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En un reciente documento publicado por la consultora Bain & Company se dice que "si quieres que tus empleados se levanten todas las mañanas encantados de vender jabones, liga el producto, esa sopa, a una ambición transformadora, como puede ser la mejora de la salud pública o la reducción de la contaminación ambiental". 

Los niveles de motivación responden en cierta medida a las escala de las necesidades descritas por Maslow en su conocida pirámide, en la que desde la base en la que se encuentra la búsqueda del alimento básico y la cobertura fisiológica del organismo, subimos poco a poco hasta la cúspide que nos proporciona la auto realización como individuos, y es más, yo me atrevería a decir como individuos sociales.
Las empresas y organizaciones se orientan no solo a la producción de artículos para vender en un mercado de "cosas" donde el consumidor autómata solo busca la parte instrumental del objeto adquirido, sino que lejos de ello, valora las emociones que experimenta con aquello que compra, considera el modo en que fue realizado y el tipo de trabajo que hay detrás del proceso que ha llevado el producto hasta sus manos.
El talento en las empresas tiende a orientarse hacia misiones con sentido, como es lógico, no podemos olvidar la necesidad de trabajar en la sociedad actual, y si me apuran de trabajar en lo que sea para muchos cuya realidad se encuentra aún en la base de la pirámide. Sin embargo, conforme las necesidades básicas van siendo cubiertas ir  cada mañana al trabajo puede no ser suficiente para una vida plena si la misión no tiene un valor intrínseco de utilidad social, un objetivo de mejora medio ambiental o, dicho de otro modo, algo que nos distancie del Tio Gilito como patrón o modelo a perseguir. Aquello de la "codicia es buena" "Greed is good" en palabras de un Gordon Gekko de 1987 ha quedado trasnochado, muchos de sus seguidores desde entonces encarcelados, confundidos por su ambición, pero sobre todo, desorientados al no haber sabido diferenciar el instrumento (dinero) con la finalidad (el sentido de utilidad y mejora de la sociedad en aquello que hacemos).
La sostenibilidad y la responsabilidad social comienzan a ser motores de motivación en las empresas, una organización con sentido de utilidad social en sus fines, que persigue una mejora en la eficiencia energética y el medio ambiente y para ello recicla lo que puede, que conduce a sus trabajadores con criterios éticos, sin discriminación ni prácticas vergonzantes que lesionen sus derechos, que persigue la calidad y la utilidad de lo que produce para satisfacción de sus clientes es una empresa en la que los empleados querrán permanecer. Una empresa que además tenga la habilidad de unir su razón de ser a una visión de desarrollo sostenible hará que sus colaboradores tengan deseos de levantarse cada mañana para ir a trabajar.  

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