El pasado viernes, la intervención en directo del Ministro de Trabajo en el telediario nocturno siembra algunas inquietudes sobre la capacidad de gestionar la actual tasa de desempleo y el futuro de las pensiones. Tal vez por ser psicólogo repare tanto en el lenguaje verbal como en el no verbal, siendo la sensación de una total incongruencia entre el discurso que leía sin mirar a la cámara, con el contenido del mismo.
Hay que afrontar el marco de desarrollo socioeconómico actual bajo un prisma diferente a anteriores crisis, dado que las circunstancias actuales requieren asumir la realidad y esta es que España no es competitiva y hay toda una franja de población que será muy difícil reinsertar, mayormente por su larga trayectoria en sectores agrícolas y de producción manufacturera, actualmente descolizadas lo cual era previsible por la entrada en el euro y el aumento de los costes.
Un ministerio por el que han pasado diferentes perfiles, la mayoría de ellos sin experiencia profesional en el mundo empresarial, no parece ser el más indicado para abordar qué y cómo reaccionar. Si analizáramos el rendimiento de los servicios de ocupación autonómicos, probablemente en caso de estar privatizados estaríamos pidiendo dimisiones.
Atendiendo a que la tasa de desempleo repercute en las pensiones, sin ser economista no hace falta ser muy hábil para darse cuenta de que los descuadres amenazan seriamente el sistema actual y generan una incertidumbre que sólo una firme creencia en que alguien hará algo mantiene una estabilidad en la inestabilidad.
En estas circunstancias, sería razonable plantearse el privatizar no solo las pensiones, si no que puestos a una, privatizar la gestión del ministerio de trabajo y convertirse en accionistas del mismo, ya que va siendo cada vez más un misterio el trabajo para gran parte de la población y ante el cual ni tomando valerianas mucha gente conciliará el sueño a este paso. Y no hay que olvidar que somos accionistas del estado como ciudadanía.