Un reciente análisis de la OIT y la FAO vuelve a poner el foco en una deuda histórica de la región: garantizar trabajo decente para quienes sostienen la seguridad alimentaria del continente. Según advierten ambas agencias de la ONU, la informalidad en el sector agrícola supera el 80% y golpea con especial dureza a mujeres, jóvenes y población rural, perpetuando desigualdades y vulnerando derechos fundamentales.