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El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas asegura que la elevada demanda de suelo en las ciudades y en el campo han alimentado la especulación, la inflación y las prácticas agrícolas insostenibles, al tiempo que ha mermado el acceso a los medios de subsistencia de sus poblaciones.
La tierra es de quien la trabaja

Miles de personas dependen del uso de la tierra para su subsistencia. No para la especulación y le lucro, sino para comer cada día y, sin embargo, sus derechos no son respetados. En este escenario, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU asegura que los Estados están obligados a salvaguardar el acceso equitativo a la tierra y su uso y deben abstenerse de desalojar a los usuarios de las tierras de las que dependen para su subsistencia. Esta exigencia se contiene en una nota de orientación cuyo objetivo es aclarar las obligaciones de los Estados en relación con el acceso a la tierra, su uso y control, en particular sobre cuestiones acuciantes que afectan a los derechos humanos, como el desalojo de los usuarios de la tierra, la inversión internacional, los conflictos relacionados con la tierra y el cambio climático.

Los expertos de Naciones Unidas señalan que, en las ciudades, la financiación de los mercados de la vivienda ha alimentado la especulación y la inflación, afectan a los derechos a un nivel de vida adecuado y a una vivienda adecuada de los que se han quedado atrás. Mientras, en las zonas rurales, la competencia por la tierra cultivable de los proyectos de desarrollo a gran escala y el turismo ha afectado significativamente a los medios de subsistencia y los derechos de sus poblaciones. La distribución estructuralmente desigual de la tierra también puede ser una de las principales causas de los conflictos, que a su vez también provocan desplazamientos forzosos y desposesión de tierras, lo que repercute en los más vulnerables.

Además, el comité del organismo internacional recuerda que, en muchas partes del mundo, la tierra no es sólo un recurso para producir alimentos, generar ingresos y desarrollar viviendas; también constituye la base de prácticas sociales, culturales y religiosas y del disfrute del derecho a participar en la vida cultural. Esta observación se produce después de que la elevada demanda de suelo y la rápida urbanización en la mayor parte del mundo hayan afectado significativamente los derechos recogidos en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Por su parte, la observación general refleja, además, la preocupación del Comité por el impacto del cambio climático en el acceso a la tierra. "El aumento de las temperaturas, los cambios en los regímenes de precipitaciones y la frecuencia cada vez mayor de fenómenos meteorológicos extremos como sequías e inundaciones afectan cada vez más al acceso a la tierra", explican los expertos. Por ello, recuerda que "los Estados tienen la obligación de diseñar políticas de adaptación al cambio climático a nivel nacional que tengan en cuenta todas las formas de modificación del uso de la tierra” inducidas por este fenómeno.

Finalmente, la publicación ofrece consejos específicos sobre los derechos legítimos de tenencia de las tierras a los Estados Parte del Pacto, a los que recomienda abstenerse de desalojar a los usuarios de las tierras de las que dependen para su subsistencia y de utilizar los desalojos forzosos y la demolición de propiedades como medidas punitivas. En este sentido, el Comité pide a los Estados que "introduzcan y apliquen una legislación nacional que prohíba explícitamente los desalojos forzosos y establezca un marco para que los procesos de desalojo y reasentamiento se lleven a cabo en consonancia con el derecho y las normas internacionales de derechos humanos".

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