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La desigualdad entre mujeres y hombres en el mercado laboral no empieza en la empresa, sino mucho antes: en el reparto desigual de los cuidados, en la maternidad, en los sesgos familiares sobre las aspiraciones educativas y en la distinta valoración del talento. Así lo recoge el último número de Papeles de Economía Española, editado por Funcas, que analiza cómo esas brechas se acumulan a lo largo de la vida y condicionan el empleo, los salarios, la pobreza y la seguridad económica de las mujeres en España y Europa.
La brecha laboral de las mujeres empieza en casa

La desigualdad de género en el empleo no puede entenderse solo desde lo que ocurre en el mercado laboral. Según expone Funcas en el nuevo número de Papeles de Economía Española, muchas de las brechas que afectan a la participación laboral, la estabilidad en el empleo, los salarios o la segregación ocupacional tienen su origen en el ámbito doméstico y familiar, donde se siguen concentrando buena parte de los cuidados y del trabajo no remunerado.

El monográfico, titulado “La huella del género: empleo, familia y decisiones (diferentes caminos y mismas barreras)” y coordinado por Ana I. Moro Egido, plantea una lectura amplia de la desigualdad: no como una suma de episodios aislados, sino como un proceso acumulativo que acompaña a las mujeres a lo largo del ciclo vital y termina afectando a sus ingresos, su trayectoria profesional y su seguridad económica en la vejez.

Políticas públicas con efectos desiguales

Uno de los ejes del número se centra en el papel de las instituciones y de las políticas públicas. En este apartado, Maite Blázquez y Ainhoa Herrarte analizan cuatro programas de empleo y formación dirigidos a personas desempleadas de larga duración en la Comunidad de Madrid. Su investigación concluye que los hombres mayores de 30 años obtienen mejores resultados en los programas de reactivación profesional, accediendo a puestos de mayor calidad, mientras que las mujeres mejoran sobre todo a través de itinerarios de cualificación que desembocan, con más frecuencia, en empleos precarios.

También desde la perspectiva de las políticas de igualdad, Estrella Gómez y Marc Riera comparan la evolución de Suecia, España y Grecia entre 2013 y 2024 a partir del Índice de Igualdad de Género del Instituto Europeo de la Igualdad de Género (EIGE). Su principal conclusión es que los avances son mayores cuando las medidas no son voluntarias, sino obligatorias, y cuando van acompañadas de mecanismos de control y sanción efectivos.

En el ámbito laboral, Virginia Hernanz y Mario Izquierdo examinan el uso del contrato fijo-discontinuo tras la reforma laboral de 2021. Aunque esta figura ha contribuido a reducir la temporalidad, el estudio advierte de un efecto menos visible: el aumento de la intermitencia en el empleo femenino. En la práctica, sostienen los autores, parte de la precariedad no desaparece, sino que cambia de forma.

El bloque se completa con el trabajo de María Navarro y Ana I. Moro Egido sobre la transmisión intergeneracional de la pobreza. La investigación identifica el abandono escolar como uno de los principales mecanismos por los que la pobreza se reproduce entre generaciones y subraya que el impacto es especialmente intenso en las mujeres: la penalización en términos de riesgo de pobreza es más del doble que en el caso de los hombres.

Un mercado laboral que sigue reproduciendo desigualdades

El segundo bloque del monográfico, según detalla Funcas, pone el foco en cómo la estructura del mercado de trabajo, la segregación ocupacional y el cambio tecnológico siguen configurando brechas de género persistentes.

Raquel Carrasco y Ana Nuevo Chiquero estudian la evolución de las ocupaciones feminizadas entre 2005 y 2024 y concluyen que el aumento de la participación laboral de las madres no ha ido acompañado de una transformación real en el tipo de tareas que desempeñan. La aparente convergencia con el empleo masculino responde, en gran medida, a cambios en la composición educativa de las trabajadoras y no a una modificación estructural de los roles laborales asignados a unas y otros.

Por su parte, Raquel Sebastian analiza el efecto de la automatización y de la inteligencia artificial sobre la desigualdad salarial entre 1994 y 2024. El estudio señala que la automatización ha contribuido a reducir la brecha salarial de género, pero al mismo tiempo ha incrementado la desigualdad agregada. En el caso de la inteligencia artificial, el resultado apunta en una dirección similar: puede alterar las brechas entre mujeres y hombres, pero también ampliar las desigualdades generales del mercado laboral.

A esta lectura se suma la investigación de Jimena Contreras y Claudia Hupkau sobre la brecha salarial entre 2010 y 2022. Las autoras observan que la parte “inexplicada” de esa brecha se ha desplazado desde factores de composición hacia diferencias de remuneración dentro de sectores y empresas concretas, lo que, a su juicio, refuerza la necesidad de diseñar medidas adaptadas a cada actividad económica.

Cuidados, maternidad y decisiones familiares

El tercer bloque aborda de lleno la relación entre familia, género y resultados económicos, uno de los núcleos centrales del monográfico. En este terreno, Lídia Farré, Libertad González y Claudia Meza Cuadra examinan cómo cambió el reparto del tiempo en los hogares españoles entre mayo de 2020 y mayo de 2022, tras la pandemia. El análisis muestra una mayor implicación de los padres en el cuidado de los hijos, lo que redujo la brecha de género en el total de horas trabajadas. Sin embargo, las diferencias en empleo remunerado y en tareas domésticas apenas variaron, lo que sugiere que los cambios en corresponsabilidad siguen siendo limitados.

La elección de estudios superiores también aparece marcada por los mandatos de género. Pilar Beneito y Óscar Vicente Chirivella estudian la influencia de la educación y la ocupación de los progenitores en las decisiones universitarias de sus hijos e hijas y constatan que persisten diferencias de género en el acceso a carreras STEM y a titulaciones asociadas a mayores ingresos. El trabajo destaca, además, el peso de las madres como referentes en estas trayectorias.

Otra de las contribuciones pone cifras al llamado “coste de la maternidad”. Odra Quesada analiza la evolución del empleo de madres y padres desde 2007 y concluye que la llegada de los hijos agranda las diferencias laborales, especialmente por el aumento del trabajo a tiempo parcial entre las mujeres. La maternidad, por tanto, sigue operando como un factor de penalización laboral con efectos duraderos.

El impacto del género también alcanza a la acumulación de riqueza y al patrimonio. En este sentido, Mayssun El Attar Vilalta y Raquel Fonseca estudian las consecuencias económicas de la viudedad y concluyen que este proceso beneficia principalmente a los hombres, mientras que las viudas tienden a perder activos financieros y empresariales, lo que agrava su vulnerabilidad económica.

Sesgos que persisten también en la cultura y la toma de decisiones

El cuarto y último bloque amplía la mirada hacia mecanismos más sutiles, pero igualmente decisivos, en la reproducción de la desigualdad. Maria Cubel y Melanie Michelle Mahovshy analizan cómo influyen el género de quien asesora y la cantidad de información disponible en la disposición de las personas a seguir recomendaciones externas, con especial atención a contextos de incertidumbre como la pandemia.

Por su parte, Maria Cubel y Santiago Sánchez Pagés examinan los sesgos de género en la crítica cinematográfica y concluyen que el propio diseño de las escalas de evaluación puede reforzar discriminaciones. Su estudio muestra que las escalas rígidas de cinco puntos tienden a penalizar de forma sistemática a las películas dirigidas por mujeres, un efecto que procede casi exclusivamente de críticos varones y que se reduce cuando se emplean sistemas de valoración más detallados.

Una desigualdad que se acumula a lo largo de la vida

La principal aportación del monográfico, según resume Funcas, es mostrar que la desigualdad de género no responde a un único factor ni a un momento concreto, sino a una cadena de desventajas que se alimentan entre sí. La organización del cuidado, la maternidad, la segregación educativa, la precariedad laboral, la desigualdad salarial o la pérdida de patrimonio en etapas posteriores forman parte de un mismo entramado.

En conjunto, Papeles de Economía Española dibuja un diagnóstico claro: la igualdad real no depende solo de abrir oportunidades en el empleo, sino de intervenir también sobre los mecanismos familiares, culturales e institucionales que siguen empujando a mujeres y hombres por caminos distintos. Porque, como advierte la publicación de Funcas, la huella del género no desaparece al entrar en el mercado laboral: empieza mucho antes y deja consecuencias que se prolongan durante toda la vida.

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