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Trabajo en la administración pública local y cuando digo trabajo es exactamente esto: TRABAJO.

 

Creo en la labor de servicio a las personas del territorio y nunca he visto, al menos en el entorno directo en el que me muevo, el típico funcionario o funcionaria que su objetivo es “no pegar sello”.

Sé que existen y que su existencia oscurece el trabajo de muchas personas que estamos en este sector.

 

Pero mi reflexión va más allá de esta realidad que constato cuando amigos me explican que conocen o tienen en la familia una persona que trabaja en ésta o aquella administración y que trabajan poco, que viven muy bien. Trabajan tan poco que algunos se llevan las fotos hechas en las vacaciones para retocarlas con un programa de imagen que tienen instalado en el pc del trabajo, otros piden a alguna persona de la oficina que fiche por ellas que llegarán más tarde, las personas con cargos que no pegan sello porque no saben cómo pegarlo o que su gestión es nefasta cosa que repercute en las personas que trabajan en su departamento...

 

¿Dónde está la responsabilidad social personal?

 

Y voy más allá aún.

 

Ahora que estamos en momentos de recortes también en la administración pública las situaciones antes descritas claman al cielo.

 

¿Antes de recortar no deberíamos medir dónde hay fugas de inversión? Y hablo de cargos que no son necesarios, de personas que cobran sueldos elevados para hacer una tarea de gestión para la que no están preparadas, de personas cuya sola presencia parece justificar un sueldo, el ahorro energético...

 

Sorprendente es, por otra parte, que ante tales recortes y situaciones de quiebra en algunos casos nadie mueva un dedo para pedir un saneamiento de las instituciones públicas y sigamos tragando tales injusticias mientras sabemos que hay situaciones muy irregulares.

 

¿Cómo arreglarlo?

 

Todas las personas que trabajamos en la administración pública, para empezar, debemos “denunciar” estos abusos y no prestarnos a ser cómplices.

 

El tema de los cargos más altos está más complicado por el corporativismo imperante pero se arreglaría con un sistema de evaluación por objetivos.

 

Y la conciencia de que existe la responsabilidad social personal por la que no podemos permitir que nos recorten y nos ahoguen en nombre de la crisis mientras colaboramos a que existan y permanezcan estas situaciones.

En este artículo se habla de:
OpiniónPolíticaNacional

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