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El trabajo es, esencialmente, una actividad económica. Las empresas se establecen con el fin de ganar dinero fabricando productos o proporcionando servicios para el mercado de la forma más eficiente y productiva posible.

Un sistema eficaz de responsabilidad social corporativa (RSC), supone una mejora de la productividad y de la competitividad por dos razones

 - Implica mejorar la comunicación, el entendimiento y la colaboración lo que repercutirá en una mayor competitividad, productividad y una mejor imagen empresarial.

 - Supone mejor acceso y un menor coste del dinero necesario para su financiación tanto del imprescindible capital circulante como del necesario para inversiones.

Pero no podemos olvidar que la responsabilidad social corporativa, en el fondo, no persigue la mejora de la sociedad en su conjunto, sino la mejora productiva. No se trata de producir menos o peor para proteger mejor al trabajador, a su entorno o al medio ambiente sino de cómo producir más y mejor disminuyendo de forma simultánea impactos tan temidos como un descenso continuo en el nivel de calidad o dey de productividad.

Estamos ante un nuevo impulso de la RSC. Su evolución

A partir del inicio del siglo XIX la Revolución Industrial constituyendo una nueva etapa en la historia del mundo. En este momento coexistían tres vectores,

-De un lado la revolución liberal, que enviaba a los ciudadanos el mensaje de gobierno democrático, en condiciones de igualdad, que “dejaba hacer”.

-La necesidad de las empresas de tener una adecuada masa laboral, debidamente formada y con una adecuada salud les hizo no sólo crear escuelas de apéndices sino generar colonias, como las que hubo el Llobregat donde se disponía desde escuela, hasta cine o casino así como un centro médico para trabajasdores y sus familias, economatos e incluso, pagaban salarios ligeramente superiores para evitar una alta rotación laboral y por otro lado disponer de una masa laboral formada para suplir bajars o para ampliaciones. Estamos ante el origen de la responsabilidad social corporativa.

-La movilización obrera que deseaba mejorar unas, desde nuestro punto de vista actual espantosas, que iniciaron lo que sería la política social.

Convendremos que la coordinación de la ética con el desarrollo económico mostraba demasiados claro-oscuros ya que no se buscaba en ningún momento ni igualdad de rentas ni la igualdad social. ¿Nos suena esto, con sus matices, al modelo de Estados Unidos?.

A mitad del siglo XX, como consecuencia de los planteamientos de Keynes, se consideró posible que el desarrollo material fuese acompañado de dosis altas de igualdad de rentas a través del denominado Estado del Bienestar. En base a este, se plantearon diversas reformas tributarias que relegaron la labor social de las empresas a algo casi marginal, al pago de unos impuestos por sus beneficios. Fueron desapareciendo, por ejemplo, las escuelas de aprendices estableciendo el Estado una red pública de escuelas y universidades alternativa, se institucionalizó la Seguridad Social Universal así como el sistema de pensiones y la prestación por desempleo o los economatos laborales. Esto generó un pequeño primer mundo con un importante nivel de bienestar.

En la actualidad, quizás afortunadamente, los países emergentes captan una parte importante de la riqueza que antes venía al primer mundo aumentando así su nivel de vida. Simultáneamente los países del antiguo primer mundo no pueden mantener su estado del bienestar, quizás por un “aggionamiento social”, quizás derivado del “gratis total”. Observamos recortes más o menos encubiertos en sanidad, pensiones o educación. Y simultáneamente vemos como las empresas están volviendo a la una situación similar a la de finales del siglo XIX. Veamos algunos ejemplos::

-que empresa grande o mediana no dispone de un plan de pensiones para sus trabajadores.

-que empresa no abona, debido a las demoras en el sistema público, en todo o en parte un seguro médico privado.

-cada vez más empresas colaboran en la reforma de edificios emblemáticos al no poder afrontar la inversión el capital público. El caso más emblemático es el del Circo romano de Roma.

Pero, simultáneamente, el Estado, que debe mantener una cierta capacidad centralizadora y redistributiva, pero sin excederse Veamos un ejemplo absurdo,  una empresa química desea cerca de su complejo crear un centro de enseñanza que le suministre personal formado “a su medida”. Pero imaginemos que el gobierno autonómico o central no se lo permite ya que su plan de enseñanza dicta que allí no se puede instalar un centro privado o que si se instala ha de tener enseñanzas de jardinería y carpintería y no de química, mecánica o electricidad.

En las finanzas estamos viviendo algo parecido. En el pasado, el progreso económico tenía un punto de apoyo importantísimo con el incremento del mundo financiero. Pero, afortunadamente, tras los recientes escándalos financieros este mundo desea ser “más ético”. Convendremos que hoy en día las finanzas son dominantemente cortoplacistas. Este cortoplacismo provoca la destrucción o anulación de lo común, como pieza integrante del desarrollo social. Por ello, se hace necesario que la ética se convierta en algo cada vez más integrado en la política económica. Es por tanto fundamental (no es mío es del Papa Francisco) que “la ética reencuentre su espacio en las finanzas y los mercados se pongan al servicio de los intereses de los pueblos y del bien común de la Humanidad. No podemos tolerar que los mercados financieros gobiernen la suerte de los pueblos en vez de servir a sus necesidades”.

El gran problema

Todo sistema que no evoluciona, genera una revolución. Por ello, en mi opinión está al caer “la revolución de la Responsabilidad Social Corporativa”.

Para ello se ha de definir qué red social mínima delegamos en los Estados (recordemos que las corporaciones buscan en la RSC su bien particular y no el bien de la sociedad) y a partir de ahí que terreno de juego dejamos a la RSC.

El gran problema actual es la falta de referentes que sean aceptados para liderar este cambio, estas nuevas reglas del juego. En efecto:

La Unión Europea, aparentemente, no desea adquirir un cariz más liberal, que permita, aunque se en parte, ceder la iniciativa social a las empresas y de forma simultánea reducir fiscalidad asociada a la redistribución. Convendremos que sí deberían hacer las administraciones es:

  1. Cumplir sus obligaciones, erradicando, por ejemplo la corrupción.
  2. regular y controlar ciertos aspectos como un salario mínimo, una educación obigatoria, un sistema mínimo de pensiones o atención a la dependencia.
  3. Informar de sus impactos negativos

Tras los recientes escándalos financieros tampoco el mundo financiero está en posición de dar “lecciones” de ética.

Tampoco tenemos referentes en el mundo de la Universidad, la depositaria de la Cultura y la Ciencia dado, aparentemente, mayor alejamiento de la sociedad. Un ejemplo de ello es la escasísima colaboración entre la industria Universidad oi la escasa influencia de la Universidad en nuestra sociedad.

¿Se debe de regular por ley lo que es RSC?

Lo que está regulado no es RSC; es cumplir con la ley. Sería tremendo que la Administración exija "gastar en RSC", en lo que, sin duda sería “filantropía obligatoria".

Para ello asumo el razonamiento que antaño publicó en esta “diario responsable” el profesor Vives. Este señala que si bien la Unión Europea en 2011 definió la RSC como “Responsabilidad de las empresas por sus impactos en la sociedad”, para su mejor entendimiento, debemos de trasformar esta definición de la forma pasiva, a la forma activa, pudiéndose entonces leer como “Gestión de los impactos de la empresa ante la sociedad”, entendiendo que la palabra “sociedad” también incluye el medio ambiente. Convendremos que esta definición  puede servir para guiar la estrategia de RSC de cualquier empresa.

Analicemos cada uno de los tres términos claves: gestión, impactos y sociedad.

-Gestión.  Es la sistemática, por ejemplo la norma ISO 26000,  con la que cada empresa gestiona sus impactos, tangibles o intangibles, pasados, presentes o futuros.

-Impactos.  Toda actividad tiene impactos, que pueden ser positivos y negativos y pueden ser actuales o potenciales, presentes o futuros.  Corresponde a la gestión empresarial determinar, en base a una visión estratégica a más largo plazo, cuáles son los impactos que considera relevantes y sobre cuales desea actuar. Si a la sociedad no le parece correcta la gestión de los impactos o cómo la ejerce, ha de actuar. Ni puede ni debe desentendeRSC.

-Sociedad.  De la misma manera la empresa debe decidir quién es la “sociedad” para ella.  En principio “sociedad (y medio ambiente)” es un concepto ilimitado, y como tal no es un concepto práctico.  La empresa debe acotarlo y decidir las partes que considera como afectadas, positiva o negativamente, real y potencialmente. Para una PyME la “sociedad” puede limitaRSC a sus empleados y la comunidad que la rodea y gestionará solo aquellos impactos que tengan relevancia para su estrategia.  Una multinacional, sin duda, tendría una definición mucho más amplia, extendida.

Como definir la estrategia empresarial.

En resumen, para determinar la determinar la estrategia de la empresa:

- la empresa debe de definir quién es la sociedad para ella,

- en base a esta definición estudiar como la impacta, positiva y negativamente.

- en contacto con la sociedad, acordar como desearía que fuesen estos impactos, y

- definir cómo gestionar estos impactos en función de su capacidad. 

Referencias:

- El problema financiero. Juan Velarde Fuertes. Diario ABC, 13.08.14.

- ¿Cómo interpretar la definición de la RSC? Antonio Vives. Diario responsable 10.06.13

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