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Delegaciones de 179 países se reúnen en Ginebra con el objetivo de negociar un tratado internacional jurídicamente vinculante para combatir la contaminación plástica. Las previsiones apuntan a un aumento del 50% en las fugas de plástico al medio ambiente para 2040 si no se toman medidas urgentes, según alerta el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
La ONU avanza hacia un acuerdo global para frenar la crisis del plástico

Del 5 al 14 de agosto, más de 1.900 participantes —incluidos delegados de 179 Estados, representantes de la industria, organizaciones observadoras, científicos y activistas medioambientales— se dan cita en la sede de Naciones Unidas en Ginebra. ¿El objetivo? Avanzar en la redacción de un instrumento legal global que aborde la contaminación por plásticos a lo largo de todo su ciclo de vida.

Este proceso responde al mandato adoptado en 2022 por los Estados miembros de la ONU, que se comprometieron a desarrollar en dos años un acuerdo internacional jurídicamente vinculante para poner fin a la crisis de los residuos plásticos, tanto en tierra como en el medio marino.

Una amenaza creciente para el planeta y la salud humana

El alcance del problema es abrumador. Según el PNUMA, de los más de 500 millones de toneladas de plástico consumidas en 2024, unas 399 millones se convertirán en residuos. Y si no se revierte la tendencia actual, para 2060 la cantidad de residuos plásticos podría triplicarse, generando impactos devastadores en el medio ambiente, la economía y la salud pública.

La revista médica The Lancet ha subrayado recientemente que los efectos de los plásticos en la salud humana son generalizados y se producen a lo largo de todo el ciclo de vida de estos materiales. Los niños y los bebés son los más expuestos. Además, los costes económicos derivados de las enfermedades asociadas al plástico se estiman en más de 1,5 billones de dólares al año. “La contaminación plástica representa un peligro grave, creciente y poco reconocido para la salud humana y del planeta”, señala The Lancet.

Un tratado comparable al Acuerdo de París

Muchos expertos y responsables políticos consideran que este tratado podría tener una relevancia global similar a la del Acuerdo de París sobre cambio climático. El borrador de 22 páginas que se discute en Ginebra incluye 32 posibles artículos, que serán examinados línea por línea durante los diez días de trabajo del Comité Intergubernamental de Negociación.

Según el documento base, el futuro tratado debería cubrir todo el ciclo de vida del plástico —desde su diseño y producción hasta su gestión y eliminación— con el objetivo de “promover la circularidad de los plásticos y prevenir su fuga al entorno”. Uno de los desafíos clave en las negociaciones es la presión de ciertos países productores de petróleo y gas —materiales básicos para la fabricación de plásticos— que intentan frenar o suavizar el alcance del acuerdo. A pesar de ello, las organizaciones ambientalistas, varios gobiernos y sectores de la ciencia insisten en la necesidad urgente de adoptar medidas estructurales.

“No podemos confiar únicamente en el reciclaje para solucionar la crisis de los plásticos. Hace falta una transformación profunda hacia una economía verdaderamente circular”, remarcó Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA.

Hacia una solución global

Las sesiones de Ginebra forman parte de una hoja de ruta internacional que comenzó en Uruguay en noviembre de 2022 y ha continuado en Francia, Kenia, Canadá y Corea del Sur. Bajo la coordinación de Jyoti Mathur-Filipp, secretaria ejecutiva del Comité Intergubernamental de Negociación, las partes buscarán alcanzar un consenso que permita aprobar un tratado ambicioso y eficaz en la lucha contra la contaminación plástica.

El embajador ecuatoriano Luis Vayas Valdivieso, presidente del Comité, lidera las discusiones actuales con el objetivo de consolidar los avances y definir un texto final antes de que termine 2025.

Con previsiones que alertan de un posible aumento del 50% en las fugas de plásticos al medio ambiente para 2040, el momento de actuar es ahora. El coste de no hacerlo podría ascender, según el PNUMA, a 281 billones de dólares entre 2016 y 2040. La comunidad internacional encara estos días en Ginebra una oportunidad crucial para cambiar el rumbo y sentar las bases de una transición global hacia modelos de producción y consumo más sostenibles.

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