Llevo tiempo prometiendo a mis amigos hacerles caso y publicar en un blog mis experiencias.
Cumpliendo con lo prometido, me aventuro en este reto que me resulta difícil de comenzar, pues hablar de unos mismo puede parecer vanidoso. Espero aportar algo de luz con mi grano de arena.
Sólo comprendes y saboreas la vida cuando un día, se quedó todo en un suspiro y volviste a empezar.
Tengo ya 54 tacos. A los 18, siendo un tipo deportista, la vida me sorprendió con un mal salto de trampolín que me dejó en cama totalmente inmóvil cerca de 2 años. Con una lesión medular cervical, nadie te ha enseñado a vivir. Todo cambió en un segundo.
Para las cosas más sencillas como lavarte, comer, absolutamente para todo, dependía de otra persona. Cada minuto, mi mente recorría los nervios desde la cabeza hasta los pies intentando crear una ruta invisible que llevara energía a mis músculos, hasta que un día comencé a mover poco a poco los pies, las manos las piernas,.. Le siguieron jornadas de intensa rehabilitación, años de gimnasia con distintos fisioterapeutas, incluso os confío que visité a alguno de esos curanderos que alguien nos recomienda cuando la medicina tradicional parece que no funciona, hasta que por fin, y apoyado en unas muletas, que hoy me acompañan, volví (a mi manera) a caminar.
Sé que soy un gran afortunado, porque seguro que otros, aún con más voluntad que yo, no han tenido mi suerte y viven sentados en sus sillas de ruedas.
Seguro que fue determinante haber nacido en una extraordinaria familia con 5 hermanos, unos tipos divertidos con los que he disfrutado mucho de la vida y haber recibido una educación en valores y el ejemplo encomiable de mis padres. Luego conocí a Concha (una mujer fuera de serie) a quien “engañé” hace ya 27 años para acompañarme en mi maratón.
Aprendí que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles, con nuestras virtudes y defectos y creo que el secreto para sobrellevar las dificultades y vivir felices radica en saber aceptar nuestras limitaciones, apostando siempre al máximo de nuestro potencial con una actitud positiva en la vida, huyendo de absurdas comparaciones, intentando aportar lo mejor de ti a los que te rodean y marcando la piel con muchas arrugas de tanto sonreír.
La vida es un regalo que no podemos despreciar y a mí me gusta saborearla, disfrutarla sorbo a sorbo, paso a paso, a pesar del cansancio o del dolor, pues hasta eso me recuerda que estoy vivo.
Sé que no todos somos iguales y tampoco nuestros problemas, pero a mí me funciona mirarme al espejo cada mañana al levantarme y después de dar gracias a Dios por todo lo bueno que la vida me regala, marcarme metas altas y comprometerme en trabajar duro hasta el final del día con generosidad, alegría y confianza. A la noche reflexiono sobre mis errores y aciertos. A veces, muchas veces fracaso, pero sé que sin esfuerzo no existe recompensa. Por eso siempre me comprometo a no bajar la guardia y tras cada caída, tomo impulso para comenzar con ilusión un nuevo día.
No me canso de creer que lo mejor aún está por llegar y construir.