También es insostenible desde el punto de vista ecológico, ya que se priman los monocultivos, con lo que implica eso para la pérdida de diversidad, contaminación de suelos, emisiones brutales de CO2, alteración de los ciclos del agua...
Pero, ¿por qué ocurre esto? El sistema agroalimentario forma parte inseparable de otro sistema, el sistema económico mundial que sólo tiene una regla: maximizar el beneficio económico. Y a ella supedita todo lo anterior. Y en la consecución de sus fines no sólo es insostenible, sino también presa de grandes contradicciones: desperdicio alimentario, comida basura, alimentación insana….
Ejemplos de la maldad de este sistema hay muchos. Diez multinacionales controlan más del 50% de la producción de alimentos. Más de un millón de campesinos en la India se ha suicidado por las deudas en la compra de semillas de transgénicos y se han deforestado millones de hectáreas para producir alimentos transgénicos como la soja o aceites perniciosos como el de palma. Cualquiera de nuestros productos masivos de consumo, como alimentos, cosmética e higiene, ropa o tecnología, tienen detrás una historia de destrucción, contaminación, explotación y degradación. Una historia criminal. Porque como dijo un antiguo asesor de la ONU: “La maximización del beneficio es la estrategia asesina de las multinacionales”.
Con esto, la pregunta es si la agricultura ecológica es una alternativa. Según se va expandiendo y formalizando, esta nueva agricultura se normativiza. Hoy es agricultura ecológica cualquier agricultura que cumpla las normas. Pero existe otra alternativa: la agroecología. Este tipo de producción surge de forma pionera de la mano de pequeños agricultores que buscan otro modo de relacionarse con la tierra, pero también con las personas y con el comercio, lo que la distingue de la agricultura ecológica, que no tiene en cuenta estos aspectos de relación con el entorno.
Lo básico y común a las dos es que se trata de producir desde el respeto al suelo y a la naturaleza, con prácticas culturales no lesivas, sin el uso de agroquímicos ni en fertilizantes ni en tratamientos fitosanitarios. ¿Es una alternativa? Los detractores nos dirán que no, que se produce poco, que no es rentable, que no es capaz de dar de comer a todo el mundo… Argumentos perfectamente rebatibles.
Conforme esto va creciendo, las multinacionales también se apuntan el negocio Bio. Todo les vale si hay negocio. Pero la agricultura ecológica no será una alternativa real, extensible, si a la vez no cambia el resto del sistema económico capitalista; es imposible. Ya tenemos hasta Normativa frente el Greenwashing. Necesitamos un cambio que afecte al conjunto de la sociedad para que las alternativas en la agricultura y en otros sectores productivos que hagan un mundo habitable, universal y con futuro puedan ir teniendo su lugar. De esa manera, están surgiendo propuestas universitarias para ofrecer alternativas sostenibles y que, a la vez, puedan ser rentables.
Mientras tanto, nos queda seguir siendo un polo que cuestiona y tira fuerte del sistema capitalista hacia el cambio, la conversión, mostrando sus enormes contradicciones y que serían posibles otros modos y maneras.