Durante la tercera y última jornada de la Cumbre del G7 celebrada el pasado domingo 13 de junio en Inglaterra, los jefes de Estado respaldaron nuevos objetivos medioambientales. Asimismo, se comprometieron a luchar contra el coronavirus mediante la donación de 1.000 millones de dosis de vacunas a países de menores recursos.
Líderes del G7 renuevan su compromiso de luchar contra el cambio climático

El Grupo de los Siete, más conocido como “G7 es un foro de siete economías muy industrializadas: Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos. Su objetivo es coordinar las finanzas, la economía, el empleo, la seguridad, la política comercial, el medio ambiente y muchas otras áreas de interés común.  El pasado domingo 13 de junio finalizó la primera cumbre en persona en casi dos años debido a la pandemia. Durante la reunión se acordaron importantes compromisos entre los que se destacan la intención de luchar contra la emergencia climática y la crisis provocada por el coronavirus.

En primer lugar, las y los líderes mundiales acordaron proteger el 30% de la tierra y los océanos para el final de esta década. En este sentido, se propusieron redoblar la lucha contra el cambio climático, refrendaron un impuesto mínimo universal a las grandes corporaciones y acordaron hacer frente a prácticas económicas "antimercado" de China. En su primera gira internacional como presidente, Biden y los demás líderes del G7 aprovecharon la cumbre para reafirmar su alianza tras el conflictivo mandato del expresidente estadounidense Donald Trump y su falta de compromiso explícito para con el medioambiente.

Un importante anuncio que se hizo fue que el G7 aportará 100.000 millones de dólares para finanzas verdes. La inversión se supone que se realizará de aquí al 2025 para ayudar a que los países en desarrollo reduzcan las emisiones de carbono y ejecuten acciones concretas frente al calentamiento global. Si bien se trata de una medida de gran relevancia, es preciso recordar que una promesa igual se hizo en 2009, cuando los países miembros de Naciones Unidas acordaron contribuir juntos 100.000 millones de dólares cada año hasta 2020 para los países más pobres pero dicho objetivo no se cumplió. 

Más allá de las finanzas verdes, los países del G7 tienen un compromiso directo con el cambio climático, pues tan solo esas siete naciones son responsables del 20% de las emisiones globales de carbono.  Al respecto, las naciones presentes en la cumbre se comprometieron a un "Pacto por la Naturaleza", destinado a detener y revertir la pérdida de biodiversidad que también les comprometerá a reducir casi a la mitad sus emisiones de carbono para 2030. Esto incluye la obligación de utilizar únicamente, "lo antes posible", el llamado carbón limpio para la producción de energía, el fin de las ayudas gubernamentales a los combustibles fósiles en el extranjero y la eliminación progresiva de automóviles de gasolina y diésel. En el comunicado conjunto, los representantes solo se comprometieron a “acelerar los esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mantener el umbral de calentamiento global de 1,5°C”, sin precisar qué acciones tomarían para lograr esa meta que se fija el Acuerdo de París.

En declaraciones públicas, Boris Johnson remarcó la obligación del G7 de promover y defender la democracia y los derechos humanos y ayudar a "los países más pobres del mundo a desarrollarse de una manera limpia, verde y sostenible". Por su parte, La canciller alemana, Angela Merkel, celebró los resultados de la cumbre del Grupo de los Siete sobre el cambio climático como un "fuerte compromiso", a pesar de que los países ricos industrializados no pudieron acordar una fecha para la eliminación del carbón. Si bien los líderes de las siete principales naciones industrializadas dijeron que establecerán planes para reducir las emisiones de la agricultura, el transporte y la fabricación de acero y cemento, desde sectores ambientalistas advirtieron que las promesas carecían de detalles concretos.

Evidentemente, la agenda estuvo atravesada por los temas urgentes vinculados a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. Al respecto en la cumbre, los líderes prometieron donar 1.000 millones de dosis de vacunas contra la Covid-19 a naciones más pobres para fines de 2022. Johnson afirmó que las dosis de vacuna prometidas vendrían tanto directamente de los países como a través del programa internacional Covax, auspiciado por la ONU. La mitad de los 1.000 millones de dosis serán donadas por Estados Unidos, tal como anunció Biden la semana pasada, y 100 millones serán donadas por el Reino Unido. Un compromiso que no alcanza a cubrir ni cerca las 11.000 millones de dosis que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que se necesitaban para vacunar al 70% de la población mundial y contener definitivamente la pandemia. Oxfam también señaló que la cifra es insuficiente para erradicar una pandemia que ya ha matado a 3,7 millones de personas en todo el mundo. Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, insistió ante reporteros que las vacunas “deberían ser consideradas bienes públicos mundiales a disposición de todos”. 

Si todos los anuncios realizados durante la encuentro se cumplen, podría significar un importante avance en materia medioambiental para, de una vez por todas, detener la emergencia climática. Sin embargo, agrupaciones ambientalistas de todo el mundo protestaron en inmediaciones de la cumbre ya que sospechan que serán promesas vacías que luego, como sucede muchas veces, sólo queda en palabras y no acciones. 

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