Nuevos liderazgos para la sostenibilidad

En 1972 el Informe Meadows ya cuestionaba la viabilidad del crecimiento como objetivo económico planetario. El modelo predictivo global World que aplicaba a partir de simulaciones hasta 2100, anunciaba un colapso para el año 2050 en materia de población, recursos naturales, alimentos, producción industrial y contaminación. El informe ponía contra las cuerdas la meta habitual del crecimiento económico ilimitado al enfrentarla a una tierra de recursos finitos y recalcaba la evidente inviabilidad del aumento permanente de población y sus consumos. El estudio fue fuertemente criticado, tachado de catastrofista por alertar sobre las tendencias de consumo y producción analizadas, poniendo en entredicho el propio sistema. Y aquí estamos, transcurridos casi 50 años, tras varias crisis y una pandemia mundial, el mundo parece entender que es preciso abordar la transición hacia otro modelo más sostenible, tal y como sostenía el informe.

De este modo, para transitar hacia la sostenibilidad y un planeta descarbonizado, el transcurso de este tiempo ha posibilitado ciertos aprendizajes y experiencia acumulada a nivel social e institucional. Pero para hacer posible una transición justa y sostenible van a ser necesarios nuevos liderazgos más allá del impositivo legal, así como nuevos perfiles humanos que sean capaces de catalizar el cambio.

Nuestros modelos mentales e ideario de valores personales, institucionales y empresariales se han fundamentado en la competencia, la jerarquía y el mando, dejando de lado, la colaboración, la horizontalidad y el acuerdo. Ahora que las escuelas de negocio se tiñen de verde y que las instituciones comienzan a entender que no solo se trata de una cuestión ambiental, sino, entre otras muchas cosas, también de salud pública, se percibe la necesidad de líderes y directivos que comprendan y conozcan perfectamente las implicaciones y nuevas formas de hacer para que la sostenibilidad sea posible y efectiva. Es preciso establecer un nuevo orden que promueva la colaboración. Colaborar para avanzar. Establecer colaboraciones público-privadas que sepan escuchar y comprender las necesidades de las personas y de las empresas. Acercarse y preguntar, con el objetivo de facilitar acuerdos, conectar diferentes iniciativas y escalar pequeñas ideas con gran potencial, acelerando el proceso de cambio y los aprendizajes colectivos. Esto requiere de marcos regulatorios adaptados y de inversiones públicas orientadas a la neutralidad climática tan atractiva para la inversión privada. Todo ello, promovido desde las más altas capas de decisión institucionales, superando los obsoletos enfoques exclusivamente ambientales, ya que la sostenibilidad abarca mucho más y exige un cambio de modelo en todos los órdenes.

La innovación en las políticas públicas viene de la mano de liderazgos fuertes e integradores, conectores y disruptivos con capacidad de inspirar, motivar y unir equipos de personas. La complejidad de los retos que enfrentamos –descarbonización de la economía, la transición energética, la aplicación de la economía circular en las cadenas de valor, la reducción de las desigualdades, la digitalización, la movilidad sostenible, etc.-  necesitan de la visión estratégica que alinee la organización definiendo prioridades en el corto y largo plazo. Así mismo, es importante contar con directivos capaces de gestionar el cambio, perfiles flexibles que tengan capacidad para trabajar en red, de forma transversal para lograr acuerdos de base amplia; personas humildes, cercanas, capaces y valientes que sepan interpretar la realidad y que, por tanto, lideren con el ejemplo. Los efectos e impactos que augura el cambio climático van a exigir resiliencia y aptitudes para gestionar la adversidad, además de valentía en la toma de decisiones y acierto a la hora de comunicarlas. Si queremos que las políticas de sostenibilidad cojan velocidad necesitamos los mejores maquinistas.

¡Comparte este contenido en redes!

Síguenos

Síguenos en Twitter Síguenos en Facebook
Top