Emil Zatopek (1922-2000) fue un hombre extraordinario. Un triunfo de la voluntad sobre el talento. Un continuo construirse a sí mismo, que le llevó a ser uno de los mejores atletas de la historia. Zatopek confesó en varias ocasiones su secreto: "corro con sueños en el corazón".
Un gran campeón, un gran hombre, un gran compañero, un gran padre, un gran ciudadano. Zatopek ha encarnado para muchos un ideal de deportista y de compromiso con los más debiles y con una sociedad mas justa y hermosa. En Chequia es idolatrado.
"La Locomotora humana" ganó en los juegos del 1952 las pruebas de 5.000, 10.000 y la maratón, algo que nadie ha logrado repetir, y lo hizo además estableciendo records olímpicos en cada una de ellas. Los años siguientes batiría también el record del mundo.
No se encontrará a nadie que hable mal de Zatopek; en vano se exhumarán periódicos o entrevistas... nadie ha dicho nada de él que no sea una admiración sincera y un cariño inmenso.
Durante la "Primavera de Praga" en 1968, los rusos quisieron humillar al pueblo checo y decidieron degradar al Coronel Zatopek, un héroe nacional. Se le quitó su uniforme y se le retiraron galones y condecoraciones. Se le dió una sucia vestimenta y un nuevo destino: el Coronel sería barrendero de las calles de Praga, para escarnio de él y para ejemplo del pueblo.
Pero el venerado atleta no llego a limpiar nunca un solo metro de calle. A su paso, en la helada madrugada, la gente salía a la puerta de sus casas y cada persona, hombres, mujeres y niños, barrían en silencio su trozo de acera.
Una bonita forma de decir "te queremos".
Yo también te quiero, Emil.