Publicado el

Sí, la pregunta no es si la RSE es o no una moda. Está ya muy anclado en nuestro discurso, el de los que vivimos de, con y para la RSE, que no es una moda, que debe estar en el ADN de la empresa, que solo las empresas responsables sobrevivirán etc.

Pero como siempre pasa, la tragedia trae a las portadas nuevos temas estrella, que son generalmente temas universales, con un nuevo envoltorio; y la tragedia humana de Bangladesh ha traído a la primera plana algo tan obvio como es la ética en los negocios. Que una actividad sea estrictamente legal no la hace ética, eso podemos asumirlo como cierto.  Y si además es solo legal en un entorno en el que la garantía de derechos y deberes más básicos  "ni está ni se le espera", pues podemos asumir que no solo no es ético, sino que es muy probablemente una canallada. Y las consecuencias van apareciendo siguiendo los pasos de manual: opinión pública escandalizada, comunidad internacional que se pone a trabajar para que no vuelva a pasar, empresas que se echan las manos a la cabeza al comprobar que calcularon mal el riesgo que estaban asumiendo, etc.

Dejando a un lado la inmensa tragedia humana y social que ha supuesto el derrumbe de Dhaka, que no es el objeto de este artículo, cabe pensar ¿va a cambiar realmente algo? O ¿cambiará al menos lo suficiente?

Empecemos por los consumidores, que escandalizados como estamos todos, culpando a las grandes corporaciones de la esclavitud de sus trabajadores ¿llevamos después esa conciencia cuando vamos a comprar el bikini nuevo, el regalo para el hijo de una amiga o un nuevo traje para trabajar? Juegan aquí un papel muy importante las asimetrías de información. Se comentan tantas cosas de tantas empresas que es difícil conocer la implicación de cada marca y de cada corporación en la cadena de sucesos.

Y el tejido empresarial, ¿Qué pasa ahí? Las grandes firmas van a firmar (valga la redundancia) importantes acuerdos para promover mejoras laborales en Bangladesh -que hacen falta, sin duda- pero, ¿qué pasa con las pyme europeas, españolas, que han entrado en las mismas cadenas de suministro para poder competir con las grandes? Estas pyme no tiene apenas capacidad de negociación ni de presión, en la mayoría de los casos se han visto forzadas a entrar en esos mismo países para poder competir en un sector en el que los precios han caído en los últimos años, deslocalizando producciones, comprando más lejos y, salvo contadas excepciones, dejando de un lado el concepto de RSE "porque eso es para las grandes".  La paradoja es que otra de las líneas argumentales de la RSE, es la de la prevención de los riesgos reputacionales. Y en esta gran tragedia hemos visto como el riesgo reputacional es del sector, mucho más que de la empresa en particular. Y en cambio sólo las grandes firmas puede "compensar" el golpe a su reputación con comunicaciones sobre acuerdos y propósitos. ¿Quién protege la reputación de las pyme? ¿Qué pueden hacer éstas? Y, es más, ¿van estas grandes corporaciones a ayudar a las pequeñas a incorporar esos cambios necesarios en el sector? Sería buena idea, francamente.

Una de las protecciones que tienen a su alcance las pequeñas y medianas, es acogerse a iniciativas globales y sobre todo dejarse ayudar por los colectivos como ONG que conocen mejor que ellos las consecuencias de la deslocalización. Porque es creíble que el desconocimiento de esas consecuencias por parte de una mediana empresa sea conjugación de no tener el suficiente interés en saber, sumado al inmenso coste de saber. Pero eso no justifica descuidar el lado social de las decisiones estratégicas (la cara humana, al fin y al cabo). Y hay iniciativas muy diversas y con diferentes enfoques que pueden ayudar a estas entidades a salir de la estela de las grandes corporaciones y buscar su camino. Estas herramientas, como pueden ser abrir vías de negociación de precios sostenibles con los proveedores o acogerse a códigos de conducta sectoriales (algunas de ellas están recogidas en la Guía RSE para el Textil de la Xunta de Galicia) permiten a la pequeña y mediana empresa, acceder a mercados más baratos sin alimentar un sistema perverso de esclavitud del S.XXI. Y es que estas empresas tendrán que ir buscando también su propia responsabilidad social y no hacer la RSE de las grandes en versión pequeña, porque eso no funciona. Ojalá sean estas pequeñas las que les puedan enseñar, a las grandes, cómo hay que hacer las cosas para evitar tragedias como la del mes pasado en Bangladesh.

Noemia Mateo

@AdaptaRSE 

Directora de AdaptaRSE soluciones

En este artículo se habla de:
Opinión

¡Comparte este contenido en redes!

Este sitio utiliza cookies de terceros para medir y mejorar su experiencia.
Tu decides si las aceptas o rechazas:
Más información sobre Cookies