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Lo han dicho muchos ciudadanos en la calle, pero alguien lo tenía que poner por escrito. Federico Mayor Zaragoza (Barcelona, 1934) acaba de presentar su último libro, ‘¡Basta!’ (Espasa). En él reflexiona a propósito de la injusticia social, de la ética, de los principios democráticos, de la ley del mercado, del capitalismo... y exhorta a cada lector a iniciar una rebelión pacífica. No en vano preside la Fundación Cultura de Paz. Este catedrático de Bioquímica dirigió la Unesco durante más de diez años. Antes fue Rector de la Universidad de Granada, ministro de Educación en tiempos de UCD, y vicepresidente del Centro Superior de Investigaciones Científicas, CSIC. 

Por Esther Peñas

En un momento tan convulso como el que nos toca vivir, ¿a qué es a lo primero que hay que decir basta?
Lo primero que hay que reponer son los principios democráticos y éticos, tanto en el corazón de la política como de la acción ciudadana, aquellos principios éticos a los que renunciaron indebidamente en los años ochenta y que sustituyeron por las leyes del mercado, relegando a las Naciones Unidas, que significa el multilateralismo, el estar todos, y primando la plutocracia, el gobierno de los países más ricos. Éstos, que eran al principios seis, seis países, impusieron sus criterios a todos los demás, que eran, nada más y nada menos, que 190. ¿Por qué esos 190 les obedecen? Porque tienen el dinero, el poder, la energía... A eso es a lo primero que hay que decir basta.

Sin ser apocalíptica, por desgracia,  eso ha ocurrido siempre. ¿Por qué ahora se van a invertir los papeles?
Porque este sistema no lo queremos. Este sistema, que cuenta con un inmenso poder mediático, no quiere que protestemos, que nos movilicemos, pero por vez primera lo estamos haciendo. Queremos ser ciudadanos, ejercer como tal, y dejar de ser súbditos; ser actores en vez de espectadores. La gente está indignada. Y hay cosas que no está dispuesta a seguir consintiendo.

¿Por ejemplo?
El gasto militar. No me canso de repetirlo: cuatro mil millones de dólares al día. Y hay gente muriéndose de hambre. Han conformado una economía de la deslocalización productiva, basada en la especulación, que crea pobreza en todos los sentidos, también en el medioambiental. Y tenemos una responsabilidad moral con  nuestros hijos, con nuestros nietos, con nuestros  descendientes. Cuando era director general Unesco repetía una frase de Mandela: “cada generación no tiene más que un compromiso, pensar en la siguiente”. Los ciudadanos estamos diciendo basta a un sistema que no tiene en cuenta a más de la mitad de la Humanidad, un sistema que sólo atiende y protege al 20 por ciento, y que es, a todas luces, insostenible.

Asegura en su libro que el verdadero cambio pasa inexorablemente por el activismo cívico. Pero, ¿de qué modo el cambio puede forjarse desde quienes no tienen acceso al poder, en casi ninguna de sus instancias?

Hasta hace muy pocos años, tendría usted toda la razón. Estábamos tan sometidos al poder que hasta dábamos por él nuestra propia vida. ¿Qué ha hecho hasta ahora la Humanidad? Poner los muertos. Hemos tenido que ir a defender causas que a veces eran las opuestas a las nuestras, pero cumplíamos órdenes, mandatos, y había que defender lo que mandaba el poder. Hasta hace poco, estábamos confinados en unos espacios que eran, tanto intelectual como territorialmente, muy pequeños. A día de hoy, la mayor parte de la gente nace, vive y muere en 50 kilómetros cuadrados. Antes no teníamos capacidad alguna. En los años 90 se comenzó a operar un cambio. Yo lo observé a través de mis nietas, que hablaban (perdón, chateaban) con gente de otros países y otras culturas a tiempo real. Con Internet, el silencio ha concluido. Si uno mira la Historia, se da cuenta de que sólo existía la voz del poder, interrumpida de vez en cuando por otras voces de genio o profetas. Pero eso ha acabado. Quien quiera decir algo tiene un altavoz incomparable. El ciberespacio es la gran esperanza.

 Pero, sin ánimo de resultar impertinente, el ciberespacio es inmenso, y alberga tantas voces dispares, tantos estímulos, tanto ruido y distorsión que ¿cómo sabe uno qué navega en la dirección correcta?  Tiene toda la razón, ese es uno de los pensamientos sobre el que más me gusta adentrarme. Siempre ha habido ruido, incluso cuando el acceso a la información era escaso. Por eso propongo reapropiarnos del tiempo. Cuando estudiaba en Oxford, en los años 60, uno de mis profesores, Kendrew, un Nobel bioquímico, me dijo que lo importante era disponer de tiempo para pensar. Cada ser humano es capaz de crear, de inventar. Pero para eso necesita tiempo. Y para digerir, y cribar, y analizar todas esas informaciones a las que usted alude, también se necesita tiempo. “Investigar es ver lo que otros ven y pensar lo que nadie ha pensado”, comentaba Kendrew. Para digerir esa información ingente que hay en el ciberespacio es necesario reapropiarnos del tiempo, todos los días hay que ser capaces de distanciarse y masticar la información que se recibe, pensar cuál es mi posición, mi aportación a tal o cual cuestión, buscar la razón de ser de las cosas. O, por lo menos, tratar de hacerlo.

 ¿El 15-M ha encontrado la razón de las cosas?

El 15-M es un movimiento fantástico, esperanzador. Sobre todo, porque está aglutinado por gente joven que no sólo se queja, sino que propone, y lo hace de manera pacífica.

 Pero ahora van a tener árboles de por medio. En Sol, digo...

Pero la mejor Puerta del Sol es el ciberespacio. Ahí también se puede armar la rebolera. Si los principios que mueven al 15-M ya estaban presentes en los que hicieron la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Fíjese, en el Preámbulo se especifica que los derechos recogidos liberarán a la Humanidad del miedo. ¿Por qué? Porque los ciudadanos están atemorizados, por las mismas religiones que se basan en el amor, pero cuyos dirigentes amenazan con el temor, haciéndonos creer que Dios es un gran inquisidor, y por el poder. Usted es libre, igual en dignidad a cualquier otra persona. Y después, en el segundo párrafo de ese mismo texto, se lee que, si no se cumplieran dichos preceptos, estos derechos inalienables, los seres humanos pueden verse compelidos a la rebelión. Es decir, nos están advirtiendo de que no tengamos mucha paciencia si se ven vulnerados estos derechos. Si no se cumplen, rebélense. Y hay que hacerlo. Por eso creo hablo del ‘delito de silencio’, porque nadie debería callarse ante una injusticia.

 El Concilio Vaticano II sugiere que la lucha armada se justifica ante una tiranía prolongada y evidente. Es lo que se denomina la violencia de la paz, ¿está usted de acuerdo con esta antítesis? No. La cultura de paz es la que sustituye la fuerza por la palabra, y esta transición es la que nos llevará a un mundo nuevo, un mundo que no tardaremos mucho en ver. Hablamos ahora más que antes. Todo el mundo, hasta ahora, se ha basado en la fuerza. No hay que olvidar aquella frase latina, si vis pacem, para bellum, si quieres la paz, preparada la guerra. Esto lo llevan a la práctica ahora muchas personas y Estados. Y esas mismas personas, las que preparan la guerra para asentar la paz, son quienes se quejan de que los que dicen basta, de momento, también usen la violencia. Son ellos los que se quejan, ¿no es una hipocresía absoluta? Los que no han hecho más que utilizar la violencia durante toda su vida, protestan cuando alguien, cansado de que sus derechos se incumplan, salga a la calle. Pero nunca aconsejo la violencia. En ningún caso. Prefiero la evolución a la revolución. La evolución es fruto de un consenso, la revolución se produce cuando una de las partes en conflicto es rígida y no está dispuesta a ceder nada. Es como cuando te dicen que la Constitución hay que cumplirla. La Constitución tiene que ser una solución y no un problema.

 Mire que nos cuesta cambiar el estado de las cosas...

Cuando me iba de Unesco fui a dar una conferencia en una reunión de físicos. El profesor Jensen, otro Nobel inteligentísimo, puso una diapositiva con una palabra: inercia. Nuestro gran enemigo. Lo que ayer valía no necesariamente ha de valer hoy. Hay que conservar, y cosas que cambiar. A veces, cambiamos lo que ha de permanecer. La Unesco fue la consecución del gran sueño de Roosevelt, que apostaba por la paz a través de la educación, la ciencia y la cultura. Alguien decidió cambiar los principios democráticos por las leyes del mercado. Un disparate tan grande...

 Pero, ¿quién?

Reagan y Thatchet, que fueron tan parciales a la hora de cambiar el orden mundial... En aquel momento Gorbachov hace que se hunda el imperio soviético sin una gota de sangre. Fue prodigioso, utilizó la palabra, no la fuerza. Pensamos entonces que los demás haríamos lo mismo. Pero no hicimos lo mismo, nos quedamos esperando los dividendos de la paz. Hubo más ejemplos. Nelson Mandela nos dio un gran impulso. En un lugar en que lo normal era ver escrito a la entrada de los locales “No blacks, no dogs” (ni negros ni perros) un señor, después de 27 años de encarcelamiento, en lugar de pedir revancha, sale con los brazos abiertos, urde una gran conspiración y, al cabo seis meses, se convierte en presidente. Un negro. Y la paz en Mozambique, y en El Salvador... ocurrieron cosas asombrosas y maravillosas. Pero llegó Reagan y Thatcher y los mercados... y comenzó el proceso de deterioro. En España, mal que bien, teníamos unas fábricas, hacíamos tejidos, zapatos... pero ahora lo hemos deslocalizado todo, y los productos de fuera, algunos muy insolidarios, por cierto,  después nos los venden desde paraísos fiscales. Hay que terminar con este neoliberalismo a ultranza que está produciendo crisis sistemática e inventar un futuro distinto. Nos urge inventar un futuro distinto. Las fórmulas existentes ya no nos sirven, nos sirven los principios, la solidaridad, la justicia, la libertad, la bondad. La bondad, sobre todo. Si la mayor parte de la gente es buenísima...

 ¿Ese retomar los principios éticos nos remiten a un regreso a lo sagrado?

Europa se ha situado en una posición en la que ha aceptado que los ciudadanos pueden creer en lo que quieran, incluido el no creer, ha instaurado un sistema en que la religión es algo personal, totalmente respetable, pero personal. La Iglesia, de manera simultánea, en lugar de acercarse y de proponer fórmulas de acogimiento y de entendimiento ha hecho lo contrario. Lo digo como creyente. La Iglesia se mete en cuestiones en las que es incompetente. La ‘educación para la ciudadanía’, por ejemplo, sobre la que, por supuesto, puede opinar pero no tratar de imponer su criterio, y menos cuando dispone de colegios, algunos concertados, es decir, que disponen de fondos públicos.  ¿Qué tiene que decir la Iglesia a propósito de si un cigoto es o no un ser humano? Puede aportar su reflexión, pero no exigir a tal o cual Gobierno que actúe en su nombre. Hablo de la jerarquía eclesiástica, no de la Iglesia en su conjunto. Y soy un creyente; heterodoxo, pero creyente. Por supuesto que la vida no se explica sólo con la ciencia. La vida no se explica, es un misterio. Puede que sea un milagro, pero desde luego es un misterio. Europa misma tiene unas raíces religiosas muy fuertes, sobre todo del Cristianismo. La solidaridad, sin ir más lejos. Pero ha eliminado la justicia social para que entrasen los mercados. Por otro lado, asistimos a algo que me preocupa mucho, que es el problema no interreligioso, sino intrarreligioso. El problema del Islam no es con el Cristianismo, sino con las diferentes facciones que componen el Islam. Y es un problema que produce casi todos los días muchos muertos. Lo mismo sucede con el Cristianismo. Si miramos el origen de algunas variantes, como la evangélica, observaremos que hay mucho ajeno a la religión. Lo que hemos perdido no son los valores, sino la vergüenza. Si los líderes en vez de defender a capa y espada que un texto recoja explícitamente las raíces católicas europeas las pusieran en práctica, mejor nos iría.

 ¿Por qué ha habido sociedades capaces de enfrentarse a la crisis de una manera distinta y solvente, como Islandia, y otras –el resto- siguen sumidas bajo el yugo de los mercados?

Tiene razón, pero hay que buscar la proporcionalidad. Tengo mucha simpatía por Reikiavik, porque allí Gorbachov expuso sus planes, pero es cierto que no es no se puede trasladar el fenómeno islandés a otros países. Pero otros países sí podrían haber asumido algunas directrices tomadas por Islandia. Es inaudito que no se hayan depurado responsabilidades en esta crisis. ¿Cómo es posible que un banco gallego tenga un agujero de cinco mil millones? ¿Dónde han ido a parar? ¿Qué ha pasado? Por no hablar de Caja Madrid algo absolutamente...

 ¿Obsceno?

Obsceno. Al principio sí, nos pilló por sorpresa. Después, Sarkozy tomó la dirección equivocada. Se fue a pedir consejo a Bush. Obama ya era presidente electo, pero él pidió consejo a Bush. ¿Y qué le dijo Bush? Que había que rescatar a los banqueros. Normal, la mayor parte de ellos eran estadounidenses. Ha de ser un presidente francés, y Hollande seguramente lo haga, quien le diga a Alemania que reconocemos y agradecemos su contribución a Europa, pero que Europa la forman 27 países. Hay que hacer sin pérdida de tiempo un acuerdo económico. Una unión monetaria sin una  económica es insostenible. Del mismo que también lo es sin unión política. Hay que tomar soluciones. La primera, que Europa deje de ser dependiente de Estados unidos en materia de seguridad. Tenemos tortícolis. No hacemos más que mirar a Estados Unidos.  La OTAN estuvo bien mientras duró el Pacto de Varsovia, pero el Pacto de Varsovia ya no existe. Así que los 27 tenemos que decidir cuánto y de qué modo vamos a gastar en seguridad.

 Se quedarían estupefactos, los norteamericanos, y sería una inyección de autoestima para Europa, porque el Nobel de la Paz no sé si da para tanto...

¿Quién le compró a los norteamericanos tantísimos millones de dólares en armas? Que se sepa. Europa ha de ser una federación de estados, no un estado federado, con unos acuerdos fiscales, de rápida corrección de asimetrías. ¿Por qué somos euroescépticos ahora? Porque no hemos comentado ni acordado ser un federación en la que cada uno es distinto, pero estamos de acuerdo en un sistema de políticas sociales, de tributación, de castigo a los paraísos fiscales. Europa está plagada de paraísos fiscales. Otra vergüenza. Necesitamos un acuerdo de gran urgencia, saber cuáles son los requisitos que, en un momento determinado, pueden llevar al conjunto de los países a tener la decisión jurídica que pueda modificar el Tratado. Y pedir, insisto, responsabilidades.  Que todo el mundo sepa que cuando uno la hace, la paga. Gallardón acaba de anunciar un montón de penalizaciones, pero ninguna a propósito de la arbitrariedad económica que ha habido, nada contra la corrupción. Europa tampoco.

 ¿Las autonomías son una realidad de las que hay que cambiar o que hay que mantener?

En España se hizo un gran esfuerzo en la Transición, vamos a reconocerlo todos. Las autonomías han dado un resultado espléndido. Extremadura, por ejemplo, antes y después del estado autonómico se ha producido un salto cualitativo. ¿Por qué? Porque un gobierno cercano se ocupa de sus cosas.  Hay sitios donde se ha hecho mejor que en otros. Me gusta la idea de la federación. ¿Por qué tenemos que ser todos iguales? Habrá que ser iguales en una serie de cosas que se pacten, y dispares en las que no se hayan pactado. Y si no gusta, que la próxima vez no voten a quienes así lo hicieron. Como en Estados Unidos.

 Ahora es usted el que mira hacia allá...

Es que el estado de Tejas no tiene nada, absolutamente nada que ver con el que tiene al lado, Nueva Méjico. Eso es estar federado, disponer de un gran autogobierno. En España, ¿por qué va a haber sólo dos excepciones, la del País Vasco y la de Navarra? ¿Porque viene en los Fueros? Vamos a estar de acuerdo en un solo estado, en una política exterior común, un ejército y una política de seguridad. España podría ser la California de Europa, puede seguir atrayendo a turistas. Pero no digamos más mentiras. No se puede decir que vamos a crear empleo porque es imposible. Si no hay industrias, si con la robotización, la deslocalización y la automatización es muy difícil crear empleo. Nos hemos centrado estos años en la construcción y los servicios. De acuerdo, sigamos haciéndolo, pero bien. Aprovechemos estas características que tiene España, pero no me diga que vamos a crear empleo sin industrias y teniendo en cuanta que las pocas que hay, cada vez necesitan menos mano de obra. ¿Quiere vivir del turismo? Cuide antes la Sanidad.

 Hagamos un futurible. ¿Qué hubiera ocurrido si en el inicio Irlanda, Grecia, Portugal, Italia y España se hubiesen plantado a Merkel?

Hubiera sido tarde en cualquier caso. En un primer momento, el enfrentamiento vino de fuera, de las agencias de calificación norteamericanas, las que, aquel 10 de mayo, produjeron el cataclismo. Zapatero tuvo que ceder porque resultó un ataque por sorpresa. Pero la respuesta no debió de ser Española sino de Europa en bloque. Así como Extremadura no rinde cuentas ante Europa, sino que lo hace España por ella, como es lógico, del mismo modo Europa tendría que haber respondido por cada uno de sus Estados. Europa tiene que hacer de inmediato una unión fiscal, y luego decirle a las agencias de calificación que no las queremos, que seremos nosotros mismos quienes nos califiquemos. Porque estas agencias dependen de otros poderes, que no son inocentes. España pagará sus deudas cuando pueda, y mientras tanto, pondrá en marcha una serie de medidas, pero no se puede asfixiar a los países, y menos hacer una amnistía fiscal para los sinvergüenzas.

 ¿Cuánta culpa tenemos usted y yo, el ciudadano de a pie, en esta crisis?

Ninguna. Ni usted ni yo hemos construido aeropuertos fantasmas, ni circuitos de fórmula 1, ni ciudades de las artes, ni nos hemos llevado indemnizaciones millonarias después de arruinar bancos. Usted y yo, como la mayoría de los ciudadanos, nos hemos ganado la vida como podíamos, trabajando, y haciendo equilibrios, a veces más holgados, a veces más estrechos, para llegar a fin de mes.

 ¿Cree en la justicia poética?

Ah, sí. En la justicia poética, siempre. Encuentro que es la palabra.

 ¿Apuesta por Obama?

Creo mucho en Obama, y ojalá salga elegido de nuevo. Si es presidente otra vez, ya no estará tan acosado, y podrá hacer más. Ha hecho mucho. El seguro médico, por ejemplo. Éste es un hábil. Fíjese, sin tener mayoría en el Congreso, se presenta un día que, por casualidad, había más demócratas que republicanos, y plantea el asunto del seguro médico. Por siete votos. Pero el tipo lo consiguió. Lo mismo ha hecho con su propósito de aplicar un calendario de desarme nuclear. Ha hecho cosas fantásticas. Conclusión: es mejor pedir perdón que pedir permiso.

Déjeme terminar con una curiosidad menor. De todas las personalidades que ha conocido en su vida, ¿cuál le ha marcado?

Por este orden: Mandela y la Madre Teresa de Calcuta.

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