
Según el estudio ¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes?, elaborado por Moeve junto a PwC, estas soluciones energéticas podrían transformar el modelo energético europeo en las próximas décadas. El análisis plantea que las moléculas verdes llegarían a sustituir entre el 30% y el 50% de la demanda actual de combustibles fósiles en 2050, representando cerca de un tercio del mix energético de la Unión Europea.
El informe sitúa a tecnologías como el hidrógeno renovable y sus derivados, el biometano o los biocombustibles de segunda generación en el centro de la estrategia europea para reforzar la seguridad energética en un contexto marcado por la volatilidad geopolítica y las tensiones en las cadenas de suministro.
Uno de los principales hallazgos del estudio es el potencial de estas soluciones para reducir la dependencia energética exterior del continente. Según las estimaciones recogidas en el informe, Europa podría pasar de una dependencia del 57% en 2024 a apenas un 28% en 2040 gracias al despliegue de las moléculas verdes y al aprovechamiento de recursos renovables producidos localmente.
Además de reforzar la autonomía energética, estas tecnologías tendrían un papel relevante en la reducción de emisiones. El análisis concluye que su implantación en actividades industriales y de transporte difíciles de electrificar podría contribuir a disminuir hasta un 22% las emisiones de CO₂ de Europa en 2050.
Los sectores más beneficiados serían aquellos con una elevada intensidad energética, como la industria pesada, la producción química o el transporte marítimo y aéreo de larga distancia, ámbitos donde la electrificación directa sigue presentando importantes limitaciones técnicas.
El estudio también aborda uno de los principales debates asociados a la transición energética: el denominado green premium, es decir, el sobrecoste de las alternativas sostenibles frente a los combustibles fósiles.
Según el informe, este diferencial económico tenderá a reducirse progresivamente gracias a la caída del coste de las energías renovables, la mejora de la eficiencia tecnológica y el incremento del precio asociado a las emisiones de carbono.
Los autores sostienen que el impacto sobre los productos de consumo final sería relativamente reducido. Como ejemplo, calculan que transportar desde Asia hasta Europa unas zapatillas valoradas en 100 euros utilizando combustibles renovables supondría un incremento aproximado de apenas 50 céntimos en el precio final.
Asimismo, el documento apunta que los biocombustibles avanzados utilizados actualmente en el transporte por carretera, marítimo y aéreo podrían alcanzar la paridad de costes con los combustibles convencionales durante la próxima década. Los combustibles sintéticos basados en hidrógeno verde seguirían una evolución similar en la década de 2040.
El informe insiste en que el desarrollo de las moléculas verdes dependerá en gran medida de la capacidad de Europa para acelerar inversiones y generar las condiciones necesarias para su despliegue industrial.
Entre las prioridades identificadas figuran la creación de marcos regulatorios estables que generen señales claras de demanda, el establecimiento de mecanismos de apoyo económico durante las primeras fases de desarrollo, la expansión de infraestructuras de producción, transporte y almacenamiento, así como el fortalecimiento de la colaboración entre administraciones públicas y empresas.
Según destaca Moeve, las decisiones que se adopten durante esta década serán determinantes para que Europa pueda escalar estas tecnologías a partir de 2030, consolidar su competitividad industrial y avanzar hacia los objetivos climáticos fijados por el Pacto Verde Europeo.
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