Lo vemos, lo sentimos: hay ganas de cambio. Hay necesidad de propósito, de trabajar para algo más que para ganar dinero. Muchos profesionales no saben muy bien cómo se aplica la innovación de impacto, pero saben que hay que hacerlo. Y, lo más importante: quieren hacerlo.
Hay ganas de cambio
Ross Findon en unsplash

Lo vivimos en el South Summit: las ponencias dedicadas a impacto social estaban hasta arriba. De hecho, se quedó mucha gente sin poder entrar en la sala donde se impartían las charlas. Una sala que, por cierto, se llamaba The Next Big Thing. Pero imagino que ni los organizadores imaginaban que las ganas fueran tan grandes como el nombre de la sala indicaba. Y sin embargo, lo es. La sala quedó pequeña porque el cambio que viene es grande.

Es grande porque afecta a todas las áreas de la empresa: ya no es un departamento que pelea, cual David contra Goliat, para que se mejore en algo la eficiencia o se haga alguna acción social. El impacto social afecta a todas las áreas de la empresa, en toda la cadena de valor. Porque economía circular no es reciclar, sino producir de forma más sostenible. Porque generar impacto no es donar un porcentaje a una ONG en un momento dado, es tener claro qué cambio queremos generar y qué papel tomamos en ello. Es, como decía Jordi en el fantástico artículo de ayer, pasar de ser gallina, a ser cerdo.

DE LA RESPONSABILIDAD A LA ILUSIÓN

Pasar de ser gallina a cerdo implica pasar del nivel de Responsabilidad, donde la empresa intenta minimizar el daño al entorno, a un nivel de Ilusión, donde se busca aportar algo más.

En el primer caso, haces que tu paso -como empresa- por el mundo, sea lo menos negativo posible. En el segundo caso pasa para que tu existencia sea necesaria para el entorno. Cambia, ¿verdad? Pues mientras algunas empresas están todavía incorporándose al primer nivel, muchas otras están ya construyendo la segunda etapa. 

En la primera etapa, la empresa se implica. En la segunda, se compromete. Y eso pasa, inexorablemente, por una definición -o redefinición- de propósito. Pasa por saber cuál es la aportación de la empresa.

Algunas empresas nacen ya con la ilusión como motor, otras van virando poco a poco hacía allí; y algunas otras, un poco rezagadas, se van consolidando en el nivel 1. Unas actúan por conveniencia, otras por conciencia. Pero todas las empresas saben que ese es el camino. 

TRABAJAR CON PROPÓSITO

Ser una empresa con propósito es la única manera de dar respuesta a las demandas del consumidor. Pero además, empieza a ser una fuente de talento. Cada vez más personas quieren dotar de sentido a su trabajo; si vamos a pasar tantas horas en una oficina, que sea para aportar, para construir algo que marque una diferencia. 

El equipo del Curso Superior de Innovación que organizamos en Innuba junto con la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid lo vemos día a día: profesionales con más de 15 años de experiencia que quieren aportar propósito a su carrera. En algunos casos, se busca un cambio hacia una trayectoria con más sentido. Tal vez sin saber muy bien hacia dónde es o cómo se tangibiliza; pero conscientes de que eso es lo que da sentido a cualquier profesión. En otros casos, no hay necesariamente un cambio de trayectoria profesional, pero si un mejor enfoque para poder aportar ese ingrediente de impacto que lo cambia todo. 

Pero en todos los casos, hay intuición y conciencia de que se hace necesario ser capaz de innovar para generar impacto; y que eso es tranversal. 

Hay, además, necesidad de profesionales que entiendan este proceso completo, desde el propósito a la medición de impacto, pasando por la capacidad de pensar estratégicamente, de aplicar la economía circular con conocimiento de causa, para captar la atención de empresas e inversores. Nos lo dicen profesionales asentados, que están esperando esta promoción de alumnos con visión global de proyectos de impacto y capacidad de innovar para seguir creciendo desde el negocio.

Porque, no lo olvidemos, hablamos de empresas. Pero empresas conscientes, donde la sostenibilidad es social, ambiental y económica; donde la innovación de impacto se entiende, precisamente, como una oportunidad de negocio. 

Me apasiona el viaje que empezamos todo el equipo con esta primera edición y me ilusiona especialmente ver la demanda y buena acogida que está teniendo el curso. Me anima ver tantas empresas demandando expertise en ese área.

Es apasionante ver tantas, tantas ganas de cambio. Y ser consciente, ver de cerca, los pasos que cada uno, a nivel individual, y todos juntos, desde las empresas, estamos dando para suceda. 

He de reconocer que -con perdón de todas las personas que no pudieron entrar en las charlas de Impacto Social en el South Summit- me alegró ver que había tantas ganas. Aunque para el año que viene, esperemos que las charlas de esta temática pasen a una sala acorde al tamaño del cambio que se avecina. 

 

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