, exigir –y así debiéramos seguir haciéndolo- responsabilidades y ejemplaridad en la aplicación de los castigos a quienes se lo merezcan. Eso debe ser innegociable y va a resultar preciso freír unos cuantos peces –y a ser posible, de los más gordos. Y ello, no tanto por ánimo de venganza, cuanto por recurso a la credibilidad de los procesos de interacción social y de respeto a la ley.
Más allá de ello, anclado en el “realismo informado” –que no pesimismo- en el que cada vez me veo más sumido, pienso con el libro del Eclesiastés que no hay nada nuevo bajo el sol –nihil novum sub sole- y que, como un virus que muta y ataca una y otra vez, cambiarán los colares, pero ladrarán los mismos perros.
Y sin embargo, no me resigno a presenciar el desfile del mero cambio de collar…