Hace unos días varias publicaciones se hacían eco de los resultados publicados en un informe del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social sobre la inserción laboral de las personas con discapacidad en España. El citado estudio revela que la tasa de paro del colectivo ha crecido en un 100% desde que comenzó la crisis económica en 2008 y la cifra de parados asciende hoy a 131.514 personas, lo que supone casi un 3% del total en el paro.
Esta, sin duda, es una pésima noticia que pone de manifiesto que este sector de la población no sólo sufre las consecuencias comunes de la crisis, sino que se ve doblemente afectado por el hecho de tener una discapacidad.
Aún así hay un dato que sorprende a primera vista en este documento, y es que en contra de lo que la mayoría de la gente pueda creer, el paro afecta en mayor medida (un 55 %) a hombres con discapacidad física. En general, la sociedad tendería a pensar que este perfil correspondería al de una mujer con una discapacidad psíquica o mental, normalmente aquellas que pueden generar más miedo entre los compañeros, entre los empresarios que tienen que decidir su contratación o entre los responsables de RRHH que deben confiar en que serán capaces de desarrollar las tareas que se les encomiendan. Sin embargo, los resultados demuestran que la sociedad está cambiando y que se ha confiado en este tipo de personas con capacidad productiva para llevar a cabo trabajos que se adecuan a su tipo de perfil.
En nuestro Centro Especial de Empleo, por ejemplo, llevamos años apostando por dar oportunidades al colectivo a través de una buena selección y adaptación al puesto de trabajo, así como de un seguimiento constante por parte de las Unidades de Apoyo a la Actividad Profesional (USAP), hasta el punto de que tenemos un 26% de trabajadores con discapacidad psíquica o mental, plenamente integrados en sus lugares de trabajo.
Parece pues, que ahora es el momento de reflexionar y ver que hay que redirigir los esfuerzos en ayudar al colectivo con la discapacidad que padece un índice más elevado de desempleo, para poder revertir esta situación.
Otra cifra de la que podemos extraer el lado más optimista es que este 2013 la inserción laboral de personas con discapacidad a través de los CEE ha subido en un 7,6% respecto al 2012, según el acumulado de contrataciones y fuentes de la Federación empresarial Española de Asociaciones de Centros especiales de Empleo (FEACEM). Esto refleja que a pesar de la crisis, este tipo de entidades siguen luchando para crear puestos de trabajo entre el colectivo y para que las empresas pierdan el miedo y sean responsables con el cumplimiento de la LISMI, además de concienciar a la sociedad, a trabajadores y trabajadoras, compañeros de trabajo, que una persona con discapacidad, por el solo hecho de que le haya costado el doble conseguir un trabajo, es capaz de darlo todo y más en su nuevo puesto de trabajo.
El reto de los CEE en estos últimos años para subsistir ha sido duro y costoso, ya que gracias a ellos se ha podido mantener la inserción laboral de las personas con discapacidad en España. Una figura que ha demostrado su eficacia, solvencia y capacidad para crear puestos de trabajo y sin la cual estos datos de los que hablamos hoy serían mucho peores. Es por ello que desde las administraciones se sigue creyendo en apoyar a este tipo de entidades.