A menudo la responsabilidad social se hace en los despachos de empresas, de entidades, de organizaciones....grandes y con gran peso en el mercado.
A menudo las acciones responsables se quedan en las web, en las memorias de sostenibilidad, en los códigos éticos que casi nadie lee ni quien los escribió un día.
A menudo la responsabilidad social está encauzada hacia lo políticamente correcto para que sea un elemento más de la gran maquinaria de un sistema económico y social que nos ha llevado donde estamos y sirve de filosofía bienquedista para quienes nunca pensaron cambiar nada aunque fueran abanderados/as de la misma.
A menudo escribimos sobre responsabilidad social como único medio para recordar que va más allá de donde estamos, que el cambio es profundo, que no es parche sino cambio de cimientos...y escribimos palabras y palabras que parecen sólo eso...
Y la responsabilidad social está en la calle y tiene que empezar por cada ciudadano y ciudadana porque sólo desde la base generaremos cambio. Si queremos cambiar, claro.
Y tenemos que mojarnos mucho más de lo que lo estamos haciendo y tenemos que ir más allá de manuales, memorias, códigos, web y palabras bien sonantes que nada cambian si no creemos en ellas.
La responsabilidad social lleva muchos años, décadas explicando, demostrando, argumentando...y acaba aburriendo de tanta verborrea.
El cambio no es de un día para otro pero deberíamos estar más lejos, mucho más lejos de donde estamos.
Los cambios vienen de la mano de las personas, de ciudadanos y ciudadanas que en su entorno empiezan a cambiar la manera de hacer las cosas y educan a su alrededor en este sentido.
Tal vez por eso suelo creerme más la microempresa que elabora una acción responsable a la gran compañía multinacional que tiene hasta un departamento dedicado a ello.
La escuela, el hogar de cada uno y cada una, nuestro entorno laboral, los comercios en los que vamos a comprar, con nuestras amistades y familiares...ahí está, sobre todo la responsabilidad social y ahí está su verdadera fuerza de cambio. La responsabilidad social está en la calle.
Sigo pensando que las personas que consumimos somos los que tenemos la clave y una fuerza brutal para hacer grandes avances, para cambiar el mundo que es el ADN de la responsabilidad social. ¿Debería recordar aquí a Islandia.
En estos momentos tan complicados a todos los niveles noto, percibo a la responsabilidad social demasiado callada, demasiado ausente...no de palabras y discursos que quedan bien sino de realidades, de presencia a lo gota malaya, de voluntad de cambio porque ahora más que nunca es el momento.