Desde los comienzos de la crisis financiera me preocupa la situación del sistema financiero español, europeo e internacional, y me refiero a la situación económica, social, política y ética. Me da la impresión de que la calidad de la dirección de esas instituciones es muy pobre, incluso desde el punto de vista técnico.
Y me temo que lo que está en el fondo de todo esto es la idea de que una institución financiera debe maximizar el beneficio, a costa de lo que sea. Luego los resultados son peores de lo que podrían ser con otra estrategia, pero el mal ya está hecho. “Hay que defender a los inversores”, “hay que gestionar el banco, o el fondo, o lo que sea, para maximizar el valor para el accionista”, “cuidado que esto no vaya a perjudicar la cotización de nuestras acciones en bolsa”. Y detrás de esto vienen todos los males de cabeza, en los que incurren las entidades financieras, una vez y otra.
Por ejemplo, hoy, 30 de julio, he curioseado la web del Financial Times para rastrear las noticias sobre entidades financieras en dificultades, no solo económicas, sino también legales y morales. Sin pararme a mirar muy a fondo, he encontrado todo esto:
Lamento este listado, pero no hay día en que la prensa internacional no recoja un buen número de desaguisados de las grandes entidades financieras globales. Y esto me lleva a dos conclusiones. Una: en España nos quejamos de nuestros banqueros, pero el problema es, me parece, global; por supuesto que hay banqueros honrados y bancos bien gestionados, pero el listado de malas prácticas generalizadas es, me parece muy largo. Y una consecuencia de esto es que debe haber muchos bancos con dificultades financieras grandes, aunque ocultas.
Dos: hay que revisar urgentemente el estado moral, regulatorio y político de esas instituciones. Mientras sigan pensando que lo que tienen que hacer esa maximizar los beneficios por encima de todo y que, para eso, todo vale, los problemas seguirán creciendo. A ellos, probablemente, les preocupa poco, porque esos elevados beneficios les permiten cubrir las pérdidas debidas a sus mismas malas conductas. En todo caso, los beneficios los reciben unos hoy, y las pérdidas las pagan otros, dentro de unos años.