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Una pena. Un tiro al palo. El entusiasmo inicial al descubrir que el Ministerio de Empleo y Seguridad Social había elaborado y publicado en el BOE un documento denominado Estrategia Española de Responsabilidad Social de las Empresas (RSE), se ha tornado en una absoluta tristeza, una sensación de irrefrenable lástima al terminar de leerlo. Quizás mis expectativas eran altas, porque buscaba encontrar esa chispa de creatividad, esa guía, ese paquete de medidas que hemos venido viendo aparece

De todas formas, hay que decir las cosas como son: este documento supone a todas luces un avance en cuanto a las discutibles políticas de RSE en España, si bien es cierto que la tibieza de su contenido puede relegarla a un estatus de invisibilidad permanente. Que va a pasar desapercibido, vamos. 

En esta etapa de crisis económica y financiera, la actividad en materia de RSE ha caído en el escepticismo. Las empresas han recortado en  prácticas de consumo responsable y actividades en este campo. Esto, unido a la aparente mala calidad de la imagen de la empresa española en temas relacionados con la transparencia, cuyos términos están sujetos a un debate que no es oportuno discutir en esta ocasión, hacía casi indispensable un modelo RSE que incorporar al sistema. Era (y por desgracia sigue siendo) fundamental que las empresas relacionaran su responsabilidad social con su competitividad en el mercado, que encontraran un camino hacia la resolución de retos como la creación de empleo, el cambio climático o la escasez de recursos, utilizando herramientas de formación, visión global e innovación. Y no por caridad o conciencia social, ojo, sino porque según varios informes elaborados por consultores destacados del sector, como TNS o Forética en hasta seis países europeos, las empresas que logren avanzar en sostenibilidad, se colocarán en una situación de ventaja con respecto a sus competidores.

Y eso por no hablar de que, en estos tiempos, recuperar la confianza en las empresas resulta vital en un país de contrastes como el nuestro, donde los escándalos económicos de altos directivos se solapan con la deriva negativa de la clase media en términos financieros. 

Por esta razón, una estrategia de RSE sólida, elaborada en base a una serie de parámetros, guías o incluso enmiendas, se hacía necesaria. Lo que nos encontramos es un documento que a modo de introducción intenta explicar por qué las empresas deben incorporar políticas de responsabilidad social sin convencernos de ello, y cuya parte principal se basa en una serie de objetivos que casi pueden reconocerse como querencias.

Sin ir más lejos, el mismo Plan de Medidas no es sino un conjunto de herramientas que suenan un poco a conceptos idealistas, que se ponen a disposición de la empresa con el objetivo de animarla. Cosas como sellos o premios para reconocer las actividades sostenibles o portales web para publicitarlas (que a mí me suenan a despilfarro) resultan unas medidas un poco dispersas. Se me viene a la mente otros planes y estrategias que ya están implementados en otros gobiernos europeos desde hace algunos años. En Alemania, por ejemplo, existe un portal web que no sólo publicita, sino que evalúa las actividades de las empresas en RSE, de tal forma que todo ciudadano es capaz de acceder a una base de datos en la que puede saber si el comportamiento de la empresa que elabora el producto que él consume coincide con sus preferencias. Esto, que parece una bobada, resulta fundamental. Hoy por hoy, el consumidor ya es consciente de su impacto en el medio como tal, y se percibe como co-responsable de la sostenibilidad de una sociedad, por lo que esta evaluación de alguna forma conduce a la empresa por el camino de la responsabilidad si pretende ser competitiva.  

Todo el documento está plagado de verbos como fomentar, impulsar y desarrollar, pero no se explica cómo, cuándo o quiénes, de forma concreta, van a hacerlo. Volviendo a Alemania, vemos una claro ejemplo de cómo se fomenta: incluyendo la formación en RSE en el sistema educativo desde secundaria. En Dinamarca podemos ver un ejemplo de cómo se impulsa: aprobando una enmienda por la cual las grandes empresas deben incluir en su informe anual, información relativa a sus políticas de RSE y su repercusión, el resultado de estas políticas y las expectativas para los años venideros. En Holanda, cómo se desarrolla: desde publicar guías conceptuales para apoyar el reporting, o incluso para implementar el nivel RSE en forma de equipamiento y mobiliario de oficina, energía, etc., hasta el establecimiento de criterios de compra pública en base a parámetros de sostenibilidad, lo que resulta ser un incentivo poderoso para que las empresas se sumen a este tipo de políticas haciéndolas más competitivas de cara a las que no las implementan. 

 Esto es, de manera aproximada, lo que nos encontraremos al leer la Estrategia Española de RSE, un documento que debe ser entendido como un gran paso hacia la responsabilidad social empresarial en este país, pero que se queda a medio camino en un conjunto de propuestas que no están apoyadas por acciones. 

Por último, y ya no os aburro más, tengo que aludir al ya famoso Portal de Transparencia. Es, nuevamente, un paso muy a tener en cuenta para nuestro entorno político, compuesto de administraciones públicas salpicadas por continuos escándalos de carácter económico. Sin embargo, no debemos caer en el error de pensar, como muchas empresas también creen, que la transparencia como tal sólo alude a los aspectos financieros.

Nicolás Perdomo

@nperd

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