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Llevo unos días leyendo artículos relacionados con la Responsabilidad Social Individual (RSI), cosa que me alegra al saber que ya puedo dejar de sentirme como la predicadora en el desierto.

 El último, el de @tonyvives en el cual nos dice que “Pareciera que la discusión sobre el papel de la responsabilidad individual en la responsabilidad social de la empresa se esta poniendo de moda”, acompañado de reflexiones interesantes que cualquier mortal puede compartir con un mínimo de sentido común.

 Cuando leí este primer párrafo que abre su post, surgió una carcajada sonora de mi boca. ¿Moda? ¿Para quién? ¿Desde cuándo? ¿Sobre la RSI? Pero si ni tan solo la RSE está de moda!

 Por más que nos empeñemos a pronunciar la palabra moda, no es así.

Quizá deberíamos empezar a practicar un ejercicio de contricción y humildad. Sandro Rey, la colección primavera-verano de Mango o los finalistas de “Quién quiere casarse con mi hijo” están de moda… pero… la RSI? Vamos, hombre!

 Y ese sí que es un problema. La distancia de los que se sienten por encima del bien y del mal, o entre el mundo académico y profesional del mundo real. La gran masa de personas que desconocen los conceptos, y a quiénes se les exime de sus prácticas. Hasta que no salga en los libros de texto no podremos osar a afirmar tal cosa: que la RSI (o RSE, o RSC o RSO, o RSA) está de moda.

 Lo que sí que tengo claro es que este es el momento histórico para hablar de RSI –o de valores individuales- (muy a pesar de los puristas que insisten cansinamente que esto no es suficiente para la RSE). Suficiente quizá no, pero básico y prioritario: SI.

 Hemos construido la casa por el tejado. Y así nos va. Ahora, cualquier edificio está en peligro de derrumbarse. Pero nunca es tarde para rectificar. Y todo, repito todo, empieza y acaba por las decisiones que toma el ser humano. Todos los seres humanos.

 Y es que cuando hablamos de RSI y moda, deberíamos empezar a pensar en aquel matrimonio jubilado que invierte sus ahorros en el fondo de inversión que le de “más”.  Hasta que esas personas no tomen consciencia de su corresponsabilidad en la situación que afecta a sus hijos o a sus nietos, difícilmente pondrán sus “valores en venta”.

 

 

 

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