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Es opinión casi unánime, para todos los que de una forma u otra trabajamos en el área de la sostenibilidad y la responsabilidad de las organizaciones, que constituye una buena noticia la propuesta por parte de la Comisión Europea de una modificación de la legislación vigente sobre la contabilidad a fin de mejorar la transparencia de determinadas grandes empresas (con más de 500 empleados) en materia social y medioambiental.

Sin embargo la medida, siendo oportuna, sigue poniendo su énfasis en el ámbito de la comunicación. Y sabemos lo que tradicionalmente ha ocurrido en España: la focalización de la gestión de la RSC como defensa de la reputación y, por tanto, la preocupación por la calidad de la comunicación y la calificación de los informes. Somos uno de los países con proporcionalmente el mayor número de informes GRI calificados como A+. ¿Significa esto que gestionamos la RSC mejor que los demás? ¿No será que eso de que nos parece que todo el mundo en esta autopista circula en sentido contrario a nosotros es porque nosotros tenemos el problema?

La medida propuesta se ha formulado sin intención prescriptiva y deja un amplio margen a las empresas en lo relativo a la forma en que consideren más conveniente divulgar la información pertinente. ¿Nos quedaremos entonces como estamos, eso sí, con más conductores a contracorriente?

La reputación se construye con hechos, gestionando, y la comunicación sirve para reforzarla. Hay que pensar primero en plantear un liderazgo y una visión, planificar una respuesta a las necesidades estratégicas propias y los requerimientos de los grupos de interés, diseñar e implantar un modelo de gestión que permita implantar la estrategia y mejorar el desempeño y, por último, planificar la comunicación más adecuada. La medida aprobada en Bruselas el pasado 16 de abril, sólo se centra en la comunicación, en concreto, en obligar a divulgar información social y medioambiental pertinente y esencial en los informes anuales, con el fin de identificar riesgos para la sostenibilidad y aumentar la confianza de los inversores y los consumidores.

Una estrategia RSC inteligente supone primero gestionar para luego poder comunicar. Lo contrario es imposible. Solamente podremos hablar de la RSC como catalizador cuando la RSC se asocie con la gestión. Esto es Accountability. Y, a propósito del tráfico, la nueva guía G4 de GRI puede proporcionar a las empresas españolas, si se utiliza bien, una inmejorable oportunidad de dar un “volantazo” y colocarlas en el mismo sentido de circulación que el resto del mundo.

Manuel Tejedor 

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