Desde el pasado viernes 9 de septiembre cientos de millones de personas tienen sus ojos puestos en una pelota oval, de bote impredecible y cambiante como la misma vida. Se celebra en Nueva Zelanda el tercer evento deportivo en importancia del planeta: la Copa del Mundo de Rugby. Es tiempo de hakas, de ensayos, de placajes, y tiempo de rosas, cardos, pumas, dragones y, sobre todo, de un helecho plateado sobre fondo negro...
Ha venido a mi memoria la famosa arenga de Agustín Pichot a sus compañeros de la selección argentina, motivándolos para culminar una hazaña extraordinaria y alcanzar el tercer puesto en la Copa del Mundo de 2007.
La breve charla de Agustín es como una sucesión de descargas emocionales a los resortes adecuados. Apela a la historia exterior (la camiseta, la trayectoria del equipo, la nación), la historia íntima (la familia, los amigos), la historia común (esto es nuestro, nos pertenece), el paso del tiempo (para muchos hoy será el último) y finalmente ofrece una razón de enorme peso para el sacrificio ¿por qué sacrificarse al final? La respuesta: “por el que tenemos al lado”.
En youtube puede escucharse, como si estuviéramos allí mismo (http://youtu.be/FmMlL-fSG_0). Pichot, capitán y verdadero gurú espiritual de aquel equipo, reconoce que aquel grupo de jóvenes logró algo que poco tiempo antes les parecía muy por encima de sus capacidades, algo impensable y casi imposible: un sueño.
Mucho habría que aprender en los equipos empresariales del espíritu del rugby, de su solidaridad incesante, de su capacidad de sacrificio por un ohjetivo común, de su unidad inquebrantable, de su capacidad de trabajo. Y es que al final, como en el rugby, la realidad es que en muchas ocasiones uno trabaja y se esfuerza y se desvela no por el jefe, ni por la empresa, ni por el proyecto; sino por solidaridad con su compañero, “por el que tenemos al lado”.
Agustín Pichot, que fue el mejor jugador del mundo en su puesto, se ha retirado ya del rugby y afronta otros retos vitales con el mismo espíritu que le llevó a triunfar en el liderazgo de su equipo. Si alguno de ustedes quiere conocerle mejor les sugiero este enlace de una de sus conferencias sobre motivación celebrada en Argentina este mismo año 2011. Fíjense en que dice, por ejemplo, “nunca imaginé alcanzar lo que alcancé” e inmediatamente se corrige y dice “lo que alcanzamos”.
Que el espíritu del rubgy les acompañe.