En tiempos de inestabilidad económica y crisis climática, es esencial ser consciente de los problemas que afectan a la sociedad actual y tratar de desempeñar un papel activo en su solución. Con este objetivo, muchas personas deciden cambiar sus hábitos de consumo, priorizando la compra de artículos de segunda mano o apostando por los productos locales o de cercanía, por poner algunos ejemplos, pero ¿qué nos impide trasladar este cambio de hábitos a entornos como el financiero?