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España ocupa el puesto 21 entre los 132 países analizados en lo que respecta al desempeño social y medioambiental según el Social Progress Index 2014 (SPI). El trabajo liderado por Michael E. Porter, profesor de la Universidad de Harvard, ha contado con la participación de investigadores del Instituto Vasco de Competitividad (Orkestra) de la Universidad de Deusto. El SPI se suma a otras iniciativas, tales como el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas o el Índice para una Vida Mejor de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que adoptan una perspectiva diferente para medir el desarrollo, tradicionalmente centrado en el Producto Interior Bruto (PIB). El SPI, en concreto, tiene en cuenta el desempeño social y medioambiental de los países.

Este novedoso índice parte de la base de que a partir de un determinado nivel de ingresos, la conexión entre crecimiento económico y progreso social no es directa y el bienestar de las personas depende de las oportunidades que tengan para desarrollar todo su potencial. Para medir el progreso social define tres dimensiones: “cobertura de necesidades humanas básicas”, “fundamentos del bienestar” y “oportunidades”. La puntuación de los países en cada una de estas tres dimensiones, explica que países con una renta per cápita similar, como España y Nueva Zelanda, ocupen posiciones tan dispares: mientras que España no logra situarse entre los primeros veinte lugares del ranking, Nueva Zelanda lo encabeza.

En un contexto más cercano, cabe señalar que 12 de los 28 países miembros de la Unión Europea se encuentran por delante de España en el ranking, incluyendo países con una renta per cápita inferior, como Estonia. Aunque no se puede establecer ninguna relación directa entre los resultados del SPI 2014 y la crisis, el informe sí ofrece una orientación sobre las áreas en las que España muestra debilidades y fortalezas respecto a países con una renta similar, tales como Eslovenia, Francia, Italia, Nueva Zelanda y República Checa, entre otros.

En relación con el grupo de países de renta similar, España muestra una importante debilidad en lo que respecta al acceso a la educación avanzada, que se explica por un menor acceso de las mujeres a la misma. Asimismo, obtiene una baja puntuación en los indicadores relacionados con la sostenibilidad del ecosistema, entre los que destacan la emisión de gases de efecto invernadero y la biodiversidad.

Si bien el SPI es otro paso adelante para medir el progreso desde una perspectiva más amplia que la meramente económica, una de sus limitaciones es que no tiene en cuenta las variaciones que pueden existir dentro de los países. Orkestra participó en el SPI 2014, desarrollando un caso piloto para el País Vasco con el fin valorar la posibilidad de aplicarlo a regiones o territorios dentro de un país.

Susana Franco, investigadora de Orkestra y responsable de la coordinación del caso piloto para el País Vasco, declaró, durante su participación en la presentación del informe en Londres, que “más allá de los rankings, es importante analizar cada uno de los indicadores para identificar áreas de mejora que conduzcan a la acción y permitan aplicar políticas correctivas”.

Por su parte, Mari Jose Aranguren, directora académica de Orkestra, quien también estuvo presente en la presentación del informe,  manifestó la “satisfacción del Instituto por poder aportar su conocimiento al desarrollo de una iniciativa que sin duda, redundará en una medición más precisa de la competitividad y, en consecuencia, en las políticas que se impulsen para incrementarla”.

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