El comercio ilegal de basura —desde aparatos electrónicos hasta plásticos y metales— se consolida como una de las economías ilícitas más lucrativas y difíciles de perseguir. Según la ONU, sus impactos ambientales y sanitarios golpean especialmente a los países con menos recursos, mientras la falta de sanciones armonizadas facilita rutas internacionales para evadir controles.