Con frecuencia las palabras, como cualquier otra herramienta inventada por el hombre, de tanto usarlas toman una consistencia difusa y pierden parte del sentido práctico por el que fueron inventadas, tanto unas como otras, se vuelven quebradizas.
Esa es la sensación que hoy tenemos con la sostenibilidad, asociada en principio a postulados exclusivos en materia de medio ambiente primero y tomada como apellido de casi todo lo imaginable después para tratar de expresar lo conveniente en materia de empresa, gobierno, construcción urbanística, educación, sanidad y un largo etcétera. De repente, hemos descubierto que todo debería ser sostenible, y quizá sea lo más apropiado, siempre que los términos no acaben por abarcar más de lo que tiene un sentido esencial
El observatorio de la sostenibilidad en España, acaba de publicar su informe 2012, con más de 300 páginas en esta edición y que ya está disponible en www.sostenibilidad-es.org, muy recomendable para tener una idea clara del estado de la cuestión en nuestro país.
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