Gracias a Jesús por tu eficacia y lo dicho, el papel lo aguanta todo:
Decía don Rodrigo Rato o quien escribiera estas líneas :
"La responsabilidad de la empresa, como el paso del tiempo nos está enseñando, no es algo inmutable. Y como no podía ser de otra manera, las prioridades sociales de cada momento marcan su imprenta. Desde luego, cuando hablamos de responsabilidad la primera pregunta que nos viene a la mente es ¿con quién? La empresa es sin duda responsable con sus accionistas que la han dotado de recursos y sin los cuales ni existiría.
También con sus clientes y proveedores, que forman su universo más cercano. Y la relación con sus trabajadores establece un entramado de responsabilidad es que el ordenamiento jurídico se ha encargado de dibujar y definir a lo largo del tiempo, estableciendo una relación privilegiada en la actualidad, aunque no siempre fue así. La empresa, sin embargo, tiene personalidad propia más allá de accionistas, clientes, proveedores y trabajadores, marcados todos por una relación inmediata.
La sociedad en la que desarrolla su actividad también tiene sus propias relaciones con cada empresa y esto no es algo nuevo.
Desde el comienzo de la actividad mercantil empresarial organizada, las empresas han tenido relaciones muy claras con sus comunidades sociales y hay muchos ejemplos de cómo las empresas han exigido y exigen que la comunidad adapte y modifique sus reglas para proteger a sus empresas.
Además, empresas y lugares se han identificado a menudo y todos conocemos ejemplos actuales de ello. En muchos casos, parecería que la empresa tenía derecho a exigir de la respectiva sociedad condiciones favorables para su desarrollo, más que otra cosa. Responsabilidad lleva aparejado obligaciones y derechos, lo que es claro en las relaciones entre la empresa y los agentes más cercanos que he mencionado. La mayor parte de éstos constituyen situaciones planteadas desde el principio de la actividad mercantil organizada, y los diversos sistemas de producción y propiedad así lo han reconocido con el paso de los siglos. Pero un fenómeno relativamente nuevo aparece a mediados del siglo pasado al empezar a plantearse una visión más amplia de las responsabilidad es, más allá de lo inmediato.
Después de la Segunda Guerra Mundial se agudizan las preguntas sobre las responsabilidad es individuales y colectivas con respecto a los temas de interés general, más allá del mero cumplimiento de las leyes concretas. Se trataba de dar respuesta a la necesidad de saber cómo evitar las catástrofes geopolíticas que habían devastado a tantos países. Los riesgos de la catástrofe se habían demostrado demasiados para conformarse con que cada cual cumpliera con sus obligaciones inmediatas y concretas. Había que hacer más. Inevitablemente , las empresas también iban a verse envueltas en ese cambio. El gran auge económico al que dio paso el desarrollo del capitalismo no puede explicarse sin el propio desarrollo de las empresas, cuyo número y presencia han crecido en poco más de dos siglos hasta crear un nuevo orden económico mundial protagonizado por su actividad.
Propiedad, empleo, riqueza y bienestar individuales y colectivos giran en torno a las empresas de todo tipo y en todos los países del mundo, ya con independencia de los respectivos modelos políticos. No es, pues, de extrañar que hoy nos preguntemos qué papel, qué responsabilidad tiene la empresa en el desarrollo de los intereses generales. Para unos las empresas responden a esto cuando son eficientes y justifican su responsabilidad a los intereses generales a través de su contribución a la eficiencia económica. Pero las sociedades modernas empezaron hace más de medio siglo a esperar y exigir más.
La propia importancia de la empresa en nuestro mundo y su protagonismo en la globalización han hecho imposible mantener una visión inmediata, ligada sólo a la eficiencia económica. Al mismo tiempo que la sociedad ampliaba sus expectativas sobre qué esperar de las empresas, también ha sucedido lo mismo sobre el número y variedad de las preocupaciones sociales, que han dejado de ser las exclusivamente determinadas por clase, raza o religión, para ampliarse exponencialmente.
En realidad, nada se escapa ya de la preocupación social, desde lo más próximo como la salud a lo más distante como el desarrollo. Además, la pluralidad social hace de cada uno de nosotros algo más que propietarios o trabajadores. Accionistas, consumidores, vecinos, generaciones presentes pero también futuras, ciudadanos del mundo, juegan su papel e influyen. La propia eficiencia del mercado y de la comunicación han convencido a las empresas que ésta es una marea a la que no conviene resistirse, empezando por las empresas multinacionales de las que se temía no hace mucho una infranqueable impunidad.
Así, responsabilidad social y relaciones públicas o imagen corporativa se dan la mano. El riesgo reputacional de una determinada empresa no es ya el que se relaciona con su actividad específica, también con cómo, quién y dónde la hace son exigencias sociales. Como en tantas cosas en este mundo de expectativas crecientes, en poco tiempo hemos pasado de la nada al mucho. Para muchas empresas esto exige establecer una definición de qué entienden y aceptan como responsabilidad social corporativa, pero también plasmarla en una determinada política que, además, debe ser pública. Pero para las que aún no sientan esta necesidad, el futuro tiene muchas probabilidades de ser distinto y el sentido común aconsejaría pensar en ello y puede que prepararse. Éste es un mundo relativamente nuevo y muy apasionante, no exento de exageraciones y riesgos para todos, pero que marca hoy, sin duda, la vida de las empresas de todo tamaño, puesto que los temas de interés social tienen dimensiones muy diversas. Este libro le permitirá al lector acercarse al tema tratado con un espíritu didáctico y práctico. Sus cuatro grandes apartados sistematizan los temas más importantes en cuestión en estos momentos. Felicito a sus autores por el esfuerzo"
Rodrigo de Rato Figaredo
Madrid, Febrero 2008
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qué poca dignidad.