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Que una empresa se recuerde 150 años después de cerrar es realmente toda una hazaña. Pony Express, fundada en 1860 por William Russell, Alexander Majors y William Waddell, duró escasamente 19 meses, pero fue protagonista de un tiempo en el que llevar el correo a California era toda una aventura. A pesar de su corta existencia, su leyenda sigue viva en el lugar más cálido y protegido de cada uno de nosotros: el lugar donde guardamos los sueños.

A mediados del siglo XIX el Gobierno de los EE.UU. tenía un grave problema: enviar el correo a California. La realidad, carísima, pasaba por enviarlo en barco a Panamá, ser cargado en mulas para atravesar el istmo y navegar de nuevo hasta San Francisco. Por eso ofreció un contrato de un millón de dólares a aquellos que demostrasen que la ruta por tierra podía ser posible. La gran dificultad: 3.200 kilómetros de territorio vacío entre Missouri y California. ¿Quien se atreve? Pony Express aceptó el reto: llevaría el correo hasta California en diez días.

El correo no puede detenerse nunca

Optimized-Cartel_pony_expressIdearon un sistema  a base de relevos y lo estudiaron y perfeccionaron hasta el extremo. Los lugares de las estaciones, los jinetes, los caballos y hasta la mochila y el modo en que serían los sobres fueron detenidamente discutidos y diseñados. La idea era sencilla: el correo no se detiene ni de día ni de noche y era transportado siempre sobre un caballo fresco. El jinete cambiaba de caballo cada 10-15 millas en las estaciones intermedias en donde no puede demorarse más de tres minutos; y a su vez el jinete es relevado cada 75 millas. Su rígido reglamento les prohibía detenerse salvo en caso de defensa propia o de ver que  una vida corriese peligro.

Una empresa medida al milímetro

El peso que llevaban los jinetes estaba estudiado y limitado.Los fundadores de la compañía encargaron el diseño de una silla de montar especial para las características del servicio. Israel Landis fue el elegido. Y su “mochila” (usaron este nombre español) fue uno de los grandes éxitos del Express. Con los compartimentos para los sobres hechos a medida, garantizaba un rápido cambio entre jinetes además de comodidad, aislamiento e impermeabilidad. La mochila iba encajada entre las piernas del jinete e iba fundida literalmente a la silla formando un todo. No se conserva ninguna de estas sillas originales de Landis, piezas que continúan siendo buscadas por coleccionistas.

Las cartas
Optimized-carta_pony_expressTambién la correspondencia tenía que sujetarse a unas peculiaridades. Debería ser redactada en papel especial extraligero y los sobres eran especiales con seda aceitada. El límite de cada jinete era de 10 kilos de cartas en cada viaje. El coste del cada una era de 5 dólares cada 15 gramos de peso. Más tarde, debido al éxito de la empresa, el coste seria reducido hasta un dólar.

Un tal “Buffalo” Bill
En el Pony Expres consta una hazaña de un muchacho de 14 años que  recorrió 322 millas sin detenerse al ver que el jinete que debía relevarle había sido asesinado. Cambió 21 veces de montura y cabalgó durante 21 horas y 40 minutos. Se llamaba William Cody, pero quizás ustedes lo conocerán por cómo le llamaron años más tarde:“Búfalo Bill”. ¿Les suena?

El fin de la aventura

En octubre de 1861 la línea telegráfica quedó completada y ello supuso el fin del Pony Express. Después llegaría el ferrocarril y la unión y comunicación de California con el resto de los estados sería ya un hecho. Dos días después de que llegase el primer mensaje del telégrafo, el 24 de octubre de 1861, Pony Express anunciaba su cierre.  Moría una empresa, nacía una leyenda.

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