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El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) se ha consolidado como una pieza central —y polémica— del nuevo marco climático europeo sin asignaciones gratuitas en el régimen de comercio de derechos de emisión. Concebido para evitar la fuga de carbono y garantizar condiciones de competencia equitativas, este mecanismo trasciende su naturaleza técnica. Mientras industrias europeas lo consideran una protección frente a la competencia desleal, otras fuera de la Unión Europea lo interpretan como una amenaza a su ventaja de costes y una forma de proteccionismo comercial.

El CBAM reconfigura el comercio internacional y redefine el vínculo entre política climática, competitividad y diplomacia. No puede abordarse como un fin en sí mismo, sino como parte de una arquitectura más amplia orientada a una transición ecológica justa. ¿Será una transición justa o una que refuerce desigualdades?

Aún celebrando el día del medio ambiente, la atención vuelve a centrarse en los costos crecientes de no actuar frente a la crisis climática. Pero, el contexto internacional es incierto. El Foro Económico Mundial ya advertía en 2023 sobre dos posibles trayectorias: una orientada a la colaboración en comercio climático, con inversión verde y apoyo técnico para cadenas de valor bajas en carbono; y otra marcada por enfoques unilaterales, clubes climáticos excluyentes y mayor tensión geopolítica. El CBAM podría inclinar la balanza, como apoyamos desde ECODES, por un precio del carbono que construya, no divida.

Hoy, vemos señales contradictorias. Países como India, Brasil o Corea del Sur desarrollan sus propios sistemas de medición, reporte y verificación (MRV), mientras otros promueven mecanismos similares al CBAM. Aunque esto demuestra ambición, también plantea el riesgo de fragmentación regulatoria y pérdida de confianza entre bloques.

La reciente aprobación del paquete legislativo Omnibus en la UE, con ajustes técnicos a la fase transitoria de este sistema —como flexibilidades administrativas o exenciones limitadas—, responde a algunas preocupaciones. Sin embargo, estas modificaciones no sustituyen la necesidad de una estrategia diplomática más estructurada, que aborde las asimetrías entre países y evite que sea percibido como una barrera comercial encubierta.

Desde ECODES promovemos, con espacios de diálogo, una visión del CBAM como una palanca para acelerar la descarbonización global, y no como una herramienta de presión unilateral.

Un eje fundamental en esta transformación es el avance hacia una arquitectura común del precio del carbono. La implementación del Artículo 6 del Acuerdo de París —cuya negociación continuará en Bonn y la COP30— representa una oportunidad decisiva para construir mercados de carbono con reglas compartidas, integridad ambiental y participación equitativa. No obstante, persisten desafíos como la doble contabilidad, la falta de capacidades técnicas en muchos países y la ausencia de marcos de gobernanza robustos.

Un CBAM alineado con el espíritu del Acuerdo de París debe contribuir a la creación de mercados de carbono en el Sur Global, asegurando que el coste de las emisiones se internalice donde se generan, sin trasladar injustamente las cargas. Esto requiere reforzar la cooperación técnica, apoyar el desarrollo de sistemas MRV y acompañar la creación de marcos regulatorios adaptados a cada contexto nacional.

A esta complejidad se suma un nuevo marco geopolítico. El cambio climático ha dejado de ser un desafío meramente ambiental para convertirse en un factor de seguridad nacional, competitividad y posicionamiento estratégico. La retirada de EE. UU. de ciertos espacios multilaterales ha abierto espacios que China y otros actores están empezando a ocupar, consolidando una nueva política climática basada en intereses nacionales más que en compromisos globales.

En este escenario, la UE tiene la responsabilidad de fomentar una transición ecológica global justa con un liderazgo inclusivo, reforzando la diplomacia climática y evitando que este mecanismo se perciba como una sanción encubierta.

A una década del Acuerdo de París, el verdadero desafío no es únicamente cumplir con los objetivos climáticos. Lo que está en juego es la credibilidad del liderazgo europeo, la viabilidad del multilateralismo climático y la posibilidad real de avanzar hacia una economía global neutra en carbono que no deje a nadie atrás.

Construir puentes y no muros es una necesidad. Porque solo una transición ecológica y justa puede consolidar una gobernanza climática eficaz. El CBAM, bien orientado, debe ser parte de esa solución.

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Opinión#medioambiente2025

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