Sin duda alguna el papel de la empresa es más activo cada día. Las empresas se implican más, asumen su responsabilidad, movilizan a sus empleados y apoyan emprendimientos sociales, además de aportar fondos.
El mundo en que vivimos nos ofrece grandes cambios de todo tipo: surgen nuevos partidos políticos, las movilizaciones ciudadanas están a la orden del día, y la economía también se reformula y busca nuevas opciones. En este replanteamiento la atención a las necesidades sociales también se ve afectada.
Hasta el comienzo de la crisis el principal agente financiador de las necesidades sociales ha sido el Estado, pero la llegada de la crisis ha provocado que este disminuya tremendamente sus aportes para resolver las necesidades sociales. Junto a él siempre se han encontrado los donantes particulares y las empresas. Y estas, las empresas, gracias a la Responsabilidad Social y todo el movimiento ciudadano que se ha generado en torno a este concepto, ha hecho que poco a poco se involucren más y más.
Pero ¿Qué es la RSE? La Responsabilidad Social de la Empresa (o Corporativa) no es otra cosa que la incorporación voluntaria dentro de la estrategia de la empresa de criterios de transparencia y buen gobierno, con una gestión ética y sostenible, que asume el compromiso con sus clientes y con el resto de grupos de interés, garantizando su producto y/ servicio y siendo responsables con el medio ambiente.
Las empresas se ven llamadas a asumir su responsabilidad social, pero no solo porque esta opción es rentable para ellas, sino también porque se lo demanda la ciudadanía, entre los que se incluyen sus empleados y también sus inversores. La empresa, que hoy en día, tiene en muchos casos incluso más poder que los Estados, influyen fuertemente en su entorno, y lideran conductas, modas, actuaciones, decisiones. Por ello la empresa responsable querrá reducir al máximo sus impactos negativos, porque sabe que su rol en la sociedad ha de ser más proactivo. Y la sociedad así lo demanda.
Es importante saber que no estamos solos, que este planteamiento está en la mesa de nuestros gobernantes, y por supuesto en las mesas de los directivos de las grandes empresas.
Por un lado, los Estados y las autoridades internacionales caminan en el fomento de esta línea. La Unión Europea fomenta también la RSC de las empresas, siendo los retos principales que se plantean para las empresas: contribuir a la reducción de la pobreza en un 25%, la reducción de emisión de gases invernadero entre el 20-30% y el incremento de consumo de energías renovables en un 20%.
Pero también se mueve desde el Gobierno de España donde durante buena parte del 2013 y 2014 se ha trabajado de la mano de las ONG y algunas empresas en la elaboración del documento “Empresa y derechos humanos”. En él se reconoce la obligación del Estado de proteger los derechos humanos y apelar a la responsabilidad de las empresas para respetar estos derechos. Asimismo, se establecen los mecanismos para un mejor acceso a la reparación judicial y extrajudicial por parte de las víctimas, cuando ocurre.
Y no puede faltar la AECID que también fomenta y potencia la responsabilidad de las empresas y en esta línea está en vigor el Plan estratégico 2014-2020 para empresas, administraciones públicas y el resto de organizaciones para avanzar hacia una sociedad y una economía más competitiva, productiva, sostenible e integradora.
A los Gobiernos y administraciones públicas, se suman los ciudadanos, demandando a las empresas la asunción de su cuota de responsabilidad en la búsqueda de una sociedad mejor y más justa. Algunos ejemplos son las movilizaciones ciudadanas para no adquirir productos de empresas que incumplen los derechos humanos, o contaminan, o emplean a niños trabajadores en sus fábricas. Ejemplos de estas actuaciones ciudadanas nos vienen a todos a la cabeza.
Pero aquí no queda todo, también los inversores y los ahorradores empiezan a demandar de las empresas un comportamiento más responsable. Un ejemplo de ello es la Inversión socialmente responsable, es decir, ahorradores que eligen para rentabilizar su dinero únicamente entre aquellas empresas con mejor comportamiento y mayor impacto positivo en la sociedad (la forma más extendida es el Fondo de Inversión Socialmente Responsable). Esta corriente, que nace en el siglo XVII, está claramente ligada con los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), y con la responsabilidad de las empresas. Ya no se invierte solo por motivos de rentabilidad sino que se busca también el impacto social positivo de esa rentabilidad. Tanto es así que ya existen índices bursátiles de responsabilidad social como es el DOW Jones Sustainability. En España este perfil de ahorrador no es muy común, pero crece poco a poco y esperemos alcanzar los niveles que ocupa en el mundo anglosajón. Entreculturas, forma parte de los comités de seguimiento ético de algunos de ellos, desde los que se intenta promover la Inversión socialmente responsable entre las instituciones y ahorradores.
Y quizá los últimos avances son las cadenas de valor económico –social que no son otra cosa que colaboraciones ciudadanas y empresariales con impacto social, económicamente sostenibles, escalables y estructuradas como “nuevo negocio”. Es decir, lo más parecido a una empresa social y sostenible. Porque la solidaridad no está siempre reñida con la rentabilidad. Se trata de buscar fórmulas en las que todos sumemos: empresa, sociedad y beneficiarios. Ejemplos como el Grameen Bank son ejemplos de estas contribuciones empresariales para crear sociedades más justas, más equitativas, y con oportunidades para todos.

Es cierto que cada día más empresas se toman en serio los temas de RSC, y que la implementan en su ADN. Prueba de ello es por ejemplo el crecimiento del presupuesto global dedicado a RSC en los últimos años, y ello a pesar de la crisis (entre 2009 y 2011 solo en España ha crecido un 71%).
Entreculturas colabora con alguna de estas empresas acompañándolas en su proceso de implantación, organizando actividades solidarias con ellas y financiando programas para el desarrollo. Y día a día vamos aprendiendo a caminar juntos, y vamos buscando nuevas fórmulas, donde no solo implicamos a la empresa sino también a sus empleados y clientes. Como ejemplo podríamos señalar los siguientes:
- Accenture: Programa de habilidades para el trabajo
- Telefónica: Programa de calidad educativa
- Inditex: Programa para educar personas y generar oportunidades
Y también trabajamos con empresas pequeñas y medianas, así como con Asociaciones y Fundaciones, como es el caso de Subterra, la Asociación Sonrisas Viajeras, o la Fundacion Roviralta, y otras muchas.
Creemos que el Voluntariado Corporativo aporta la oportunidad de conocer en primera persona lo que contamos en nuestros informes, implicarse y comprometerse con la realidad de injusticia y marginalidad, convirtiendo a los participantes en los principales motores de cambio dentro de la empresa.
Por último, nos sentimos orgullosos de un evento organizado con la participación de muchas empresas, y con la suma de sus empleados. Sin ellos no sería posible. Se trata de la carrera Corre por una causa, corre por la educación, que ha celebrado ya su cuarta edición, con más de 10.000 corredores y en más de 10 ciudades. En este evento, buscamos sensibilizar a la población española sobre la situación de injusticia y marginalidad en la que viven otras personas, y animamos a las empresas y sus empleados a unirse a ella, ya sea difundiéndola, corriendo, aportando fondos o participando como voluntarios. Algunas de estas empresas son: Mapfre, Liferay , Mutua y Alsa (que nos apoyan con un patrocinio), Fremap y Fundación Fernando Pombo (que nos apoyan con su trabajo, haciendo lo que mejor saben hacer), Fundacion Real Madrid, Coca Cola, Sketchers, Nestlé, Grupo Bel (que nos apoyan donando productos), Banco Popular, Banco Santander y otras muchas empresas (que nos apoyan con difusión, corredores y voluntarios)
Entreculturas apuesta por una nueva sociedad más justa y solidaria, en la que cada uno de los agentes que lo componemos tengamos nuestro papel que jugar.