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Hoy es un día importante para todos nosotros. No sólo para los que vivimos del campo, sino para todos a los que el campo nos da de comer. En este Día Mundial del Suelo, quiero hacer una reflexión sobre la importancia que tiene la salud del suelo para la producción sostenible de alimentos.

En 1985, durante mi proyecto fin de carrera en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid, me embarqué en algo que todavía puede parecer extraño a los no iniciados en la agricultura, cultivar plantas sin suelo. Se trataba de diseñar una explotación agrícola productora de endivias (Chicorium endivia) mediante cultivo hidropónico, algo que a mis compañeros de clase les resultaba novedoso o al menos curioso. Sin embargo, era algo que ya se venía haciendo y que representaba una manera de producir alimentos “sin” uno de los tres recursos clave para la agricultura, la tierra. Ésta, junto con el agua y la energía, son inputs esenciales para afrontar el reto de producir alimentos para una población creciente, cuyas dietas se están enriqueciendo –especialmente en los países emergentes y en desarrollo - y que debe afrontar como el cambio climático.

A pesar de que una infinidad de cultivos se producen hoy en día en hidroponía, representan una parte muy limitada de la agricultura, que continua dependiendo fuertemente de la disponibilidad de suelo para producir alimentos. Sabemos la importancia de mantener una buena salud del suelo y el coste que su erosióntiene. Desde la pérdida de fertilidad, con lo que ello supone en reducción de rendimiento en los cultivos, hasta la disminución de la calidad de las aguas superficiales por el arrastre de sedimentos y, como consecuencia, los efectos devastadores como la colmatación de los embalses.

Cuando se erosiona la capacidad de retención y la disponibilidad de nutrientes, se hace más difícil retener el nivel óptimo de oxígeno para las raíces y las condiciones de enraizamiento de los cultivos se reducen. Un suelo erosionado es un suelo pobre, que empobrece a los que viven de él. No hay más que recordar el “Dust Bowl”  en Estados Unidos, durante la década de los años 30 del pasado siglo, para tener una imagen de lo que ello puede significar.

Aunque no hay estimaciones fiables de la extensión de tierra que, a una escala global, necesita ser reemplazada cada año, se mencionan cifras estimadas de 2 a 5 millones de hectáreas que anualmente se pierden por la erosión del suelo y otros 3 millones de hectáreas que se pierden cada año por una degradación severa del suelo.

El desarrollo de técnicas de cultivo que minimizan el impacto de la agricultura en el suelo y ayudan a mantenerlo, como es el caso de la agricultura de conservación, permite la puesta en práctica de una agricultura más sostenible que provee de beneficios medioambientales, económicos y sociales.

Un reciente estudio – “La importancia del laboreo de conservación como una contribución a la agricultura sostenible: Un caso especial de la erosión del suelo” - llevado a cabo por el Institut für Agribusiness en Alemania-, ha mostrado esos beneficios que aporta la agricultura de conservación, con conclusiones como:

-          La erosión del suelo se reduce en más del 50%: El laboreo de conservación reduce la pérdida de nutrientes y de fitosanitarios a través de una disminución del lavado del suelo, y hay 3 veces mayor tasa de infiltración – un suelo sano absorbe más lluvia, lo cual reduce la erosión del mismo-.

-          Mejora la biodiversidad del suelo con una mayor abundancia de lombrices de tierra.

-          Incrementa el carbono orgánico del suelo en alrededor del 30%, y hay un mayor secuestro de carbono.

-          Reduce las emisiones de gases de efecto invernadero por hectárea y año entre el 4% y el 11%.

-          Disminuye un 30% el consumo de gasóleo y un 25% el uso de mano de obra.

-          En laboreo de conservación, el herbicida glifosato es una herramienta esencial en los programas de manejo de malas hierbas, especialmente para controlar las malezas resistentes como es el caso de la “cola de zorra”.

-          No hay un impacto significativo en el rendimiento. Sin embargo hay mayores márgenes de beneficio para los agricultores respecto al laboreo convencional, entre el 5% y el 10%, al haber más de un 20% de ahorro en los costes de producción.

Nos enfrentamos a retos significativos para salvar el suelo que nos ayuda a producir los alimentos que necesitamos para alimentar a un mundo creciente. Pero afortunadamente contamos con herramientas, incluyendo la agricultura de conservación, que han de ayudarnos a poder afrontarlos de una manera sostenible.

Pongamos el conocimiento técnico, aquello que muchos hemos aprendido en las escuelas de agronomía en todo el mundo, al servicio de nuestro planeta, de su medioambiente y de sus personas que necesitan de él para seguir comiendo.

 Como se dice en el vídeo de la ONG medioambientalista Conservation International, presentado por  el actor Edward Norton, “la naturaleza no necesita a la gente, la gente necesita la naturaleza”.

Carlos Vicente Alberto. Sustainability Lead, Europe & Middle East

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