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Mi amigo Julio, que es argentino y universal, no sabe que decirme cuando le hablo de la Tangoterapia. "Sos  un iluminado", murmura, "el tango, además de lo que representa en el mundo y en la historia de la musica, es una filosofía, no una medicina". 

No se cree que, segun me cuentan, la tangoterapia sea una alternativa terapeutica, relativamente extendida en la Argentina, que usa todas las manifestaciones del tango con la finalidad -eso dicen sus gurus y seguidores, y así lo proclaman en sus congresos- de promover la salud física, psicoemocional y espiritual, logrando la integracion social, el bienestar, el desarrollo armonico y una mejor calidad de vida. Probablemente Julio tiene razón, pero un extranjero (lo sigo siendo aunque haya visitado treinta y tantas veces un país que amo profundamente) tiene que buscar en las medicinas "alternativas" la cura de su desazón para poder entender lo que esta pasando ahora en la Argentina, cuando florece su hermosa primavera austral.Hace sólo once meses la contundente victoria electoral de Cristina Kirchner había relajado la tensión social y la gente parecía esperanzada. Los argentinos, escribí entonces tras una visita larga a Buenos Aires y Rosario, pareciera como sí se hubieran puesto de acuerdo en, precisamente, ponerse de acuerdo, algo que no es -tampoco lo era entonces- baladí. Desafortunadamente, me equivoque/equivocaron, o al menos eso es lo que me reprochan todas las personas con las que hablo en esta nueva visita, plagada de encuentros y conferencias en diferentes universidades, y de conversaciones con intelectuales, periodistas, empresarios, sindicalistas y gentes de toda clase y condición, y de diferentes credos políticos, la mayoría, hoy por hoy, anti K, todo hay que decirlo, aunque algunos votaran por Cristina hace menos de un año. Pero ha percepción ha cambiado, y mucho.

Estamos ahora, me cuentan resignados, en boca de todo el mundo por cosas negativas: la amenaza de tarjeta roja del FMI, que no se cree los datos estadísticos que publica el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec), acusado de adulterar los índices  oficiales de inflación y crecimiento, y de "esconder" a más de cinco millones de pobres en la población urbana del país; nadie entiende los coqueteos diplomáticos con Angola e Irán y menos aún las disputas del gobierno con los medios de comunicacion y en particular con Clarin; estamos expectantes por la investigación judicial al todopoderoso secretario de Comercio, Guillermo Moreno, por presuntas amenazas e intimidación a una despachante de aduanas; las permanentes e inexplicables dificultades para obtener dólares son el pan nuestro de cada día y, como denuncia el periódico La Nación a propósito de un requerimiento de información a residentes en barrios privados, "la intromisión del gobierno en la vida cotidiana de los ciudadanos excede peligrosamente la labor de una agencia recaudatoria de un país democrático". La economía está cada día más dirigida y sujeta a bandazos permanentes, y eso que el entorno macro favorece al país porque la soja sigue siendo una especie de vellocino de oro y, precisamente por eso, la balanza comercial tiene un claro superávit en estos primeros nueve meses del 2012. El paro no crece pero -digan lo que digan- la inflación si, aunque a eso ya estamos acostumbrados y el índice de precios es una materia que conocemos bien.

Los argentinos se duelen de que la corrupción se ha instalado entre ellos, destrozando poco a poco el propio tejido social. En el ultimo estudio sobre la percepción de la corrupción a nivel mundial, Argentina aparece en el puesto 100 de un total de 182 países, con una calificación de claro suspenso (3.0) y a la altura de Burkina Faso o Gabón. El ultimo informe del Foro Económico Mundial sobre competitividad sitúa a Argentina en el puesto 85 de 142 y, finalmente, Argentina tampoco figura entre los cincuenta líderes mundiales de innovación y se conforma con un discreto puesto 70; el vecino Chile, por ejemplo, ocupa el 39 y, claro, eso escuece. Parece como sí los gobernantes, en lugar de pensar en las próximas generaciones, sólo estuvieran pendientes de las próximas elecciones, olvidándose -entre otras muchas- de las necesarias inversiones en calidad educativa, ciencia y tecnología.

Afortunadamente, como desde hace ya muchos años, los empresarios siguen trabajando en silencio y las Universidades se afanan (conozco bien el ejemplar trabajo de algunas Facultades de la UTN y la UBA, por ejemplo) en formar y, sobre todo, en educar a los estudiantes tratando de imbuirlos en valores como la transparencia (la mejor vacuna contra la corrupción) y la cultura del trabajo y la decencia. Los ciudadanos son conscientes de que hay que levar las anclas que todavía los atan al pasado y tienen la certeza de que sólo desde la educación y el compromiso común es posible crecer y desarrollarse como nación, y como ademas los argentinos son soñadores también están seguros de qué, en un futuro no muy lejano, como escribiera Borges en el prólogo de uno de sus cuentos,  algún día se merecerán no tener gobernantes.

@jalmagro

 juanjose.almagro@gmail.com

 

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