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 En el mundo globalizado de hoy, el desarrollo sostenible ocupa un lugar destacado en las agendas públicas y privadas, locales, nacionales e internacionales. Sin duda el gran protagonismo es para las compañías multinacionales, pues han asumido que ésta es una realidad a la que no pueden abstraerse. Pero no, la empresa no tiene la exclusividad.

 

Esther Trujillo

En el mundo del turismo, concretamente, el campo del desarrollo sostenible es extenso y frondoso, y es además rico en posibilidades a menudo desconocidas e inexploradas. Pues si hay un sector que tiene lazos de interdependencia con el entorno natural, social y cultural, es éste. Podríamos afirmar que sin desarrollo social, económico, cultural y ambiental, no hay turismo, y que sin turismo este desarrollo se vería muy limitado.


    Por ello, por la magnitud del impacto que el sector tiene sobre el desarrollo humano, ambiental y cultural de los pueblos, los distintos actores implicados hemos de tomar conciencia. Todos.


    Las administraciones públicas van avanzando en esta línea. En América Latina donde las necesidades sociales son más acuciantes, estamos asistiendo a una creciente preocupación por el turismo y por el medioambiente. Perú, por mencionar alguno, ha dado un paso con la creación del Ministerio de Medio Ambiente durante el ejercicio 2008; existe para este Ministerio una agenda coordinada con la cartera de Turismo y Comercio Exterior. La coordinación interministerial está en la agenda de muchos gobiernos pues, al igual que en las empresas la gestión de la responsabilidad social o el desarrollo sostenible son aspectos transversales, en los agentes públicos también lo son. Y así se refleja en la composición del Consejo Estatal de la RSC en nuestro país, por citarnos a nosotros mismos.


    En el tercer sector el cambio al que estamos asistiendo es también estratégico y significativo. Sobre todo, es de reconocer que las ONGs cada día más se aproximan al mundo empresarial desde la colaboración y no desde la confrontación, y desde la participación, no sólo desde el donativo o la consecución de fondos, descubriendo lo que el sector privado puede aportar, que es mucho más que dinero. Aún hay mucho camino que recorrer, en todo caso, pues a unos y otros nos cuesta mucho encontrar el plano de igualdad en el que no se presuponga la culpa a la empresa y la inocencia a la ONG. El tiempo lo cura todo, y esto está, como digo, empezando a moverse. Existen buenos ejemplos de proyectos de cooperación al desarrollo en los que se integran los esfuerzos y se cubren los objetivos de las empresas turísticas y de la sociedad: formación para el empleo en países en vías de desarrollo, promoción de la cultura y la artesanía local, o comercio justo integrado en las operaciones diarias, por ejemplo.


    Los consumidores, o clientes, o ciudadanos, estamos siendo los más tímidos a la hora de avanzar en el compromiso con el desarrollo y la globalización responsable. Queremos reciclar, pero que nos pongan el contenedor cerquita de casa. Queremos ahorrar energía, agua, o papel, pero sin perder la comodidad. Queremos que las empresas hagan productos que sean respetuosos con el medioambiente pero no estamos muy dispuestos a pagar más por ellos. El sector turístico tiene un gran reto en la educación de sus clientes; y también lo tiene especialmente complicado si no tiene su complicidad. Los sistemas y recursos que se utilizan en un hotel, por ejemplo, para el ahorro hídrico o energético, y que a veces son de lo más sofisticado, sirven de poco si el cliente no pone de su parte. Algunos han visto un enorme ámbito de trabajo en esto, lo que podríamos llamar “conciencia ambiental”. Las posibilidades de colaboración entre las organizaciones de consumidores y el sector turístico son enormes, a menudo están tan al alcance de la mano que no las vemos. Imaginemos, por ejemplo, el potencial de influencia que tiene una empresa como Sol Meliá, con más de 25 millones de estancias anuales en sus más de 80.000 habitaciones.


    Por último, y quizá debería estar el primero, se encuentra el sector empresarial. No faltan iniciativas sectoriales en torno al medioambiente, lo social, u otros aspectos del desarrollo sostenible y la responsabilidad social. La Organización Mundial del Turismo es un buen ejemplo de progreso en este sentido, pues ha colocado sin miedo el cambio climático y otros asuntos en su agenda, implicando al sector privado, y de la mano de otros actores sociales.


    Por todo ello es una buena noticia que otros actores sociales se agrupen y asocien para trabajar en este campo, extenso y frondoso. Pues las grandes soluciones a los grandes retos del desarrollo sostenible, como dice el 8º Objetivo del Milenio, requieren de una alianza global en la que cada cual asuma su parte de responsabilidad desde una actitud proactiva y abierta a la colaboración. Una alianza que a todos interesa: el turismo sostenible. Porque si no estamos de acuerdo en esto, no estaremos de acuerdo en nada.



Esther Trujillo

VicePresident Gabinete Institucional y Diplomacia Corporativa

Sol Meliá Hotels & Resorts
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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