Hace unos años los expertos estaban de acuerdo en la naturaleza de la crisis iniciada en Wall-Street, que tras la quiebra del banco “Lehman Brothers” en EE.UU-agosto del 2008- sus efectos se trasladaron al sistema financiero internacional y a las economías del mundo con distintos grados territoriales y sectoriales de incidencia, que en algunos casos como en el sector inmobiliario español, acentuó su dimensión y efectos.
En la primavera siguiente, el 2 de abril del 2009 tuvo lugar la cumbre del G-20 en Londres, su Declaración final es accesible vía Internet.
No había dudas al respecto, se trataba de una crisis fraudulenta en el sistema financiero mundial y voces muy significadas, también desde sensibilidades políticas conservadoras, pedían la reforma del sistema capitalista imperante.
Al día siguiente de la Cumbre, los medios de comunicación del planeta reiteraban la siguiente noticia: “Obama que concurrió a la cumbre patrocinando un nuevo capitalismo prudente e igualitario, avisa al G-20 de que la era de la irresponsabilidad ha terminado”. Por su parte el primer ministro británico, Gordon Brown sentenciaba “éste es el final del consenso de Washington”.
La cumbre de Londres asumió la idea verbalizada por el propio presidente de EE.UU de que se iniciaba una era de responsabilidad en la que no se permitirían más abusos financieros.
De abusos financieros había tratado la economista británica George Strange en su libro “Capitalismo de Casino”, alertando a la opinión pública sobre las graves consecuencias de prácticas “trileras” y productos financieros tóxicos y fraudulentos, de la corrupción política y del lavado de dinero.
En octubre del 2008 el insigne premio Nobel de economía el profesor Paul Samuelson dejó escrito: “En el fondo de este caos financiero, el peor en un siglo, encontramos el capitalismo libertario del laissez-faire que predicaban Milton Friedman y Friedrich Hayek, al que se permitió desbocarse sin reglamentación. Ésta es la fuente primaria de nuestros problemas de hoy. Hoy estos dos hombres están muertos, pero sus envenenados legados perduran”. (articulo: “Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek”)
El conocido “pensamiento único” con su exigencia de anulación de normas y reglamentaciones, y debilitamiento de los estados hasta la anorexia; dogma de los fundamentalistas de mercado (“La farsa neoliberal” Juan Fco. Martín Seco. Ed. Temas de hoy1995) practicado por Regan, Thatcher, Busch, Berlusconi, y demás “neocons” y “ultraliberales” como los que sostienen a Merkel, cuya versión española, gobierno del PP presidido por Aznar y vicepresidido por Rato en el año 1998, aprobó una Ley del Suelo que declaraba urbanizable la práctica totalidad del suelo rústico, génesis de la burbuja inmobiliaria, recibió en Londres un fuerte varapalo. El “fortalecimiento de la regulación y la supervisión como promotoras del decoro, la integridad y la transparencia”, fue asumida por la Cumbre del G-20 y recogida en su Declaración 14.
Precisamente la falta de responsabilidad, de decoro, de integridad y de transparencia ha venido otorgando vía libre y carta de naturaleza a las prácticas corruptas y al enriquecimiento fraudulento y forma parte de los procesos de corrupción, de las estafas y de las crisis, ocurridas en la España de Gescartera, Forum Filatelico, Afinsa, Rumasa, participaciones preferentes, caso Gürtell, ERES andaluces, “pactos” en Cataluña, corrupción de miembros de gobiernos del PP en Valencia, Galicia y Baleares (40 excargos públicos condenados, tres de ellos en prisión con sentencia firme) casos Bankia y demás entidades de ahorro.
Sus consecuencias: “rescates bancarios”, caída del PIB, destrucción masiva de riqueza, desaparición de empresas, eliminación de puestos de trabajo, ruina de empresarios, de trabajadores y de ahorradores, han generado unos costes de dimensiones colosales, que algún día se podrá relacionar con una cifra de unidades monetarias que sin duda será abrumadora. Sin olvidar los daños consecuentes a la pérdida de fé y de la confianza, del sufrimiento y la desesperación, de tantas personas cumplidoras e inocentes. Estos daños que en ocasiones incluso suponen perdidas de vidas humanas, son infinitamente mayores, tanto, que su cálculo será imposible porque quedan muy por encima de cualquier valoración contable.
La falta de responsabilidad, la falta de decoro, de integridad y de transparencia que caracteriza al capitalismo de casino o capitalismo salvaje, fue condenada en la Cumbre de Londres por las primeras autoridades en representación de los ciudadanos de los 20 estados más relevantes, por ello es de justicia que también sean condenados directamente, por una sólida mayoría ciudadana, en cada proceso electoral que se celebre en el planeta.
Actualmente el capitalismo depravado albacea del “legado envenenado” denunciado por el profesor Samuelson, – politicamente centrista-, no tiene otra justificación para su existencia que el descaro, la mentira y la falta de transparencia, como único y exclusivo plan de gestión. Los resultados de última hora están a la vista, en estados de la U. E. y en la propia España de los recortes injustos e insolidários, del deterioro, desmantelamiento y entrega a corporaciones mercantiles con avaricioso ánimo de lucro de los servicios ciudadanos, sociales, educativos y sanitarios, sin atender las opiniones de rechazo expresadas en actos públicos y multitudinarias manifestaciones organizadas por los movimientos ciudadanos, sin contar tampoco con el mínimo consenso moralmente exigible en democracia de carácter político, sindical o colegial. En esta España, del paro desbordado, la corrupción y el empobrecimiento desde la población más vulnerable, hasta niveles de su clase media, que además de sufrir el grave deterioro de su cohesión social, también queda gravemente herida en la credibilidad de su sistema democrático cuya eficiencia para construir, bienestar y progreso, aunque todo sea mejorable, con razón no puede negarse.
Ójala y acertemos a unir nuestras manos para el restablecimiento y recuperación vital de la decencia y la economía social de mercado de acuerdo al paradigma de la Responsabilidad Social y del Desarrollo Sostenible, que buena falta nos hace a todos: hombres, mujeres, empresarios, trabajadores, religiosos, laicos, jóvenes y veteranos.