En estos tiempos de crisis económica y social, la “innovación” se está convirtiendo en una palabra de moda. Una y otra vez se apela a ella como remedio para superar las dificultades que atravesamos.
Tanto es así, que ha traspasado su tradicional vinculación con la esfera tecnológica, para ser de uso común en el ámbito político, en el económico y, más recientemente, en el social.
Es cierto que hay argumentos incontestables sobre la importancia que la innovación representa en el desarrollo socioeconómico y en el éxito de muchas organizaciones. Sin embargo, se sabe todavía relativamente poco sobre cómo se produce, y la fórmula de su promoción sigue siendo un enigma. Como señalan Minelli y Harris, la innovación es al mismo tiempo una historia de “nobles fallos” y de “éxitos inesperados” (Mainelli, M.; Harris I.; 2011).
Su gran carga simbólica de esperanza despierta una fe y una admiración crecientes que llega a convertir a la innovación en la razón y causa de casi todo. Si el futuro es la innovación y tú o tu organización, o ambos, estáis en crisis, es porque en el pasado no hicisteis una apuesta realmente decidida por ella. Y si lo intentasteis y no habéis salido adelante, todavía habrá que seguir persistiendo, con más fuerza si cabe.
La innovación es, además, un termino muy amplio, una palabra “de amplio espectro”. Por eso sus prescriptores le asignan decenas de calificativos. Ciñéndonos al ámbito de lo social, encontramos una nueva jungla de términos relacionados con la innovación que pugnan por ganar su espacio entre académicos y profesionales del sector: innovación social, innovación para el desarrollo humano, innovación abierta, cocreación, emprendimiento social, por citar solo algunos.
Pero no todas las organizaciones tienen por qué estar guiadas por una tensión constante hacia el cambio y la reinvención. Cuando se trabaja en entornos complejos y con escasos recursos –como sucede en el ámbito de la lucha contra la pobreza-, lo realmente innovador es que algo funcione introduciendo mejoras sostenibles en la vida de las personas y, cuando esto sucede, hay que tener muy buenas razones para cambiar. Por supuesto, esto no significa que no haya que fomentar el espíritu de mejora. Significa que la innovación es instrumental, y no un fin en sí misma.
En definitiva, hay mucho “ruido” alrededor de la innovación. Existe el riesgo de crear una burbuja de conceptos y, sobre todo, de exageradas expectativas que podrían frenar antes de tiempo el potencial que, a nuestro juicio, sí existe cuando se trata de orientar talento e ingenio a la resolución de problemas sociales y ambientales de manera más original, eficaz y eficiente. Es más, en las circunstancias actuales, el futuro del planeta depende de nuestra capacidad para que las trayectorias de la ciencia y la innovación se orienten decididamente hacia la sostenibilidad.
ONGAWA y el Centro de Innovación en Tecnologías para el Desarrollo Humano de la UPM (itdUPM) compartimos un marco de trabajo para potenciar la innovación en un terreno de especial interés para ambos: la mejora de la calidad y la accesibilidad de los servicios básicos de base tecnológica (tales como agua, energías, comunicaciones o habitabilidad) dirigidos a las comunidades más vulnerables.
Somos conscientes de que la innovación relacionada con la prestación de servicios básicos es mucho más que la generación de una idea o una solución tecnológica aislada. Pongamos un ejemplo: una aplicación sobre telefonía para abaratar la gestión del cobro del recibo de la luz en zonas rurales es una buena idea, una invención prometedora. Pero para que se convierta en una innovación al servicio del desarrollo humano, esta invencióntiene que aplicarse en un contexto social determinado, y demostrar su viabilidad técnica, económica y social. Dicho en términos estrictamente económicos, tiene que pasar la prueba del mercado, lo cual es, casi siempre, lo más difícil.
Creemos, a partir de nuestra experiencia, que la colaboración entre múltiples actores (emprendedores, empresas, administraciones, organizaciones sociales, universidades y centros de investigación, inversores,…) constituye un factor decisivo para acelerar el complejo proceso que va desde la generación de nuevas ideas hasta la mejora de los servicios.
El próximo día 26 de febrero, ONGAWA y el Centro de Innovación en Tecnologías para el Desarrollo Humano de la UPM (itdUPM) vamos a reunir en una sesión de trabajo (La Cooperación al Desarrollo Innova) a un amplio grupo de organizaciones y expertos del ámbito de la cooperación española, quienes expondrán sus experiencias concretas de innovación tecnológica y organizativa en la prestación de servicios básicos.
Eduardo Sánchez. ONGAWA, Ingeniería para el Desarrollo Humano.
Carlos Mataix. Centro de Innovación en Tecnologías para el Desarrollo Humano de la UPM (itdUPM)