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Los anglosajones utilizan una palabra, accountability, que no tiene una traducción clara en castellano, y que me permito traducir por rendir cuentas de algo. 

Forma parte de la Responsabilidad Social Corporativa, en el sentido de que se espera qué, a la hora de asumir todas las responsabilidades de la empresa por sus impactos en la sociedad, incluya también el dar cuenta de qué responsabilidades identifican y asumen, por qué las asumen (y por qué esas y no otras, a pesar de que se lo reclaman sus stakeholders), cómo han cumplido hasta ahora con esas responsabilidades, si consideran que eso es suficiente o no y por qué es suficiente o no (con argumentos como “bueno, no lo hacemos peor que otros, y no tenemos medios o tiempo para ir más lejos, al menos ahora, en un tiempo de crisis”, o “ya nos gustaría dedicarnos a esto, pero, lo sentimos mucho, no llegamos a todo, y vamos a concentrarnos en algo que ahora nos parece más importante, o más urgente”).

Y luego, claro, decir qué objetivos se fijan para el futuro, los medios que van a poner y cómo explicarán lo que van a hacer.

Sí, ya sé que todo esto es bien conocido. Pero me temo que algunas empresas limitan su rendición de cuentas a una memoria, más o menos detallada, de unos resultados, pero desconectados de un diagnóstico (qué estamos haciendo bien, qué estamos haciendo mal), una comparación (con un ideal, con lo que demanda la sociedad o con lo que hacen otras empresas), unos objetivos, un plan de acción y un plan de comunicación. ¿Que esto es demasiado exigente? A ver, piense otra vez lo que acaba de decir, porque a lo mejor refleja una falta de voluntad, o de planificación, o de ganas de mojarse.29#sthash.R9Upw9X0.dpuf

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