Publicado el

Comencé a darle vueltas al valor de la heterodoxia recién llegado a Madrid. Tenía un plazo muy breve para lograr superar un desafío: realizar una propuesta de reportaje que fuera aceptada por un suplemento semanal de un gran diario. Era mi primera vez, la publicación tenía ya más de 1.000 números a cuestas y cientos de colaboradores proponían temas cada semana. Muchas personas se estrellaban, intento tras intento, contra el muro del “ya lo hemos tratado en el número X, muchas gracias”. Escudriñaban hasta el último rincón de la realidad, pero no encontraban nada nuevo, llamativo, novedoso, que mereciera la pena contar.

Entonces, de camino a un pueblo de Toledo, llamó mi atención un desguace de coches situado al borde de la autovía. Yo nunca había visto algo así, de esas dimensiones, y me entró curiosidad. ¿Qué orden habitaba oculto bajo aquel desorden aparente?¿Cuántos coches había allí?¿Qué se les hacía?¿Cómo salían? Me desvié de mi ruta y entré a preguntar. Tenía en la cabeza un reportaje fotográfico acompañando a un vehículo en todas sus fases.

Todos a los que les consulté me dijeron que ese desguace llevaba ahí muchos años y que todo el mundo lo conocía y que seguramente no tendría interés el tema. Pero la sorpresa vino a vuelta de correo cuando el suplemento envió un inmediato “adelante” con los datos del fotógrafo que me acompañaría.

Increíblemente nadie lo había propuesto nunca. El mayor desguace de Europa estaba ahí mismo, pero nadie lo había “visto”. Lo que yo aporté en ese caso fue una mirada distinta que ayudó a cumplir el objetivo de la empresa que no era otro que el de encontrar temas que contar. Sumé heterodoxia a la empresa.

Sin lugar a dudas, en tiempos tan difíciles como los actuales, reivindico ese aporte de miradas, reivindico el valor de los enfoques diferentes, de los perfiles diferentes, de los empleados diferentes. Ya que hoy en día, en un gran número de campos, no resulta tan relevante la formación a la carta y los curriculums idénticos (sirve dar un breve paseo por Linkedin o similares) que pueblan los departamentos corporativos, como la pasión por el trabajo, el espíritu positivo, la capacidad de adaptación y la frescura del que puede ver (y hacer) las cosas de otro modo.

Scott Keller y Colin Price, en un libro reciente titulado “Beyond Performance” (Wiley, 2011) hablan de la “salud organizativa” de las empresas y de cómo estas deben examinar su entorno, sacar conclusiones rápidas, elaborar respuestas novedosas, adaptarse en suma. Para lograr todo eso necesitan estar llenas de salud y no tener vicios en su manera de verse a sí mismas, a su negocio y a la realidad. Yo creo que para mantener esa salud fuerte e incluso para curar algunos achaques debidos a la edad o a malos hábitos de vida acumulados… resultaría muy adecuado inyectar en vena un poco de heterodoxia en muchos lugares de la selva corporativa.

Como se ve en la imagen que ilustra este texto, quizás hay demasiados paraguas iguales en los paragüeros de nuestras empresas. Está lloviendo a cantaros, y no parece que vaya a cesar la lluvia en breve, incluso más bien puede arreciar más todavía. Sumen heterodoxia. No tengan miedo de proveerse de un paraguas diferente. Quien sabe, quizás sean incluso más efectivos.

 

@imagiaofficina

 

En este artículo se habla de:
Opinión

¡Comparte este contenido en redes!

Este sitio utiliza cookies de terceros para medir y mejorar su experiencia.
Tu decides si las aceptas o rechazas:
Más información sobre Cookies