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Taxonomía ambiental: alcance y desafíos

Cada vez son más las compañías e inversiones que se suman a la lucha contra el cambio climático, pero la variedad de metodologías e índices de reporte de esta contribución, su carácter de voluntariedad y la falta de unas bases comunes que faciliten la comparabilidad de la información facilitada, ha dificultado su reconocimiento. Pero la llegada del Reglamento de Taxonomía de la Unión Europea pone fin a esta confusión al determinar los criterios que definen qué actividades contribuyen sustancialmente en la lucha contra el cambio climático, la resiliencia de la economía europea y la protección del entorno y los recursos naturales.

Movilizar capital

La Taxonomía ambiental actúa como hoja de ruta común para empresas e inversores del mercado europeo, identificando las actividades y sectores que ejercen mayor impacto en la transformación hacia una economía sostenible y sirviendo, a la vez, como guía hacia la transición de modelos de negocio circulares y netos en carbono. Un reglamento que pretende actuar como mecanismo de movilización de capital hacia actividades sostenibles.

Unificación de criterios

¿Qué entendemos, en definitiva, como actividad sostenible? La normativa formula para ello seis ámbitos de acción en la lucha contra el cambio climático y la conservación de los ecosistemas naturales: mitigación del cambio climático, adaptación al cambio climático, uso sostenible y protección de los recursos hídricos y marinos, transición hacia una economía circular, prevención y control de la contaminación y, por último, protección y recuperación de la biodiversidad y los ecosistemas. Y, a su vez, identifica las actividades económicas susceptibles de ser consideradas sostenibles para cada uno de estos objetivos.

A estos criterios se suma el hecho de que la compañía debe mostrar que su impacto no perjudica al resto de metas climáticas fijadas y que no se vulnera los derechos humanos fundamentales.

Un reporte transversal

El alcance y nivel de detalle en los criterios técnicos del Reglamento invita a las organizaciones a analizar en profundidad sus distintas áreas, en una colaboración transversal junto a perfiles expertos.

Pasos para reportar taxonomía ambiental:

  1. Análisis de las actividades económicas desempeñadas en la compañía, para identificar aquellas contempladas en el Reglamento como actividades sostenibles.
  2. Diagnóstico de la contribución de cada una de estas actividades dentro de los seis objetivos prioritarios antes mencionados, escogiendo a cuál contribuye de forma significativa a la hora de reportar y asegurando que se cumplen los criterios técnicos determinados.
  3. Garantía de que no se está generando un impacto negativo en el resto de objetivos climáticos, atendiendo a los criterios cualitativos marcados en el reglamento (DNSH, por sus siglas en inglés).
  4. Declaración de respeto de los Derechos Humanos, a través de un proceso de diligencia debida en materia social.
  5. Cálculo y divulgación de los Indicadores Clave de Rendimiento, reportando el volumen de negocio, tanto de las actividades sostenibles como de las que no los son, los gastos de capital y gastos operativos.

El reporte de la Taxonomía ambiental propuesta por el nuevo reglamento europeo sirve, por tanto, para llegar hasta una cifra de porcentaje que muestre qué proporción de un negocio es sostenible y si su modelo contribuye activamente a la lucha contra el cambio climático.

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