Publicado el

Hasta no hace mucho tiempo, algunos todavía piensan que es así, se pensaba que el  líder era el que, entre otras circunstancias, tenía poder. Hoy sabemos que el liderazgo no tiene que ver con el poder directamente aunque sí está influido por la manera en el que las personas hacen uso del poder.

 

Aquí asumiremos que líder, en el aspecto empresarial, es aquel que es capaz de comprender y entender las necesidades y las motivaciones de las personas y consigue de manera lícita, honesta y transparente conciliar los intereses de la organización con los intereses particulares de las personas que se relacionan con él.

Y, por tanto, que es seguido hacia la consecución de un bien común. Como mencionan Rovira y Olmos  (2013) el “verdadero líder es aquel que apela a las motivaciones, actitudes y valores más nobles de las personas” “consigue convocar lo mejor del ser humano” “el líder auténtico es un líder genuino y comprometido, que práctica sus valores y cuyo propósito es servir a la sociedad”. Sin embargo, habitualmente, nos encontramos con profesionales y directivos que no gozan de dichas cualidades. Todo lo contrario, utilizan de manera corrupta el poder y ejercen un tipo de liderazgo en el que obligan de manera torcida a que sus subordinados, nunca colegas o compañeros, les “sigan” hacia la consecución de un fin que casi nunca es el mejor para la organización. Son los líderes tóxicos para la organización.

Pero cuáles son las cualidades, las virtudes, y los comportamientos que caracterizan al verdadero líder, al líder con criterio y comportamiento ético. A ese líder que aúna voluntades; que orienta pero no marca el paso; que corrige y a la vez premia; que comunica y, sobre todo, escucha atentamente; que vigila pero no controla; que arrima el hombro a la vez que deja hacer; que da ejemplo con sus comportamientos mientras aprende de los de sus colaboradores; que no es temeroso; que mira al futuro; que permite los errores aunque lo que busca es el éxito y los resultados; que se entusiasma pero que es prudente; que otorga poder y se gana la autoridad; que es firme en sus convicciones y principios y los defiende sin dudar; que es ejemplo para los demás. En definitiva, cuáles son las cualidades que debe reunir un buen líder para dirigir personas con criterio ético y ser un buen referente para su organización. Veamos:

    • Mencionamos en primer lugar, la predisposición del líder hacia el servicio a los demás y a la organización. Nuestro líder coopera con toda la organización y está siempre dispuesto a ayudar a sus colaboradores. De hecho, dedica una gran parte de su tiempo a generar el entorno y las condiciones adecuadas para que el equipo pueda trabajar y desarrollarse de manera eficiente.  No compite internamente con otras áreas. Todo lo contrario, orienta sus actuaciones y las de su equipo hacia la consecución de los objetivos comunes de la organización. Su predisposición al servicio es contagiosa por lo que consigue adhesión voluntaria con los valores inherentes al espíritu de servicio (cooperación, disponibilidad, empatía, antelación, predisposición,…). Delega eficientemente, es decir ayuda, supervisa y orienta con precisión a sus colaboradores. Consecuentemente genera confianza. De forma que sus colaboradores y compañeros saben que pueden encontrar en él respaldo y orientación.
    • Es respetado por su sabiduría, su experiencia y su forma de interpretar la realidad. El verdadero líder averigua por qué suceden las cosas, dedica tiempo a analizar las circunstancias relevantes de cada desafío y  reflexiona en búsqueda de lo mejor para la organización con la mira puesta en el largo plazo. Es honesto, responsable y prudente. Acepta con tranquilidad los contratiempos que suceden en el devenir empresarial, generando tranquilidad y calma en su entorno. No se altera fácilmente.  Es moderado y tranquilo en sus comportamientos y en sus reacciones.
    • Es íntegro y no tolera la corrupción ni las corruptelas. Señala Marina (2013) que “una persona íntegra es la que sabe armonizar lo que dice con lo que hace, sus deseos con sus valores, su interés con el interés de los demás, su interior y su exterior, la economía con la ética, el poder con el respeto ”. En estos tiempos en los que la corrupción paree que lo invade todo creemos especialmente relevante enfatizar la importancia de contar con líderes íntegros que generan organizaciones sanas y libres de corrupción.
    • Es verdadero y humilde, justo y leal. Decimos que es verdadero porque se presenta y se comporta ante los demás sin caretas ni falsedades, sino tal y como es, con fortalezas y debilidades. Destaca por reconocer sus errores o puntos débiles. Y por tener en cuenta sus puntos flacos para rodearse de colaboradores complementarios y diversos a los que pide ayuda cuando es necesario. Ahora bien, es proclive hacia la superación y la mejora constante. Es autocrítico y reconoce el esfuerzo, los méritos y el compromiso de sus colaboradores. Y, finalmente, es humilde, sencillo. No se presenta ante los demás con orgullo y soberbia. Todo lo contrario reconoce que los éxitos son fruto del trabajo común y que su trabajo, el del líder, representa una pequeña parte de un todo mayor. Es consciente del poder que tiene y lo maneja con justicia, la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo, según decía Ulpiano. Es leal con su organización y con las personas, se puede confiar en él. Cumple sus promesas y mantiene los acuerdos. 
    • Ambiciona la consecución de fines elevados para la empresa, y para el entorno en el que desarrolla su actividad. Persigue transformar y mejorar, desde el sentido común, la realidad que le rodea. No ambiciona imposibles pero sí es consciente de las posibilidades que tiene a su alcance para conseguir resultados que pueden generar transformaciones notables en su entorno cercano, la empresa, y de manera indirecta en la sociedad y el entorno que le rodea. Pero todo ello lo hace con paciencia y perseverancia, Roma no se hizo en un día.
    • Destaca por ser agradecido y amable. Practica la buena costumbre de agradecer el trabajo bien hecho, el esfuerzo y la dedicación de sus colaboradores. Demuestra también amabilidad en cómo recibe y asume las instrucciones y consejos que le vienen dadas de superiores y colegas.  Corrige amablemente los errores, sabe cómo decir las cosas, sabe perdonar. No se obceca en las debilidades sino en las fortalezas de sus colaboradores y es a ellas a las que más tiempo dedica. Consigue, así, obtener lo mejor de cada uno. Es positivo, practica la cercanía de trato y un moderado sentido del humor por lo que contribuye a generar buenos ambientes de trabajo. En los que no está reñido el buen desempeño y los buenos resultados con los buenos momentos, la diversión y la amabilidad.
    • Finalmente es exigente consigo mismo, tiene valor y determinación. Trata de mejorar sus capacidades y competencias, se esfuerza por avanzar conceptualmente y también en el terreno de las actitudes. Es trabajador. Sus colaboradores le respetan por ello. Consecuentemente, cuenta con el valor y la determinación necesaria para asumir riesgos con moderación, para levantar barreras, para superar las zonas de confort, y para atreverse a superar los obstáculos e inconvenientes a los que constantemente se enfrenta el equipo y la organización en su devenir empresarial.

Por tanto, dirigir personas con criterio ético implica que el líder está investido de las siguientes cualidades: servicio a los demás y a la organización, sabiduría, integridad, humildad y justicia, ambición de transformar el entorno que le rodea, amabilidad, valor y determinación.

Luis Díaz Marcos.

 

En este artículo se habla de:
Opinión

¡Comparte este contenido en redes!

Este sitio utiliza cookies de terceros para medir y mejorar su experiencia.
Tu decides si las aceptas o rechazas:
Más información sobre Cookies