Al empezar cualquier proyecto debemos tener claros los objetivos que perseguimos y éstos se dibujan desde nuestro esquema mental heredado.
El esquema mental, los valores, las normas de juego suelen ser repeticiones del gran modelo establecido así que vamos perpetuando la misma manera de hacer las cosas que aunque no sean satisfactorias para todo el mundo, incluso siendo nocivas son las que conocemos y movernos en nuestro campo de acción conocido es lo más cómodo. Sólo hacemos el esfuerzo de romper el modelo y buscar otros caminos si la situación es irrespirable.
Los cambios no deben posponerse tanto porque llevan a una muerte lenta aunque dulce. Retrasar la acción es cronificar cada vez más la situación, la realidad.
La introducción escrita hasta ahora veo que puede valer cuando pensamos en montar una empresa, para situaciones de nuestra vida personal...y para esta CRISIS que nos hemos autoimpuesto.
Así pues el cambio debe ser también personal, desde cada uno/a empezar a hacer el ejercicio de imaginar otra manera de hacer las cosas, es el primer paso para hacer posibles un cambio a nivel global.
Alimentar el sistema capitalista es perpetuar una sociedad que tiene como objetivo el consumo ilimitado para generar beneficios. Se basa en la desigualdad, en la insolidaridad, en la irresponsabilidad social.
Pensamos que lo establecido es lo correcto porque sencillamente es lo que se ha hecho siempre, nos cuesta cambiar esas costumbres, normas, valores que nos han acompañado desde la niñez y que reproducimos ante nuestros hijos e hijas aunque no estemos de acuerdo con ello. La fuerza de la mayoría es enorme y el peso de la moral establecida se encarga -desde la culpa- de hacernos seguir en el redil.
¡Todo bajo control!
Ante una situación como la que estamos atravesando y en nombre de una crisis que el mismo sistema provoca, estamos recolocándolo todo para que no cambie nada.
Para poder hacer estas maniobras nos interesa una masa de gente con pocas luces, no sea que se pongan a pensar y vean otras opciones, y nos viene bien recortar en educación, encareciéndola. Recortar en cultura, hacer que la gente esté preocupada por trabajar y que deba trabajar mucho para sobrevivir porque el ocio bien entendido no deja de ser cultura.
Miedo, culpa, sacrificio...herramientas para el control que ejercemos desde la misma familia, desde los medios de comunicación, desde la escuela...
Pero la crisis, por otra parte, es también un buen momento para que nuevas opciones se puedan dibujar y escuchando a Chritian Felber y su teoría de la Economía del Bien Común casi que respiras con alivio al comprobar que otras alternativas existen y ves además que están basadas en la responsabilidad social.
Y como decía al principio se trata de cambiar el paraguas dentro del que nos cobijamos. Si basamos el concepto de éxito en términos de dinero, no cambiará nada.
La crisis, como ya se ha dicho, va más allá de lo económico y se trata de una crisis de valores profunda. Si los valores que hasta ahora hemos tenido como correctos no nos han llevado al bienestar de todos y todas, a la felicidad, a la igualdad...tenemos que revisarlos y urge hacerlo.