La jornada 'Desobediencia civil: en el ejercicio de la conciencia' organizada por la plataforma Quiero que trabaja en la ecuación negocio, sostenibilidad y marca, ha querido buscar las respuestas a estas preguntas dentro de su iniciativa Quiero Filosofía: ¿Es legítima la desobediencia civil? ¿Es un acto de violencia en sí? ¿Qué entendemos por violencia? ¿El fin justifica los medios?
Protesta no violenta para una movilización ciudadana que defienda los derechos sociales

El espacio de reflexión se celebró en el marco de la COP25, en el que participaron representantes de diferentes ámbitos como el científico, político, medioambiental o filosófico: Annie Machordom, investigadora del Museo de Ciencias Naturales; Javier García Raboso, miembro de la Comisión Legal Sol y experto en jurisprudencia; Pablo Sallabera Moszczynska, estudiante de antropología y miembro del movimiento Fridays For Future/Juventud por el Clima; y Arturo Martínez, doctor en filosofía, especialista en antropología y estética, poeta.

El fundador de Quiero, José Illana indicó que “con esta nueva edición de Quiero Filosofía queríamos pararnos a pensar qué se entiende por desobediencia civil, cómo se articula en la sociedad, cómo queda recogida en las leyes y los derechos que tenemos como ciudadanos para practicarla. Además, queríamos desgranar los motivos que nos pueden llevar a movilizarnos a través de la desobediencia civil y de manera apasionada a través de la acción donde no llega la razón”.

Estamos asistiendo a momentos de despertar de la desobediencia civil de los ciudadanos ante las desigualdades de Chile, Bolivia o Chile. Un fenómeno que no es exclusivo de países menos desarrollados y que también se da en Europa como las protestas de los chalecos amarillos en Francia, las movilizaciones contra el cambio de modelo de pensiones francés o el 15M español. También son muy visibles las movilizaciones políticas de Hong Kong o las Primaveras Árabes, además de las recientes huelgas climáticas protagonizadas por movimientos juveniles como Fridays For Future o Extinction Rebellion.

Los expertos hicieron hincapié en las diferencias entre desobediencia civil y no violencia, en la vinculación con la ética personal, entendiendo la desobediencia civil como un ejercicio de conciencia, y en cómo se recurre a esta vía como una forma de movilización social cuando ya otras vías como las políticas no son suficientes para provocar el cambio. En esa conversación se dio mucho protagonismo al papel del individuo para movilizarse y a la consciencia de cada uno para protestar a través de la desobediencia civil, que es una decisión personal.

Javier García Raboso, experto en jurisprudencia y miembro de la Comisión Legal Sol, que surgió horas después de que finalizara la manifestación que dio origen a la acampada de Sol del 15M de 2011, asegura que “históricamente, los grupos que han trabajado por la lucha de los derechos de los demás son vistos por parte de la sociedad como una gran amenaza. Por eso, cuando existe desobediencia civil la represión pretende desmovilizar y la protesta pacífica siempre va precedida de la criminalización, como en el caso de Greta Thunberg, a quien la presentan como un ‘juguete’ en la lucha por el cambio climático por intereses de sus padres y de lobbies ecológicos, o en el caso de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca que se presentaban como contrasistemas económicos o de la Ley Mordaza para limitar las protestas ciudadanas”. 

García Raboso hizo una clasificación en tres vías de represión la desobediencia civil: por vía administrativa, frente al ciudadano que “individualiza el sufrimiento”, la penal que “lo castiga directamente” y el uso excesivo de la fuerza contra la sociedad civil que puede llegar a vía penal y administrativa.

Desde el punto de vista filosófico, Arturo Martínez, doctor en filosofía, especialista en antropología y estética, y poeta, analizó la vinculación de la desobediencia civil con la ética, presentando tres tipos de ética: la de los valores absolutos de la Grecia Clásica, en el que el criterio del bien es la verdad y la justicia; la ética de la alteridad donde el concepto del yo entra en juego, así como el del cuidado de los otros. El último tipo es la ética de los valores en la que “los valores subjetivos entran en juego, en una sociedad líquida y una cultura fragmentada en la que todo es volátil y desde ahí se puede justificar todo, hasta la violencia en la desobediencia civil”.

Pablo Sallabera Moszczynska, estudiante de antropología y miembro del movimiento Fridays For Future/Juventud por el Clima, explicó por su parte que en su caso la desobediencia climática se debe a “un compromiso con la justicia climática y de empatía con los que están sufriendo el cambio climático de manera más aguda en los países más pobres”. Para Sallabera la desobediencia civil “supone en muchos países jugarse la vida. Por eso es necesaria para unir diferentes intereses de una sociedad fragmentada y avanzar en los desafíos sociales, porque la desobediencia civil es un paso previo para que los diferentes actores de la sociedad se pongan a dialogar en una mesa”.

Desde la comunidad científica, Annie Machordom, investigadora del Museo de Ciencias Naturales, donde trabaja en la sistemática molecular de invertebrados marinos, comentó: “La ciencia lleva más de 50 años alertándonos de que estamos incidiendo directamente en la variación del clima y acelerando el cambio climático. Si como seres humanos estamos desconectados de la naturaleza cómo vamos a cuidar del medio ambiente. Por eso los científicos e investigadores vivimos una frustración con la emergencia climática de que no haya llegado antes a la conciencia global a pesar de que llevamos muchos años trasladando a la sociedad el impacto negativo del cambio climático”.

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